La primera noche de Copa Sudamericana dejó noticias dispares al Independiente Medellín. Hubo momentos de exhibición individual por cuenta de Christian Marrugo y Leonardo Castro que contrastaron con ciertas lagunas colectivas. El debut continental del DIM no terminó de convencer.

Universidad Católica pisó la cancha del Atanasio Girardot con la férrea intención de jugar en largo. Todos sus pelotazos tenían por destino la zona de Didier Moreno. Ahí los ecuatorianos sumaban una buena cantidad de efectivos para los duelos aéreos. Cuando el DIM ganaba tales choques, la oportunidad para contraatacar rápidamente a la reducida defensa ecuatoriana se hacía irresistible.

Pero el DIM cayó en la trampa. Entre más rápido atacaba, peor lo hacía. El defecto no estaba en Juan Fernando Caicedo ni Leonardo Castro, que no les falta velocidad. La traba estaba en los lanzadores: ni Didier Moreno, ni Goma Hernández, ni el propio Christian Marrugo lograban colar un pase preciso a espalda de la defensa ecuatoriana.

La verticalidad le jugó en contra al Medellín

El DIM fue seducido a ejecutar con rapidez y, a día de hoy, el equipo de Leonel Álvarez no es eso. Pasaron 20 minutos en que el Medellín fue poco productivo. Una vez cayó el gol de Leonardo Castro, el partido fue otro.

Universidad Católica desistió del juego en largo y optó por tomarse su tiempo para elaborar. Los ecuatorianos no se mostraban brillantes en la materia, pero al final lograban arribar al borde del área del DIM porque Hernández y Moreno no se lo hacían muy difícil.

El DIM recuperaba el balón muy atrás y le costaba salir de ahí. Prueba de ello fue el retroceso de Marrugo, que se vio obligado a orquestar la ofensiva desde muy abajo a falta de alguien con su criterio.

Y aunque Universidad Católica hizo todo para impedir que Marrugo recibiera de cara al arco rival, el cartagenero terminaba haciendo de las suyas. Recibía atrás, tocaba y corría para ofrecerse entre líneas.

Marrugo conserva su formidable estado de forma

Pero no bastaba con eso. Marrugo no siempre podía aparecer a espalda del mediocampo rival y, en consecuencia, el DIM no siempre podía avanzar. Para el segundo tiempo Leonel tomó cartas en el asunto. Esta vez el responsable del juego entre líneas sería Leonardo Castro.

Lo de Castro funcionó de manera relativa. Si bien el delantero fue siempre inteligente para recibir el balón libre de marca, no encontraba aliado alguno en las bandas que continuara la jugada.

Aquí Leonel Álvarez sorprendió a todos. Entendió que el equipo requería amplitud y envió a la cancha a Hernán Hechalar. Lo paradójico fue que prescindió de su mejor hombre en cancha: Leonardo Castro. Entonces el DIM terminó como empezó el encuentro: envuelto en dudas.

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