En Colombia existe hace un puñado de años escepticismo e intriga sobre la producción de porteros. Para nadie es un secreto que cierta producción se encuentra paralizada y que no asoma ninguno, por méritos propios, como posible sucesor de David Ospina en la Selección. Resulta muy difícil encontrar porteros prometedores y en proceso de formación. Posiblemente Luis Hurtado, aunque entre sus defectos estén el de salir sin convicción a descolgar balones y el de perder repetitivamente la referencia del primer palo. Dicho esto, notable atajador. Pero parece omitirse, o es la sensación que se percibe, el nombre de Jefferson Martínez, el guardián bajo los tres palos del Envigado Fútbol Club.

El cordobés siempre ha sido reconocido por ser el eterno suplente de la portería naranja, fuese Víctor Soto o Bréiner Castillo el titular. Y fue hasta este año, por una acumulación de errores de Brecas, que Martínez se hizo del puesto por el que tanto trabajó y que, desde entonces, no ha soltado. Elasticidad, reflejos, fuerza de manos y sentido en el rechace; son las principales cualidades que acompañan al guardameta de 23 años y que lo hacen un seguro de vida en dicha función. Ni hablar del plus competitivo que le asegura a una zaga que gran parte del campeonato pasado había perdido bajo las órdenes de Juan Carlos Sánchez. Tiene por mejorar aún tanto su fuerza en choques como su reacción de piernas. Y con sus imperfecciones, como todo joven, Jefferson es potencial muy serio para pertenecer a la de mayores en no mucho tiempo. Segurísimo.

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