Nacional y Millonarios llegaron en situaciones distintas al clásico que se jugó por la novena jornada de la Liga Águila. Los verdes venían de vencer con comodidad al peruano Deportivo Municipal en la primera fase de la Copa Sudamericana, mientras que los azules llegaban al encuentro en un momento de incertidumbre provocado por la salida del entrenador uruguayo Rubén Israel y la llegada del argentino Diego Cocca, que asumirá desde hoy la dirección técnica del equipo. Sin embargo, ambos conjuntos se olvidaron de su actualidad dentro del terreno de juego y disputaron un partido muy parejo en el que solo Macnelly Torres pudo marcar grandes diferencias.

El volante barranquillero está en estado de gracia, se volvió indispensable para su equipo

Millonarios saltó al gramado del Atanasio Girardot a comerse vivo a Nacional. La presión de Robayo, Carrascal y Silva sobre Blanco y Bernal fue incesante y tuvo resultados muy positivos. A pesar de esto, la visita tuvo problemas para ser profunda. Cuando los azules recuperaban el balón, éste pasaba regularmente por los pies de Carrascal, quien le daba limpieza a ese primer pase desde la mitad de la cancha.  Luego el esférico lo recibía algún jugador en la banda izquierda, ya fuera David Silva, Manga Escobar o Déiver Machado, y allí terminaban la mayoría de las jugadas, ya fuera por errores individuales, virtudes contrarias o falta de acompañamiento.

En ese contexto apareció Macnelly Torres. Si debía bajar a la bomba central a recoger el balón, lo hacía; si tenía que ir a asociarse a las bandas con Arley Rodríguez y Andrés Ibargüen, allá aparecía; y si el equipo necesitaba de una referencia de pase cerca del área, el barranquillero llegaba a esa zona, como lo hizo en la jugada del gol. El 10 de Nacional desahogó a su equipo y también lo volvió peligroso. Casi siempre que recibía, Millonarios sufría.

Macnelly completó 39 pases en el partido

Las genialidades de Torres, aquellas que hacen sonreír a Rueda, a los aficionados e incluso a sí mismo, sacaron al conjunto verdolaga de aprietos frente a un Millonarios ordenado. Su trabajo y el de Ibargüen lograron desnudar por momentos las deficiencias que tiene el equipo capitalino, sobre todo en las transiciones de ataque a defensa. A  su vez evidenciaron los problemas que tiene este Nacional post Libertadores en el centro del campo,  donde la circulación se vuelve tortuosa y peligrosa por las constantes fallas a la hora de pasar el balón.

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