Cuando Nacional llegó al Atahualpa parecía que ya nada podía impresionarlo. Por el camino se ha hecho con preciosas medallas, grandiosos honores. Y pisó suelo ecuatoriano sabiéndose digno de otra batalla más. La gran batalla.

Y es que Nacional sabe de qué está hecho y lo que vale. El imaginario colombiano siempre ha de recordar a éste, el equipo que supo imponerse con maravillosa autoridad en las canchas del continente. Por estos días no hay nada más encantador para Nacional que mirarse a sí mismo. Contemplar su propio retrato es contemplar la belleza misma. Reinaldo Rueda goza la suerte de Dorian Gray. Pero ayer, justo ayer, Nacional extravió su retrato y no se encontró a sí mismo.

Faltaba Alex Mejía.

Para colmo, Independiente del Valle, que había mostrado flaquezas en defensa en citas previas, supo contener a Nacional.

El plan defensivo de Independiente del Valle fue coherente a grado sumo

Independiente del Valle se plantó en la línea divisoria. El equipo ecuatoriano no obstruía la salida de balón de Nacional. Dicho esto, Sebastián Pérez y Diego Arias eran libres para mover el cuero. A Independiente del Valle le interesaba precisamente eso: que fueran ellos los que tuvieran la posesión. Arias y Pérez emprendían largas secuencias de pases, y en ocasiones jugaban más balones hacia atrás de lo deseado. Pero lo verdaderamente preocupante era la velocidad de circulación del doble pivote: ciertamente lenta e inofensiva. Así las cosas, cada pase de Arias y Pérez era una oportunidad para Independiente del Valle reordenarse.

Urgía entonces la entrada en escena de Marlos Moreno o Macnelly Torres, pues eran ellos quienes podían acelerar la circulación de Nacional. Pero era justo ahí que Independiente del Valle sí se mostraba agresivo. En el caso de Marlos Moreno, la defensa ecuatoriana supo cerrarle el paso a su diagonal hacia adentro. En otras palabras: no hubo lugar para el regate característico de Moreno. Por su parte, Macnelly Torres se vio asfixiado por las líneas de Independiente del Valle, tan juntas entre sí a razón del mencionado repliegue.

Así transcurrió gran parte del primer tiempo. Independiente del Valle defendía cómodamente ante un Atlético Nacional extrañamente inofensivo. Entonces vino una jugada de otro partido. Macnelly Torres recibió casi a la altura del doble pivote y filtró un balón preciso a un Orlando Berrío en la posición de Marlos Moreno. Por primera vez en el torneo Nacional se iba adelante en el marcador sin merecerlo.

Independiente del Valle se vino encima en la segunda parte. Fue entonces que vimos a un Nacional tremendamente conservador. No digamos que renunció a atacar, porque no fue así, pero sí se vio impedido de hacerlo bien. El equipo de Rueda recuperaba el balón muy abajo, casi en su área, y desde ahí le costó tenazmente montar un buen contraataque. La ausencia de Alex Mejía fue insoportable.

El Atahualpa vio al Nacional incómodo que la Copa Libertadores desconocía. El equipo de Rueda, que no está diseñado para sufrir, sufrió. Con todo y eso, el haber mantenido la serie abierta es un logro valiosísimo. En Medellín, Nacional tendrá la oportunidad de ser sí mismo. Después de semejante Copa Libertadores, por supuesto que la merece.

Foto: RODRIGO BUENDIA/AFP/Getty Images

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