Poderoso”, fue el canto de guerra. Leonel lo repitió durante la semana y la multitud le creyó. Leonel se sabía poderoso. Sobrellevó la ausencia de un crack, resucitó a otro en una posición perdida desde tiempos de Giovanni Hernández y, finalmente, recuperó a su ariete para la cita que no podía faltar, aunque su cuerpo dijera lo contrario. La adversidad no había podido con él. Por eso la multitud advirtió que había llegado el día. Era el reencuentro de sí. Y así lo recibió.

Con Caicedo volvió la presión alta

Volvió Juan Fernando Caicedo y volvió el DIM. Plantarse en campo contrario era tan posible como real. Ni Alexis Pérez ni James Sánchez tenían la libertad de otros días para sacar al equipo. Con Caicedo el DIM presionaba muy arriba y ahí se hacía con el balón. Medellín jugaba como juega cada domingo; Junior no. Al equipo de Alexis Mendoza le costó enormemente expresar su juego con naturalidad. Mención especial a Jarlan Barrera, que lo intentó. En el Atanasio Girardot dejó claro que puede pensar colectivamente cuando el equipo lo requiera. No se achicó. El problema fue que lo que pasaba delante suyo no era lo ideal: Vladimir Hernández tenía demasiada atención encima y faltaba Roberto Ovelar. Así las cosas, Jarlan Barrera se fue extraviando. La única muestra de electricidad iba por cuenta de Edison Toloza, lo cual no dice lo mejor de Junior.

La presión alta sí hablaba maravillas del DIM. Como no había salida desde atrás, robar arriba era la ruta fácil para encontrar a Marrugo. Ese simple detalle inclinaba dramáticamente la balanza a favor del DIM. Marrugo deseaba la estrella como ninguno y su equipo le daba el balón constantemente para que lo demostrara. Ahí estuvo el punto de quiebre. Si en los playoffs Marrugo dio más al DIM de lo que recibió, anoche la entrega fue recíproca. Anoche la montaña fue a Marrugo, aunque él ya había ido a ella. Independiente Medellín rodeó a Marrugo en la noche de su vida. Tremendo.

Cuando Junior debía ir al frente, Alexis Pérez se exhibió

Como Marrugo jugaba a placer, el DIM asediaba. Y Junior cada vez se partía más. Unos defendían, otros atacaban y el mediocampo, lugar que mezcla ambos oficios, se iba diluyendo. Alexis Pérez opuso resistencia y postergó el nocaut lo más que pudo. Él fue el otro que jugó como hace siempre en Junior. Incluso mejor. Si en el Metropolitano su zurda dejó aires de Andrés Escobar, ayer definitivamente la rompió, conduciendo desde atrás con la confianza que nadie más se tuvo en Junior. Él también deseaba la estrella como nadie.

Alexis Pérez recordó su juego, pero hacer que Junior recordara el suyo le pudo. De hecho parecía imposible. Porque si algo le faltaba al DIM con el cerebro de Marrugo, los centros de Arias y los choques de Caicedo, era que Goma Hernández tiranizara la zona de rebotes. Y no sólo así fue, sino que fue en esa zona donde tuvo inicio la segunda diana.

El rebote ya era del DIM. Faltaba atravesar la cancha. No podía ser otro que Christian Marrugo. Al minuto 92 seguía con los pulmones llenos. Marrugo empezó su carrera olímpica y, de repente, todo empezó a pasar en cámara lenta. La tanda de penales en El Campín en 2012, los contragolpes de Wilson Morelo en 2014, el Kinder del Pecoso hace un año. Tantas frustraciones necesarias para hacer del DIM digno pretendiente de la Liga. Al celebrar, Marrugo indicaba con sus brazos que la espera había terminado. Volvió el Poderoso.

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