Colombia perdió ayer en un partido que pudo haber ganado. Lo hizo con un cambio casi completo de nómina que no sirve excusa per se, pero que sí sirve para explicar varias de las dinámicas vistas ante Costa Rica. Los jugadores colombianos adolecieron de una falta de química entre ellos que lastró cualquier intención colectiva que el equipo pudiese tener, y que tuvo, como demostraron los primeros minutos. No había sinergia ni confianza en las relaciones cercanas que debían ser la base del juego del equipo: los centrales se miraban con recelo entre sí y al portero; laterales y extremos no se entendían ni se miraban; mediocampistas jugaban a cosas distintas; y Roger Martínez era un islote solitario que no se involucraba con el resto de sus compañeros. No por nada los mejores minutos de Colombia fueron esos en los que se juntaron tres futbolistas que comienzan a tener una empatía que les permitiría jugar con vendas en los ojos y encontrarse de todas formas. Eso, en el fútbol, tiene un valor incalculable.

También lo tiene, aunque sea poco apreciado, el intentar cosas. El fútbol es un deporte complejo que involucra muchos factores y variantes. Por eso cuando un futbolista tiene la voluntad de buscar soluciones a problemas futbolísticos durante noventa minutos o de seguir haciendo su fútbol con total normalidad sin importar el contexto colectivo desfavorable, hay que celebrarlo. Anoche Colombia tuvo muchos problemas para encender su fútbol. Principalmente, un mediocampo muy plano que sin pelota no ofrecía nada a defensas ni delanteros y que propiciaba una rigidez muy fácil de defender para una Costa Rica que se plantó bien y jugó fútbol de calidad. Sin embargo, en el plano individual, hay suficientes motivos para estar tranquilos. Ante la adversidad, los jugadores colombianos practicaron su fútbol con normalidad en su mayoría e incluso uno que otro se animó a hacer cosas distintas para ayudar al equipo.

El juego dejó buenas noticias en el ámbito individual

En el primer grupo están Fabra, Mina o Celis. El lateral tuvo problemas de entendimiento con Moreno, pero dejó clara su calidad. Subidas constantes y controles que generan ventajas sin James y Cardona. Con ellos, se sumó como una opción para descargar y ofrecer una solución desde su golpeo más allá de correr al espacio libre. Mina, nervioso por su compañero de zaga, trató de hacer valer sus condiciones físicas en cada envite y con Medina y Colombia defendiendo más arriba encontró comodidad para sacar a relucir su zancada. Lo mismo Celis, desordenado hasta el punto de que Pekerman lo pasó al medio para que su falta de orden no desequilibrara en demasía al equipo, intentó jugar como siempre hace, de robar balones, de anticipar y de mostrar templanza y nervio para pasar el balón, virtudes que parecen gustar mucho al seleccionador.

En el otro están Medina, Carlos Sánchez, Marlos Moreno o Roger Martínez. El defensa del Pachuca empezó bastante bien, siendo la salida continua del equipo y, aun sin movimiento por parte de sus receptores, encontrando pases que metían a Colombia en campo contrario. Luego, como central, mostró una sobriedad que tranquilizó a la defensa y dio un primer pase necesario en el escenario en que se jugaba. Sánchez, llevado al interior derecho, demostró una pachorra y capacidad de pase que ayudó a Medina en labores de creación y permitió que Colombia sumara pases. Moreno, incómodo y muy fijo en el primer tiempo, mostró soltura y atrevimiento con balón. Mejoró cuando no le tocó fijar por fuera y pudo moverse por el carril del centro. Por su parte, Martínez fue el único de mediocampo para arriba que ofreció ayudas a Sánchez y Medina. Se mostró y se impuso en el juego directo y trabajó bien la zaga sin colaboración de nadie.

Párrafo aparte para Aguilar, Dayro o Pérez. El central fue un manojo de nervios desde que falló en el primer gol de Costa Rica y lo fue más todavía con el paso de lo minutos. Dejó de arriesgar con balón y se mostró demasiado expeditivo sin él para tratar de compensar sus fallos. Aun así, mostró personalidad de seguir jugando y se sabe que su fútbol sólo puede ir a mejor. Lo del delantero y el mediocampista, reemplazados en el entretiempo, no tiene excusa. Colombia pedía de ellos no ya su mejor versión sino que jugaran el fútbol que hacen domingo a domingo. No lo tuvieron en sí mismos. Ya no es que jugaran mal: es que no intentaron nada. No tuvieron presencia y castigaron el fútbol del equipo.

La derrota de ayer fue coyuntural y nada definitiva. Bien haría Pekerman en construir a partir de las noticias positivas y activar a la mayoría de jugadores posibles, especialmente a aquellos que puedan ocupar plazas en la derecha: ahí Colombia está teniendo un problema precisamente por lo contrario a lo que los suplentes mostraron ayer: no se atreven a intentar algo. Y eso, en fútbol, siempre es una mala noticia.

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