Alexis Mendoza ya no se mide ante el tiempo. Su gran capacidad para consolidar colectivos ha sido demostrada y se puede decir que el reloj admite esperas. Y es que el respeto a su proceso se ha visto retribuido. El semestre pasado disfrutamos del primer gran Junior post-Giovanni Hernández. Como Mendoza ha demostrado que para él el tiempo es aliado y no enemigo, su lucha ya no es contra el reloj, pero sí contra el álbum de fotos. Figurar en la foto del semestre, posando con la copa, consignando su nombre para la historia en la sección de campeones. Esa foto le sigue faltando.

Esta vez Alexis Mendoza lo dio todo. Su salida de balón es tan sofisticada que resultaba verdaderamente difícil que Junior no dominase el juego desde su propio campo. El buen pie de Jorge Arias y Alexis Pérez, la participación de Guillermo Celis, el criterio de James Sánchez, los apoyos de los laterales y los movimientos de Vladimir Hernández, Roberto Ovelar y Jorge Aguirre hicieron de la salida de balón un mecanismo impecable. Una vez arribaba a campo contrario, cosa que sucedía con bastante frecuencia, el Junior de Alexis Mendoza priorizó el ataque sobre la posesión, a diferencia de versiones pasadas. Prueba de ello fue la gran cantidad de centros que intentó el Junior durante el semestre.

Michael Rangel es el fichaje perfecto para sacar rédito del alto porcentaje de centros

Es en este punto en que el fichaje de Michael Rangel cobra todo el sentido. Rangel no es un delantero autosuficiente ni mucho menos. No es el delantero capaz de convertir un equipo mediocre en bueno ni fabrica goles en solitario. Rangel necesita que le lleven el balón, que lo busquen en el área, que nutran permanentemente su instinto goleador. Porque Michael Rangel es goleador. Dentro del área emplea muchos recursos, intenta el gol de muchas maneras. A sus 25 años sigue buscando el equipo que lo nutra permanentemente en el área y se entregue a su capacidad goleadora. Por eso, ahora que está Rangel, que sigan lloviendo los centros en Barranquilla.

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