Chile es un país angosto, como su actual Selección de fútbol. La distancia máxima que alcanza a lo ancho es de unos 445 kilómetros, una cifra ínfima comparada con la de otros Estados de la región. Y aun así, eso no le ha impedido ser un referente continental, ni mucho menos.

Asimismo, a La Roja de Juan Antonio Pizzi no le ha resultado difícil demostrar que aunque deje las bandas descubiertas y meta mucha gente por dentro, sigue siendo uno de los equipos más intimidantes de este deporte a día de hoy. Chile, sí o sí, mete miedo.

Con la lesión de Farid Díaz, Frank Fabra puede ser un gran recurso para el juego por banda

Colombia, mientras tanto, puede decir que suma más metros de este a oeste, igual que en la cancha verde. Por la derecha tiene a Cuadrado, y por la izquierda, a Fabra. Y si quiere alcanzar la Final de la Copa América Centenario y medirse a Messi, tendrá que aferrarse al desarrollo de ese único argumento, porque en lo demás, Chile lleva las blancas.

Lo más factible esta noche, si tenemos en cuenta los precedentes, es que Pékerman opte por entregarle la pelota al vigente campeón de América e intentar resistir, con tres centrocampistas, la endiablada movilidad de Alexis y Vargas y la potente circulación de pelota austral.

La salida o el pase lateral colombiano gana adaptación

Cuando la bola quede en los pies de Carlos Sánchez, Daniel Torres o, tal vez, Sebastián Pérez, el lugar hacia el que habrá que dirigir la mirada y la jugada será hacia alguna de las líneas de los costados. Por ahí Colombia puede desnudar a Chile, ya sea con alguna combinación fugaz que se invente James escorado, o con una conducción de las que hace tiempo no le vemos a Cuadrado. El primer paso será que el esférico llegue a una banda; el segundo, que alguno de los centrocampistas chilenos deje espacio en el centro, y que esa parcela vacía la aproveche un cafetero para optimizar la transición y crear la ventaja.

Hoy el pase hacia dentro que tanto gusta en Colombia no será el recurso para competir. Si Pékerman y los suyos quieren tener la oportunidad de privar a Messi y compañía de un título que añora y necesita hace años la nación albiceleste, habrá que anchar como nunca el cafetal. Lo mejor para la tricolor será que la vista de Aránguiz no alcance a ver el horizonte ni a su izquierda ni a su derecha, y que cuando se dé cuenta, James y los suyos estén bailando eufóricos y libres, pero sincronizados.

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