Atlético Junior y Atlético Nacional protagonizaban el primer envite de semifinales por la Liga Águila I. Un enfrentamiento que históricamente se le reconoce por su gran rivalidad. Casi de épicas entre uno y otro. Sin embargo, para esta ocasión, y pese a las numerosas bajas sumadas en ambos, no dejó de ser atractivo y de tener su contenido táctico.

Nacional empezó agrediendo por las bandas

El arranque de Nacional fue furioso. Consciente de que por delante estaba Narváez, un mediocentro más pesado y con menos ocupación lateral, sobrecargó su juego por afuera. Con Sherman como carrilero izquierdo y Bocanegra como carrilero derecho, Nacional atacó constantemente a su par de costado. Al principio no parecía emitir mucho daño, pues Arias y Pérez vivieron un tramo de 15 minutos con mucha confianza saliendo del área. Todo transcurría con normalidad… hasta que Macnelly se vistió de activador.

Antes de centrarnos en la figura de Torres, clave en la primera parte, toca hacerlo previamente con Henríquez. Junior acudió a la presión sobre la salida de balón rival, también consciente de las múltiples ausencias y de la pérdida de mecanismos. Pese a ello, a Junior se le hizo imposible presionar con criterio y orden por dos motivos. Primero, ni Sánchez ni Narváez paran al equipo sobre cierta zona como sí lo hace Celis, valiente y seguro. Y segundo, era imposible apretar a Henríquez, el líbero pasador de la noche, debido a la sobresaliente movilidad ofrecida por delante y a la creación de líneas de pase en la gestación de la jugada por parte de Macnelly. Sencillo: Nacional salía y jugaba placer.

Con la ventaja realizada, Macnelly pudo encontrar a dos amenazas letales, cada una a su estilo; Berrío a la carrera e Ibargüen al pie. Con el primero profundizando y el segundo desbordando, Nacional giró una y otra vez al sistema defensivo tiburón. Amén de Viera y Pérez, pluses descomunales en el área para atajar y despejar respectivamente.

Esta vez los cambios de Alexis Mendoza mejoraron al equipo

Para la segunda mitad, Junior sufrió las mismas pesadillas del primer episodio; elaboración de juego cero. Sánchez se animó con dos pases pero no llevaban la tensión y dirección precisa. Fue entonces, en esa excesiva rectitud, cuando Alexis Mendoza apostó gallardamente por Jarlan en detrimento James. Después de señalar a Murillo por el gol con la sustitución de Vélez, no sustituyó a Narváez para mantener ese elemento fijo en la retaguardia. El técnico sabía el riesgo que pagaría en términos de actividad, pero el contexto del partido le exigía la determinación en los pases que tiene Barrera. Aunque Junior lo pagó posteriormente en ataque posicional, colocó tres asistencias buenísimas que no acabaron en gol por Escalante y Armani.

La última media hora del choque vivió un total frenesí en el que el único futbolista de campo que estuvo parado siempre fue Jarlan. Su inmovilidad le quitó radio de acción a la diagonal hacia dentro con balón dominado de Vladimir y al posicionamiento en el perímetro del área de Aguirre. De hecho, Ovelar tuvo que ofrecer más desmarques largos que cortos para estirar el ataque y compensar el atasco. Pero entre tantas malas gestiones de lado y lado, dos constantes en el transcurso de los 90 minutos: Sebastián Viera y Macnelly Torres.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *