Los primeros 90 minutos de la Final de la Copa Libertadores dejaron como enseñanza la relevancia que ha adquirido Alexander Mejía tanto a título individual como colectivo a lo largo de la competición. No es sorpresa que el futbolista barranquillero ha dibujado la imagen de muchos con sus constantes buenas actuaciones en todo el certamen. Mejía demostró en Parque Patricios la necesidad de su pase largo, enseñó en Morumbí una versión irreconocible defendiendo en inferioridad numérica y confirmó (con su ausencia) en el Atahualpa lo indiscutible que puede llegar a ser. Hoy volverá entre los concentrados, será de la partida y querrá levantar, como lo ha probado en toda la Copa Libertadores, el título.

Una ocasión codiciada por la institución en el mejor momento de la carrera de Álex Mejía

Más allá del temperamento y el acierto que ha caracterizado a Mejía en todo este año, sus condiciones con balón no han sido omitidas por el verde en lo más mínimo. En Quito y en 90 minutos, Atlético Nacional no pudo lanzar ni un solo contragolpe. ¿La razón? No contó con el recurso del pase largo de Álex. Nacional recuperaba el balón sobre el balcón de su área, y para intentar correr requería del envío profundo que ni Arias ni Pérez tenían. Borja buscó compensar de una u otra circunstancia con movimientos punzantes para empujar a los centrales Mina y Caicedo, pero esto surtió poco efecto al solo conseguirlo con uno de los dos por jugada. La huella fue de control, pero Nacional sufrió por primera vez en trece juegos para producir ataques.

Seguramente la propuesta de Independiente del Valle, por su personalidad, sea idéntica a la expuesta ante River Plate, Pumas y Boca Juniors: variará la altura del bloque defensivo y de la primera línea de presión a medida de cómo avance el inicio de juego de Atlético Nacional en el partido. Si se reanuda con un saque de puerta, presionará; si la pelota le cae a Mejía, continuará presionando; si llega a Guerra o Macnelly, esperará; y si Nacional cruza la línea divisoria, reculará. En el caso de que la bola caigo al mando de Mejía, el planteamiento de Rueda no sufrirá las mismas limitaciones de la ida, pues aquella noche Marlos, Berrío y Borja no recibieron con ventaja. Entre Arias y Pérez completaron 10 pases que cruzaron la frontera, aunque todos iban sucios. ¿Cómo así? Sin tensión y botaditos. A más de uno le restó tiempo en el control. Eso nunca le pasará a él. De hecho, sus balones van excedidos de tensión.

Es por eso es que el regreso de Mejía, en clave seguridad y técnica, cobra un sentido que nadie imaginaba en Año Nuevo. Para más inri, que Mejía esté tan conectado con el juego, guste más o menos su impulsividad, contagia a compañeros y afición. Corta jugadas que antes no cortaba y realiza coberturas que antes ni razonaba. Y eso en una Final, sobre todo de esta magnitud, es un detalle que no puede pasar por oculto. Sea cual sea el resultado, la Copa Libertadores de Alexander Mejía quedará en el recuerdo. Por extraña, en el buen sentido de la palabra, y por prudente. Siempre fue paso a paso. Partido a partido.

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