Son dinamita. Furia. Su mejor defensa es el puño. Todo es rabia, adrenalina, de cero a cien. A México lo abofetearon una y otra vez, sin clemencia, porque este Chile juega con sangre en el ojo.

Marcelo Díaz es el escritor pero sus compañeros son los que le dan vida a las líneas escritas por él. El equipo de Pizzi tiene la consigna clara: hay que invadir el área contraria con pocos toques. Hay diferencias evidentes entre este proceso y el de Sampaoli. Con el técnico campeón de América, Chile confiaba más en jugadores creativos, en Valdivia o en Fernández; había un fútbol intenso, como siempre desde la llegada de Bielsa, pero que tenía matices.

Hoy Chile es intensidad sin matices

Pizzi no quiere eso. Su chispa, de nuevo, es Díaz. Él enciende la mecha para que adelante exploten la pirotecnia. Y así se presentan frente al que sea. Jugarle a Chile de la misma manera es un suicidio. El único capaz en Sudamérica de hacer eso, y tal vez en el mundo, es Argentina. Todo por una cuestión de calidad por calidad.

Pero Colombia tiene a un tal José Néstor Pékerman sentado en el banquillo. Sus credenciales son claras: desde que asumió como director técnico de Colombia, nunca ha perdido contra Chile. En su balance está una victoria 1-3 y dos empates, uno a tres goles y el otro a uno.

Es importante recordar el último encuentro entre estas dos Selecciones. Colombia sabe de la intensidad del conjunto austral. Te ataca por todos lados y en cualquier momento. Pero en está ocasión hay una gran diferencia: no hay construcción, es un juego directo. Chile sólo conoce el área rival, no entiende el fútbol cuando está en su zona defensiva y tampoco cuando está en el medio campo.

La opción de formar con tres centrocampistas de primera en línea en Colombia cobra fuerza y sentido

No sería para nada extraño que hoy Colombia pare tres hombres de corte defensivo en el centro del campo. Sería cuerdo ver a Carlos Sánchez, a Daniel Torres y a Sebastián Pérez tejiendo lentamente una telaraña para que Chile no pueda imponer su ritmo maniático. Tampoco sería extraño que Cuadrado los acompañe y que arriba vayan James y Bacca. Estos dos con un misión: incomodar a Marcelo Díaz cada vez que agarre el balón para que el equipo de Pizzi se sienta desnaturalizado.

Así lo planteó Pékerman por Eliminatorias. El resultado fue un empate a un gol y un sin sabor tremendo de que Colombia pudo llevarse los tres puntos. Lo cierto, ante todo, es que hay que evitar caer en el juego de transición chileno. Esa es su arma: dejar a los de adelante mano a mano con los defensores rivales. Que Alexis Sánchez se encuentre de frente al arco o Eduardo Vargas, en su defecto. Eso es terror puro, porque son rapidísimos y Colombia en defensa tiene hombres lentos, que dependerán de la concentración de todos y el compañerismo.

Los partidos son siempre historias distintas. Relatos que se escriben con los minutos del juego, que hacen que cada palabra dicha antes sea una estupidez. Colombia tiene al frente a un rival con cara de bestia, pero esta Selección ha demostrado que sus encantos le pueden al poderío de destrucción chileno.

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