Flabio no dudó. De hecho, confió desde un principio. Y, desde luego, reconoció que, pese a las carencias, tenía una plantilla más que competitiva. Un fichaje por línea le está bastando al Atlético Bucaramanga para ocupar la segunda plaza de la Liga Águila II; Jorge Bava en la portería, Diego Peralta en la zaga, Nicolás Palacios en el centro del campo y Darío Rodríguez en el frente de ataque. Las obsesiones de su secretaría técnica se hicieron realidad y el equipo está donde está hoy. Seguridad, temple, piernas y profundidad; lo necesario para llevar a cabo el plan propositivo y medido del profesor Torres.

El ciclo José Manuel Rodríguez se resume en cuatro partes: el regreso a Primera, la presión alta en cualquier cancha del país, la extensa empatitis en su momento y el 7-0 en el Atanasio Girardot. Y fue justo después de esa goleada abultada contra Atlético Nacional que las sinergias fueron en picada. No había defensa, no había filtro en la medular y no había ataque. Los pases no hacían parte del diccionario futbolístico leopardo. El único que asomaba la cabeza era el argentino Marcos Aguirre, quien alargaba lo máximo posible las posesiones para juntar al equipo. Pero ni así obtenía su cometido. Se fue el primer semestre y llegó la pequeña reestructuración.

La transición de un modelo de juego a otro va por buen sendero

De entrada, la base defensiva es totalmente distinta. De James Aguirre, Danny Cano y Luis Payares a Jorge Bava, Diego Peralta y Félix García. Entre los tres, existe la experiencia requerida para competir jornada tras jornada en la élite nacional. Aunque la imagen del portero uruguayo quedó manchada en el juego ante Rionegro Águilas de la última fecha, la garantía de defender el área y de conceder la menor cantidad de ocasiones de gol está asegurada en un importante porcentaje. Sin prisa de exagerar, son perfiles que se compensan. Peralta corrige con su técnica defensiva jugadas que García pierde por su lectura. O García retracta, gracias a sus piernas, fallos a campo abierto que Peralta vende por su lentitud.

Un paso más adelante está Nicolás Palacios, quien Flabio Torres lo conoce a la perfección en su exitoso paso por el Deportivo Pasto. Se trata de un mediocentro que suma salida, llegada y físico, y cuyo perfil relucía por su ausencia en el Apertura. Desde el Torneo Águila, el equipo se mostró plano en esa zona del campo. Tanto Carlos Giraldo como Luis Sierra son dos centrocampistas de corte defensivo, de proteger el centro y de mostrar a distancia el acompañamiento desde segunda línea. Sin sorpresa en el doble cinco, la contratación de Palacios supone un acierto en ese registro, en detrimento de aceptar su lentitud con la pelota.

El Bucaramanga encontró en Rodríguez la solución a muchos males

Para refinar todo, queda Darío Rodríguez, que ha significado, junto a Daniel Cataño y Jhon Pérez, una solución en términos de desborde y profundidad. No se dudó del indudable entendimiento entre Cataño y Pérez, pero sí del hueco que iba a tener el bogotano luego de aterrizar junto a Pablo Rojas y Alcides Peña. Sin embargo, como extremo en una de las dos bandas o como ‘9’, Rodríguez tiene escriturada su titular. Con caídas a la banda, desmarques largos o simplemente velocidad, le ha lavado la cara al ataque auriverde. Así pues, el Bucaramanga en largos pasajes de los partidos gira al rival porque sus dos enganches flotan mucho con balón y saben encontrarse. Las cuatro pilares llegadas y el apostar por Félix García se resumen en la ciencia de Flabio; ajustarse tanto al presupuesto como a los recursos con la sabiduría táctica de intermediario. Son un conjunto especial.

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