El duelo entre Deportivo Cali y Deportes Tolima de la noche anterior disputado en el Pascual Guerrero fue confortante. Ambos conjuntos, a través de sus armas, intentaron fundar un juego agradable por medio de propuestas reconocibles dentro del césped del estadio sanfernandino que derivaron en 90 minutos en donde hubo ritmo, fricción, estudio y fútbol, mucho fútbol.

Alberto Gamero decidió salir sin tapujos a enfrentar al Deportivo Cali. Encargó su ataque a Ángelo Rodríguez, dejó el peso creativo en Alzate-Montoya y quiso sostenerse en Rivas-Paz para evitar la armonía del rival. Mario Alberto Yepes, por otra parte, no desentonó. Su idea inicial pasaba por la explosión de Roa-Sambueza sumando a ellos la presencia de Aguilar, la tenacidad de Pérez y el mordiente de dos delanteros como Preciado y Ronnie. Estos condimentos hicieron que desde el pitido inicial todo fuera estimulante, atrayente. Un gancho acogedor para una noche que, sin duda, causó impacto en la sucursal del cielo dando forma a un momento al que Deportivo Cali querrá aferrarse con mayor frecuencia.

Deportivo Cali vs Deportes Tolima - Football tactics and formations

El gol no prosperó tras 45 minutos cautivantes

El mando del compromiso estuvo repartido hasta entrada la media hora del primer capítulo. Tolima en pocos segundos demostró la energía de su ofensiva tras las combinaciones que involucraban a Rivas en la gestación, a Alzate-Montoya en la elaboración y a Ángelo como finalizador. El vinotinto y oro quiso sembrar caos en la defensa verde y blanca con acciones llenas de ímpetu –característica de su técnico– que derivaron en un partido de mucho roce, interrumpido. Luchando y jugando a la vez, dicho sea de paso. Ante esto, Deportivo Cali dejó ver una postura que se extrañaba: fue intrépido, aislándose de la angustia latente del pasado reciente y exhibiendo un plan sin fisuras en el que Andrés Roa fue sobresaliente gracias a su entereza para pedir el balón y marcar un norte.

Deportivo Cali careció de imaginación para que el gol brotara

Los azucareros remontaron su juego por la derecha, recurriendo a Sambueza para generar desequilibrio, pero pecando a la hora de hacer emerger la ocasión manifiesta de gol. Lo hecho era correcto pero se echaba en falta la finura en el último toque. Tolima, en cambio, comenzó a dolerse tras la salida (por lesión) del isleño Rodríguez, pues ya no podía asentarse en campo rival y, además de ello, debía tolerar a un rival que incrementó su juego al punto de hacerlo retroceder. El primer tiempo cerró con una presentación gustosa a la que solo faltaba añadir lo esencial: el gol.

Yepes y un ambiente inmejorable

La etapa complementaria heredó la tonalidad que terminó ofreciéndonos el primer tiempo. El fútbol siguió emanando de las botas y mentes de los intérpretes y seguía filtrándose, gota a gota, por las retinas de los espectadores. Tolima salió con una precaución comprensible, cediendo el protagonismo al Deportivo Cali e invitándolo a lanzarse para luego herirlo; cuestión que de alguna u otra forma logró aunque no tuviera contundencia para ponerse arriba en el electrónico. El desgaste físico y mental era evidente. Yepes lo observó y, en una decisión alucinante, mandó a prueba lo expuesto ante Patriotas: jugar con un único volante cabeza de área dando ingreso a Candelo y Benedetti por Abel y Preciado respectivamente. No era suficiente lo mostrado y había que romper con todos los estándares y paradigmas. Sometía una idea emergente y poco rodada a una exigencia mayor.

¿Qué saldría? Todo fue eclosión. Deportivo Cali empezó a completar un juego de altísima sobriedad soportado en gran parte por la templanza de Juan Sebastián Quintero y Germán Mera, amo y señor en área propia. Despejaron todo, se impusieron en todos los duelos e hicieron crecer y creer al colectivo a través de un comportamiento supremo. Mario Yepes arriesgó, despejando todo tipo de temor y reflejando una convicción que el equipo evidenció en ambos goles. Tolima no halló la forma de generar desequilibrio, costándole cada vez más elaborar y ser profundo. Fue un calvario poder asimilar el escenario caligrafiado por Yepes, que envió a Mayer para esparcir magia, a Benedetti para estampar determinación y constituyendo un Deportivo Cali que se llevó un primer asalto con altura, dando señas de la imagen que aspira establecer. Hay ingredientes y Yepes al parecer ha encontrado recetas para mezclarlos: dando con un empujón que urgía y que ahora debe acrecentarse.

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