La Copa Libertadores cambió para Atlético Nacional la noche en que enfrentó a Huracán en octavos de final. Hasta entonces, el equipo de Rueda había prosperado a punta de duelos individuales, regates y carreras al espacio. Pero llegó Eduardo Domínguez, que ya había enfrentado a Nacional previamente, y puso un alto en el camino. Huracán se preparó de maravilla, y minimizó tan bien la posibilidad de regate del tridente verdolaga que su estrategia sirvió para señalar el camino. En adelante, el continente ya se hacía una idea de cómo contrarrestar a Nacional.

Entonces la Copa Libertadores supo restarle margen de maniobra a la capacidad regateadora de los atacantes de Nacional. Había llegado la hora del pase y la gestión de juego. Poco a poco Reinaldo Rueda fue encontrando en Macnelly Torres la solución. No hay duda que el barranquillero siempre será una solución ante problemas de elaboración, pero para ello hace falta rodearlo adecuadamente. En este sentido, Sebastián Pérez estaba llamado a dar un paso al frente y sumar pases por dentro junto con Macnelly Torres para restar ese peso ofensivo a los punteros que ya difícilmente podían llevar.

Sebastián Pérez no mostró la evolución que se esperaba

Lo cierto es que, a día de hoy, Sebastián Pérez adeuda ese paso al frente que esperaba de él no sólo Nacional, sino también la Selección de mayores. A Pérez le cuesta sumar pases en el medio bien sea por errores de colocación, por incomodidad en espacios reducidos o por fallos al momento de tomar decisiones cuando tiene el balón. Por todo lo anterior, el fútbol de Sebastián Pérez menguó su evolución y el Atahualpa de Quito lo puso en evidencia. Esta vez Nacional no podrá contar con Sebastián Pérez, y será Reinaldo Rueda el llamado a dar el paso al frente que resta.

Si Reinaldo Rueda se decide por Diego Arias como remplazante, será porque tiene en mente un partido más o menos controlado, reservándose sus mejores armas para el avance del encuentro y ateniéndose a las consecuencias de una circulación de balón conflictiva como se vio en el Atahualpa.

La segunda opción, aunque menos probable, está en Daniel Bocanegra en la posición de Sebastián Pérez. En términos ofensivos sería una opción más coherente, puesto que los lanzamientos de Bocanegra a Borja se antojan bastante productivos.

Finalmente, como tercer candidato tenemos a Alejandro Guerra. La titularidad del venezolano significaría un verdadero paso adelante por parte de Reinaldo Rueda. Con él resolvería un doble problema. En primer lugar, el ritmo de juego que faltó a Nacional en la ida se vería favorecido. Guerra es, por definición, explosividad. Una conducción, un regate, una pared le basta para darle un vuelco de aceleración al equipo. En segundo lugar, Guerra es un plus respecto a rodear a Macnelly Torres. Y disponer el escenario ideal para el barranquillero resulta una apuesta difícil de rechazar.

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