Las circunstancias se han dado para que el plantel sea joven. Yo no miro edad, miro calidad, talento y presente» – Rafael Dudamel

El nuevo milenio cambió muchas cosas en el fútbol sudamericano. Todo comenzó a igualarse y hoy Ecuador es colíder de las eliminatorias sudamericanas a Rusia 2018. El seleccionado vecino clasificó para su primer mundial en el proceso clasificatorio a Corea y Japón 2002, convirtiéndose así en el noveno equipo sudamericano en acceder al torneo orbital. En esas mismas eliminatorias, el seleccionado que todavía no ha tenido el honor, Venezuela, despertó, dejó de ser cenicienta y vive con la esperanza plausible de llegar a una cita mundialista. El proceso comenzó hace tres lustros y hoy vive su momento más ilusionante.

Para conocer cómo ha sido ese proceso y qué es la Venezuela actual, citamos a Luis Revilla, periodista venezolano, y esto fue lo que salió de esa charla.

LA ERA RICHARD PÁEZ: EL INICIO DE TODO

– Luis, tres puntos en las eliminatorias a Francia 98′, dieciséis en las de 2002, dieciocho en las de 2006, veintidós en las de 2010 y veinte pero siendo sextos en las eliminatorias al mundial de 2014. El crecimiento de Venezuela en el panorama futbolístico sudamericano y mundial ha sido latente y continuo, con un marcado punto de inflexión ocurrido en esos cuatro años de travesía a Korea y Japón. ¿Qué pasó en esos años?

En enero de 2001 la Federación Venezolana de Fútbol designó a Richard Páez como director técnico de la selección mayor. Él es el principal responsable de ese claro punto de inflexión que identificas en las eliminatorias hacia el Mundial 2002, de 3 a 16 puntos.

Venezuela perdía siempre, Páez demostró, no porque sus jugadores fueran tan malos como para que eso ocurriera, sino porque el equipo tenía asumido que perdería cada vez que jugaba.

Páez introdujo la ambición por ganar. Casi en forma de exigencia. Y el país completo le imitó. Jugadores y fanáticos.
¿Cómo convenció Páez al país de que su equipo de fútbol podía ganar (y por lo tanto ir un Mundial, esa gran fiesta)?

Con resultados. Los obtuvo justo cuando los necesitaba para no ser despedido. Páez asumió en enero de 2001 y perdió todos sus partidos menos uno, que empató aunque lo ganaba 2-0 al 85, contra Colombia.

Hasta que el 14 de agosto de 2001, Venezuela le ganó a Uruguay. Luego a Chile en Chile (primera victoria como visitantes en eliminatorias). Luego a Perú y luego a Paraguay.

Cuatro victorias consecutivas en tres meses. Más triunfos que en los 36 años previos de competiciones oficiales.

A esa racha y el fanatismo que despertó se le bautizó como el «Boom Vinotinto»

– Más allá de esa cultura competitiva, Páez también comenzó un proceso de renovación. Por ejemplo, antes de él Arango ya hacía parte de las convocatorias, pero es con Páez que se asienta como titular. ¿De dónde salió esa generación de futbolistas que Páez dirigió entre 2001 y 2007?

Esa generación es un producto orgánico del fútbol venezolano, que hasta entonces no era más que un nicho. Los niños en Venezuela preferían el béisbol, pero estos venían de lugares Mérida, San Cristóbal o Ciudad Guayana, focos donde el fútbol era más popular, o eran descendientes de europeos.

En el torneo pre-Olímpico de Mar del Plata 1996 y el Sudamericano Sub-20 de Chile 1997, esta generación en cuestión dio avisos bastante serios sobre el salto competitivo que venía. Richard Páez fue quien lo hizo efectivo a nivel mayor, algunos años después.

– El 2-2 con Colombia en el segundo partido oficial de Páez debió haber sido una gran sorpresa. De este lado de la frontera lo fue. Venezuela venía de ser vapuleada por Argentina y después fue goleada por Bolivia. ¿Qué hubo de distinto ese día?

Aquella actuación contra Colombia fue, ciertamente, una sorpresa. Debe considerarse una «precuela» del famoso «Boom» que vino algunos meses después.

Haber desperdiciado dos goles de ventaja en los minutos finales dejó un sabor muy amargo, pero el mero hecho de haber conseguido dicha ventaja no fue ignorado por el mundillo del fútbol venezolano. La cosa prometía, a su manera, y Arango –golazo ese día– era muy joven y muy bueno.

– Y, para colmo, ese ‘Boom Vinotinto’ desemboca en la Copa América de 2007; la mejor actuación histórica del fútbol venezolano hasta entonces. Debió causar furor. ¿Se notó un cambio cultural en la manera en la que se veía el fútbol a partir de esa fecha? Los niños y adolescentes de entonces son hoy los futbolista de la absoluta.

Culturalmente, la Copa América tiene un impacto relativamente menor.

Son el ‘Boom’ de 2001 (deportivo, mediático) y los resultados que le suceden rumbo a Alemania 2006 (victorias históricas en Barranquilla y Montevideo, remontada milagrosa contra Bolivia) los que convencen a los niños venezolanos de jugar más fútbol que béisbol. La idea de jugar el Mundial era demasiado poderosa.

Aquella Copa América, con sus impresionantes estadios, y la, digamos, convivencia por un mes con jugadorazos como Messi, Riquelme, Dani Alves, Forlán, fue más leña al fuego, pero para ese momento el fenómeno cultural tenía años en marcha y era irreversible.

De hecho, para el año 2007 el país se había vuelto tan exigente con su selección, que la decepción de ser goleados en cuartos contra Uruguay fue mayor que la alegría por haber llegado a cuartos por primera vez. «En casa hay que ganar».

– Tras ese 4-1, Páez sigue al mando de la selección, pero sale en noviembre de ese año tras perder con una pobrísima Colombia y ganar 5-3 a una también muy pobre Bolivia. ¿Por qué se da ese cierre al ciclo de Páez, con tanto por recorrer en la Eliminatoria?

Desgaste con el entorno. Antes de Páez, la selección ni siquiera tenía «entorno». Tenía, en cualquier caso, un entourage, no un país atento a cada paso que daba.

Pero cuando Venezuela ganó cuatro partidos seguidos a finales de 2001, patrocinantes, medios de comunicación y fanáticos hicieron un cálculo, digamos, lineal: ‘empezaremos las próximas eliminatorias como terminamos estas, y por lo tanto iremos al Mundial’.

Alemania 2006 se convirtió en una obsesión. No solo parecía posible sino lógico. Y ese fue el mindset con el que millones de fanáticos adoptaron a la selección. Nos toca. Vamos a Alemania. Vamos a Sudáfrica. Vamos a Brasil, es ahora o nunca.

– ¿Páez dejó algún legado identitario al estilo de Maturana en Colombia o Bielsa en Chile? ¿Ya se sabe qué es jugar ‘a la venezolana’? ¿Importa?

Páez tenía una forma ostensible de sentir el fútbol y su equipo la reflejaba sobre el campo. «Se quieren parecer a Brasil» describió a la perfección Luis Aragonés en 2004.

Sin embargo, esa manera de sentir el juego no se institucionalizó en la selección. Su sucesor, de hecho, implementó una visión prácticamente contraria del juego para seguir compitiendo y alcanzar nuevas cotas.

Tácticamente, no se sabe todavía lo que es jugar a la venezolana. Culturalmente, sin embargo, sí hay una clara inclinación hacia la técnica con el balón.

El fanático venezolano quiere ganar, pero también quiere ver a sus jugadores hacer cosas con el balón.

El nuevo jugador venezolano, por su parte, tiene en promedio mucha más técnica que su predecesor. Y los casos más prometedores (Peñaranda, Soteldo, Juanpi) incluso muestran cualidades de élite. «Se quieren parecer a Brasil».

LLEGA CÉSAR FARÍAS: LA NUEVA COMPETITIVIDAD VENEZOLANA

– Farías se encuentra con una selección mucho más madura en la que los Rondón, Guerra, Seijas, Miku, Rincón, etc van pidiendo campo. Él comienza dárselo y hace una gran campaña hasta el punto de que perdió la opción de ir al repechaje en 2010 en el duelo directo con Uruguay. ¿En qué mejoró Farías lo que venía haciendo Páez o se trató sólo de tener un grupo de jugadores mucho más formados y con una mentalidad distinta?

Farías fue muy exhaustivo para competir. Bajo su mando la selección acumuló muchas horas entrenamientos y partidos, gracias a las concesiones del fútbol local con la selección. Farías aprovechó esa inédita influencia del equipo, no la esquivó. La potenció. Usó la idea de que era obligatorio clasificar al Mundial a su favor. Y el equipo cosechó sus mejores resultados.

– Cuando Venezuela se queda por fuera de la final de la Copa América por un suspiro, todos, y me incluyo, supusimos que 2014 sería el mundial que vería por primera vez a los venezolanos en el torneo orbital; sin embargo, pasó algo curioso: Venezuela se quedó en una especie de tierra de nadie, cinco puntos por debajo del repechaje mundialista y cinco por encima del trío que conformaron Perú, Bolivia y Paraguay. Eso culminó el ciclo de Farías, que se fue con la mejor actuación internacional de Venezuela, el mejor puntaje en eliminatorias y victorias antes Brasil y Argentina, con lo que eso significa. Y aun así, también se terminó el proceso. ¿Cansancio?

Sí. Desgaste. Farías apostó por un fútbol que en su país no gustaba. Y tenía bajo sus órdenes futbolistas de menor nivel del que sus fanáticos querían aceptar.

– Con Farías también inicia un proceso que le ha dado un salto cualitativo al fútbol venezolano: los repatriados. Gente como Amorebieta, Túñez, Dani Hernández, Julio Álvarez, Jefrren, los hermanos Feltscher, Christian Santos… incluso unos casos que no se pudieron dar como los de Fayzulin, Danny, El Shaarawy o Valdivia. ¿Qué opinión hay en Venezuela del fenómeno? ¿Acertó Farías? ¿Cómo se han integrado estos jugadores en la selección y en la cultura venezolana?

Con los repatriados Farías dio otra muestra de exhaustividad en su búsqueda de recursos para competir.

Estos jugadores han tenido suerte dispar. Amorebieta subió el nivel del equipo y tuvo un gran tramo hasta su renuncia el año pasado. De los Feltscher hoy solo continúa el menor, que juega en Getafe e hizo una Copa América muy competente. Dani Hernández ha sido importante en el arco. Julio Álvarez fue llamado un par de veces, luego no.

En general, el tema de los repatriados es sensible y divide opiniones, sobre todo por miedo al «compromiso» de estos futbolistas… hasta que están sobre el campo, corriendo y sudando. Entonces da igual.

DE CHITA A DUDAMEL: LA VENEZUELA QUE SE VIENE… Y QUE YA ESTÁ LLEGANDO

– A Farías lo reemplaza Sanvicente, que era el mayor opcionado a sustituir a Páez en primera instancia. Su ‘approach’ en la Copa América fue bastante continuista y Venezuela dio síntomas de estancamiento por primera vez en quince años. La CA de 2015 fue, también el fin de la era ‘Arango’. ¿Crees que por ahí viene el fracaso de ‘Chita’? No darle paso inmediato a la nueva generación de futbolistas venezolanos, cosa que sí está haciendo Dudamel, cuya Copa América sí fue mucho más destacada?

Chita no falló con la renovación del plantel. De hecho en ese sentido iba bien encaminado. Lo que no pudo fue seducir al futbolista, ni rescatarlo de la presión de un entorno durísimo, que acumula la decepción de tres eliminatorias sin ir al Mundial, el famoso «objetivo».

Con Chita Venezuela fue un equipo interesante, pero con apenas fe en sí mismo para soportar los malos resultados y sus consecuencias. Tras la primera derrota llegaron las demás.

– Ahora llega Dudamel y se entrega a lo podríamos llamar ‘Los hijos del boom vinotinto’. Futbolistas autóctonos que crecieron viendo las grandes obras de Arango y compañía, que desde pequeños han sido captados por Europa y han terminado su formación allá, con el roce competitivo que ello implica. Y, además, como dices, vienen con el sello estilístico de Páez, de jugar «a la brasileña» hasta el punto de que el que parece ser el líder de la generación, Peñaranda, te traslada al Neymar más joven. ¿Cómo se ha tomado Venezuela este cambio? ¿Dudamel apuesta por ellos? ¿También por ese fútbol de la selección que conformó?

El nuevo futbolista venezolano creció en un país diferente, donde el fútbol era de repente una actividad masiva y popular. No solo se fue joven a Europa, sino que creció con la ambición de jugar un Mundial, jugó más horas en la calle y en la escuela, participó en más torneos juveniles, etc.

Dudamel (seleccionador mayor y Sub 20) sabe que hay algo especial en camino y no ha tardado en darle espacio en la Vinotinto grande. Siempre con el discurso de la paciencia y tal. Pero le brillan los ojos y sonríe cuando habla de Peñaranda y compañía.

Dudamel sabe que lo que tiene a sus órdenes en la Sub 20 no es la continuación de aquello que empezó en 2001 con él en la portería, sino más bien su consecuencia.

Y sí, apuesta por ello. Su convocatoria para la Copa América fue la más joven del torneo. Su convocatoria para esta doble jornada de eliminatorias es más joven aún, la más joven del continente.

Son jugadores que paulatinamente le darán a Venezuela nuevas posibilidades, no solo a nivel competitivo sino futbolístico. Venezuela podrá meter más goles que nunca, podrá quedarse el balón más tiempo, podrá hacer más daño a la contra, podrá desequilibrar defensas organizadas.

No sé si Dudamel es, tácticamente, el ideal para explotar todas esas crecientes posibilidades, pero sí parece dispuesto a explorarlas, sin esconderse. En la sub 20, cuando hay un saque de meta, el portero no tiene miedo de darle el balón a un central y el central no tiene miedo de recibirlo.

– A mi, en cierto sentido, me recuerda a lo que Colombia vivió entre 2005 y 2011, hasta la llegada de Pékerman. La generación que creció viendo a Valderrama llega al profesionalismo con una mentalidad distinta, adquiere un roce competitivo mayor, pero no dejan de ser muy jóvenes. Y los fracasos llegan. También es cierto que ni Pinto ni Lara terminaron de entregarse de todo a los más chicos (que eran los buenos) como lo está haciendo Dudamel. ¿No hay miedo a que entregarles toda esa presión en un momento como este, en el que son todavía niños, pueda ser contraproducente tanto en las aspiraciones a Rusia como para el crecimiento de esta generación?

Preguntabas cómo se vive en Venezuela esta transición, y si hay miedo.

La exigencia del país con el equipo desde 2001 es tal, que los entrenadores no han tenido miedo de apostar por el talento juvenil, no importa cuán juvenil sea.

Josef Martínez debutó a los 18 como titular en un partido de eliminatorias en Asunción. Rondón, Otero, Alex González, todos fueron empleados por Farías desde muy jóvenes porque el nivel les alcanzaba para estar y aportar.

Lo mismo ocurre con Peñaranda, Soteldo y otros sub 20 (como el portero Faríñez o el mediocampista Yangel Herrera). Están no solo por el futuro, sino porque su presente ya mira a los ojos al de cualquier otro jugador venezolano con más experiencia.

La gente tampoco se resiste a la renovación. Tres eliminatorias fallidas más el pésimo inicio rumbo a Rusia han ocasionado cierta sed de cambio. Eso sí: creo que el fanático venezolano no está del todo consciente del potencial de sus nuevas joyas. No aún.

– ¿Y qué potencial es ese? Háblanos más a fondo de esta nueva camada de futbolistas.

Venezuela no ha tenido jugadores en equipos importantes de Europa, que jueguen la Champions League todos los años. Creo que podría tenerlos en un lustro, si estas promesas se cumplen.

Juan Pablo Añor es un mediapunta zurdo de gran disparo, mucha visión, y grandes gestos técnicos en espacios reducidos.

Yeferson Soteldo es más pequeño que Messi. Es un extremo o mediapunta 100% ambidiestro para disparar, pasar y conducir el balón. Tiene un uno contra uno feroz; es muy, muy autosuficiente.

Adalberto Peñaranda es un velocista con técnica de fútbol callejero.

Ellos tres conforman una línea de mediapuntas que, salvando las distancias, recuerdan un poco a lo que logró juntar Bélgica en su selección.

Añor es un par de años mayor, pero la cima de los tres va a coincidir durante un par de ciclos mundialistas.

– Por último, ¿esta generación es algo espontáneo o se trata de los frutos de una, aunque sea incipiente, estructura formativa que pueda seguir produciendo talento en el futuro?

Esta camada es el resultado de un proceso más bien orgánico, cultural, no tanto institucional. Metodológicamente se creció muchísimo, pero no puede decirse que haya una estructura que potencie el talento. El talento es silvestre. Por eso destaca la técnica individual, no tanto la colectiva. Venezuela está, de repente, pariendo regateadores y magos de fútbol callejero, no tanto fenómenos tácticos, organizadores, centrales con especial capacidad asociativa, etc.

La producción de talento no se va a detener, porque los niños no dejarán de jugar fútbol masivamente. Pero hay limitaciones enormes a nivel formativo que deberán ser acometidas cuando no se pretenda solo clasificar a un Mundial sino ganarle a los mejores del mundo.

En resumen: Venezuela empezó a ganar partidos de eliminatoria de la noche a la mañana, porque Richard Páez introdujo la ambición de ganar en una generación emergente de jugadores que ya habían hecho cierto ruido en torneos juveniles de 1996, 1997. Aquel talento provenía principalmente de comunidades futboleras, focos aislados en un país beisbolero.

Aquellos resultados introdujeron en el país la ambición de ir a un mundial, y en el caso de los niños, la ambición de jugarlo. Esto no existía. Jugar un mundial no era el sueño de casi ningún niño venezolano pero desde 2001 se convirtió en el sueño más popular. El fútbol amateur se apoderó de pueblos que parían estrellas de las Grandes Ligas de béisbol. Soteldo y Peñaranda son lo mejor de su generación, pero su generación es la primera que adoptó el fútbol en masa.

Para complementar lo dicho por Luis, también tuvimos la oportunidad de charlar con Fernando Petrocelli, periodista venezolano de DirecTV Sports.

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