Poco después de cumplir la mayoría de edad, Marlos Moreno Durán (Medellín, 20 de septiembre de 1996) decidió demostrar que eso que tanto se decía sobre los de su tipo no era verdad.

El chico, al fin y al cabo, tenía una oportunidad clara: estaba ad portas de tener minutos como profesional sobre el césped como parte del proyecto de fútbol más consolidado del país: el Atlético Nacional de Reinaldo Rueda, un equipo maduro, con grandes jugadores, aspiraciones claras y una exposición mayor a la de los demás.

Si quería derribar esa falacia que le molestaba, debía luchar, en cierta forma, contra el recuerdo de un país enamorado de los dieces pausados, de buen toque y mejor carisma dentro y fuera del campo. El Pibe, Macnelly, Giovanni, James, Quintero, y los de esa clase. Y además, y no menos importante, debía tumbar el prejuicio de que el atacante negro que juega por las bandas es sólo velocidad, potencia y fuerza.

Marlos contaba a su favor con un precedente que aunque no era igual, podía ayudarle a ganar adeptos de entrada: la estampa del Tino Asprilla, delantero-extremo negro, veloz, impredecible, agresivo y puntual. A eso se aferraría de inicio para comenzar a enamorar y, luego, de paso, enviar su mensaje: soy diferente.

El caso es que Marlos, tras un tiempo en el primer equipo, y ya con todos tildándole de “el nuevo Tino Asprilla”, se ganó a pulso ser titular en la Final del torneo local para el segundo semestre de 2015. Y marcó el único gol del partido a los 30 segundos.

Tres meses después, el antioqueño lo dijo fuerte y claro: “Yo me llamo Marlos Moreno. La gente dice que tengo parecido, pero con las metas y propósitos que me pongo a corto y mediano plazo, voy a ser mejor que Faustino”.

La declaración, corta de mesura, despertó a los críticos, que lo calificaron de fanfarrón. Pero unos días después, Moreno, fresco, agarró la pelota en La Paz y obró un milagro. En ese momento, luego de esa acción de prodigio, la gente comenzó a preguntarse… ¿quién es Marlos Moreno? Y otros tantos fueron un poco más allá: ¿qué es Marlos Moreno?

Marlos Moreno es más asociativo de lo que se creyera

Futbolísticamente hablando, es el delantero más amplio que ha dado Colombia en años, capaz de influir en muchos metros haciendo cosas muy distintas. Parte por izquierda, desde donde vocifera que los negros pueden pasar la pelota genial, ser pausados, y tomar la mejor decisión. Básicamente, que con sus pies podía poner tanto fútbol como cualquiera.

En ese sentido, es capaz de recibir entre líneas, pelear con centrales, regatear a pierna natural y cambiada, y cargar el área si es necesario. Marlos lo mismo intenta burlar dos rivales en la esquina del área rival, que recibe la pelota de su lateral en el centro del campo y cambia la orientación de la jugada. El paisa entiende y luego juega.

Con la pelota controlada, la zona izquierda es, por lo general, su punto de partida. Moreno es un futbolista de recibir la pelota al pie y hacer que las cosas pasen. En clave Nacional, eso hizo que su entrada al equipo fuera como encontrar petróleo, ya que en el último semestre de Juan Carlos Osorio, si algo lastró las posibilidades del equipo de volver a levantar algún título fue la falta de calidad y creatividad por las bandas.

Con Marlos por izquierda en vez de Copete o Berrío, el verde ganó un foco de peligro a lo largo y ancho del terreno de juego, ya que su movilidad altera muchas cosas. Marlos la toma a pierna cambiada y piensa primero en asociarse. Su toque con el interior de la bota hacia adentro, aunque podría ser más limpio, es suficiente para que su compañero reciba y pueda darle continuidad a la jugada.

Luego sigue ofreciéndose. Marlos no se esconde. Sabe que puede crear peligro, y no se niega la oportunidad. En el último año de Nacional, nuestro personaje está presente en todas las fotos definitivas del camino de su equipo hasta acá: la previa de la Final de una Copa Libertadores.

Esto es porque su momento favorito llega cuando su equipo encuentra una jugada en ventaja y él se ve con la pelota en los pies, cuando debe comandar la estocada. Con espacio, Marlos es un conductor letal. Elige siempre al mejor ubicado para que este remate al adversario. O si no, lo hace él. Durante la fase final de la jugada es cuando nuestro protagonista explota, es donde siempre quiere estar, y es el momento en el comete menos decisiones equivocadas.

Para la muestra, un botón: véase su acción contra Bolivia en La Paz, su gol contra Junior en la Final de 2015, su asistencia en campo de Huracán durante el primer partido de fase de grupos, el penalti que ganó en octavos de final de Libertadores, su asistencia de tacón contra Sao Paulo en Morumbí, o los tres goles que Colombia que le marcó a Haití antes de la Copa América.

Luego su disparo a gol no es el mejor. De hecho, es la faceta que más debe mejorar para aspirar a ser más grande que el Tino. Porque mientras que Fausto era un rematador omnipotente, a Marlos le falta potencia y colocación. Una razón es que le cuesta acomodarse, hallar la posición corporal propicia para fusilar al portero. Sin embargo, él encuentra posición de remate de manera constante, lo que hace que aunque no sea el más efectivo, sí marque un número sobresaliente de goles.

Jugando de interior, Marlos Moreno también deja aportes a su equipo

Recibiendo por dentro, Marlos no tiene la fluidez de los mejores para girar y seguir asociándose rodeado de jugadores rivales, como sí pueden James, Messi, Iniesta o Cristiano. Sin embargo, Moreno lo intenta, y aunque a veces sus intervenciones ralentizan la circulación, él se obliga a reiniciar la jugada y crear. Además, cuando no ve la jugada clara hacia adelante, pero atisba la posibilidad de no retroceder, conduce la bola, mete miedo al rival y lo empuja hacia su portero.

Esto lo puede hacer porque tiene una facilidad inusitada para quedarse la pelota en un duelo con quien lo marque. Marlos estira la pierna, la toma y la hace suya, sin importar que luego, cuando enciende su regate, la pierda o le cometan falta.

Además, para ser un segunda punta con preferencia a partir por izquierda y aspirar a ser una figura mundial, le falta capacidad organizativa. Sus pases no juntan a su equipo. Que Marlos dé cinco toques en una jugada no garantiza que su equipo se organice mejor que si no los diera.

Por derecha es un jugador mucho más sencillo, pero igualmente productivo. Ubicado a pierna natural, Marlos se enfoca en cambiar de velocidad la jugada, con el gol entre ceja y ceja. Por lo tanto, tiende a tirar más rupturas que en la izquierda. Por derecha la pide y avanza. Hace que su equipo gane metros. Cuando tira un desmarque al espacio le cuesta controlarla limpia, pero intimida. Ahí tiene trabajo por hacer.

Ahora, estando más cerca de la defensa rival aparece la segunda faceta más interesante del jugador: cuando ejerce de ‘9’ puro. Marlos entre centrales y de espaldas huele la bola e imagina. El aroma del cuero en medio de la pelea cuerpo a cuerpo le motiva y enciende sus neuronas. Así, este futbolista dibuja sin la pelota movimientos cortos y letales, y deja toques de primera supremamente limpios. La elocuencia futbolística que no tiene entre líneas sí la luce contra el bloque posterior del contrario.

¿Y en defensa? Pues en defensa hace lo que demande el momento. Si el partido es regular, va por el minuto 30 y el electrónico pone 0-0, 1-0 a su favor o incluso 0-1 en contra, Marlos no gastará oxígeno persiguiendo al lateral o al interior contrario. Pero si por ejemplo está en juego una semifinal de Libertadores y ve que Farid Díaz necesita ayuda, él va a correr. Y hasta ahí van sus garantías: no es un atacante que incomode sobremanera a quienes tengan intenciones ofensivas en su contra. No es Suárez, Reus, James o Rooney.

Y así, con todo, a sus 19 años, Marlos Moreno aparece en tantas postales como cualquier otro ídolo de un club colombiano que haya completado su carrera. O tal vez no en tantas, pero todas en las que figura son especiales.

En unos meses se va a ir a Europa, y el dueño de su pase va a ser el club cuyo primer equipo entrena desde hace unos días Pep Guardiola. Eso significa que Marlos, salido de las entrañas de Atlético Nacional, va a estar, por lo menos, en el radar de un tipo que ha dotado de confianza a varios puñados de jóvenes prometedores para que ellos vivieran por sí mismos los mejores momentos de sus vidas y rindieran al mundo a sus pies. Como quiere y espera hacerlo Marlos, que tiene todavía muchas cosas por probar.

Foto: NELSON ALMEIDA/AFP/Getty Images.

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