No teníamos mediocentro. Estaba, a veces, Edwin Valencia, pero aunque por perfil era el que mejor se ajustaba, sus deficiencias técnicas y de ritmo eran notorias; sí, estaba también Carlos Sánchez, pero era un Carlos Sánchez inmaduro, de fútbol de artificio y lagunas de concentración e intensidad que volvían de cartón su apelativo de Roca. A veces estaba por ahí Álex Mejía, lugarteniente de Osorio al que se le veían y se le ven todas las costuras fuera del sistema mágico del entrenador de Santa Rosa de Cabal. Ahí Pékerman llegó a probar muchas cosas, pero al final el mediocentro de Colombia siempre fue el mismo: Zúñiga, escorado a la derecha, y el que escoltaba a Aguilar en la base de la jugada era un arma arrojadiza defensiva.

Fue Carlos Sánchez quien más destacó así. Los partidos más míticos de su carrera los jugó así: como si fuesen los 80’s, con chaqueta renegada, lentes oscuros, pantalón y botas de cuero, todo a juego con su ‘african look’. Sánchez destacó como nunca cuando Pékerman le pidió que no cuidara una zona sino que se enfocara en un hombre: Messi, Neymar, Yaya Touré. Así se volvió, de verdad, rocoso. Supo ejercer marcas al hombre sin descuidar su zona prometida. A los tres los secó todo lo que se puede secar a tres futbolistas tan capaces.

Uno de los mejores partidos de la carrera de Sánchez fue, precisamente, ante Brasil el año pasado

Sin Zúñiga, sin embargo, la necesidad de un mediocentro de verdad se hizo imperante y ahí aparecieron los sub-23 y Daniel Torres. Este último, con sombrero de copa y monóculo, se hizo con el puesto. Elegante, imperial y simple, dio por fin a Colombia el eje que siempre buscó por delante de la defensa. Y ante Venezuela, parece que por fin quedó solucionado su problema de afinidad con Sánchez. Madurez, que le dicen. Pero ante Brasil no jugará y las dudas emergen.

Sería normal pensar que el marcaje de Sánchez a Neymar es un valor seguro. Ahí Colombia ha logrado disminuir la influencia del crack brasileño; no obstante, sin Torres, la situación cambia. Pékerman deberá decidir si confía en la nueva madurez futbolística del centrocampista de la Fiorentina, que lo convierte en un mediocentro válido como jefe de una transición defensiva, o si lo enfoca a la estrella rival. Cada opción viene condicionada por lo que Pékerman crea más importante: alimentar a James o parar a Neymar.

Las alternativas que baraja Pékerman para suplir la ausencia de Torres son Wilmar Barrios, Stefan Medina, Sebastián Pérez y Guillermo Celis

Y de ahí las opciones. Medina y Barrios significarían el punto medio. Por condiciones técnicas, serían importantes a nivel defensivo, y su fútbol podría ser el que James requería muchísimo sin Macnelly a su lado, pero que aun con el barranquillero por ahí todavía necesita. Pérez es jugársela a lo que pasó ante Ecuador, cuando el paisa revoloteó sobre el 10. Celis es pensar en su obediencia, su capacidad para meter el pie y para ir al costado, virtud que comparte con Torres y que para defender a Neymar se antoja importantísima toda vez que el brasileño parta desde la banda izquierda. Sea cual sea la elección del argentino, Colombia jugará ante Brasil debilitada. Una fortaleza no es lo mismo sin Torres.

One comment

  1. Gran artículo, Kun.

    Yo claro que coincido contigo en que la ausencia de Torres va a afectar a Colombia. Pero, en cambio, sí me parece que puede salir algo muy bueno pensando en Torres. Sobre todo si Stefan Medina o Guillermo Celis dan un salto en la selección esta noche (no digo que Wilmar Barrios no tenga opción de ser titular, pero un salto de él más o menos consagratorio lo veo más lejano que el de los dos primeros).

    Me explico: Torres ha ganado una jerarquía en la selección muy merecida, por supuesto, pero para mí eso puede ser un arma de doble filo. La Copa Centenario que se marcó fue tremenda, sí. Seguramente estuvo a la altura de James y Ospina. Pero también pienso en algunas desatenciones que mostró por momentos y no dejo de preocuparme. No es normal burlar fácilmente un mediocampo con Daniel Torres, que fue lo que pasó por momentos. De hecho esos errores costaron caro.

    ¿El problema es que Daniel Torres juega mejor solo que acompañado? Es cierto que se siente cómodo abarcando muchos metros, pero no por eso está condenado a perderse si debe compartir la primera línea del medio. De hecho su primer partido en la absoluta, su debut consagratorio, fue en un trivote. Vigiló las diagonales de Alexis Sánchez, le obstruyó las líneas de pase a Valdivia y corrigió los destiempos de Carlos Sánchez y Cristian Zapata. Dejó claro que no importa si lo acompañas con muchos; si quienes lo rodean tienden al error, él juega mejor. Sobrevivió en la zona más conflictiva del partido y supo sufrir.

    Yo creo que aquí está la clave de todo. Daniel Torres es un jugador profundamente relacionado con el sufrimiento. Cada vez que se sienta más titular que el propio Carlos Sánchez, va a olvidar su mejor versión. Así es él: si le quitas agonía, se introvierte.

    Esto lo digo pensando también en el Torres del DIM. Seguramente Leonel Álvarez no haya mimado a nadie tanto como a Torres. Y cuando le pedía que hiciera de Freddy Rincón en Corinthians, Torres olvidaba esas cosas que lo hacían ser él: desatendía su espalda, dejaba de incrustarse entre centrales (cosa que hace muy bien y que seguramente le valió el llamado a la selección porque es lo que caracteriza al mediocentro marca Pekerman).

    Todo esto lo digo pensando en el jugador. A nivel de club, no dudo en que tomó una buen decisión, pues en Alavés la amenaza constante del descenso va a sacar lo mejor de él. Tampoco digo que menos mal lo vamos a perder hoy, porque justo en partidos como estos él se multiplica. Mi hipótesis es que un salto de Medina o Celis esta noche puede venirle muy bien a Daniel Torres.

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