En el Monumental de Palmaseca un viejo y conocido encuentro tomaba de nuevo aires de tiempos presentes en el Fútbol Profesional Colombiano. Como si el fútbol apelara a la memoria, en una muestra única de caprichos irresistibles, Deportivo Cali e Independiente Medellín se topaban cara a cara en el camino que conduce al título; justamente a 1 año del duelo entre ambos que decidió quien se vestía de gloria.

Con la presencia de dos insignias del balompié tricolor en los banquillos el partido resultaba apasionante. En su fondo reposaban todos los tintes necesarios para que los sentidos disfrutasen de un ambiente previo peculiar, inigualable. El fútbol es arte y por lo tanto es emoción. Todo este cóctel solo esperaba a que llegara el contacto que hacía girar la pelota, incrementar los nervios, acelerar las pulsaciones.

Mario A. Yepes alineó al once al que viene dándole su confianza enfermiza. Esa que es capaz de hacerte cerrar los ojos antes de querer cruzar un camino lleno de abismos. No tiene explicación. Abrir la puerta para que entren buenas noticias, al fin y al cabo quien abre el cerrojo tiene pergaminos. Por otro lado, Leonel Álvarez plantó al poderoso en un 4-3-1-2 que modificó al ritmo de las manecillas. González en el arco. Piedrahita y Tipton en los laterales respaldados por Pertúz y Saíz en el centro de la defensa. ‘Goma’ Hernández y Arias como escuderos de Moreno, único volante cabeza de área. Marrugo como eje. En punta Hechalar y Castro para incordiar.

Desde el inicio Medellín fue en búsqueda de la pelota. Fastidiar a dos centrales que no son técnicamente ricos fue el punto de partida de la presión del cuadro rojo. Todo salía bien pero como todo no resulta perfecto, y menos en el fútbol, llegaría una advertencia temprana al arco de González la cual desencadenó una serie de comportamientos que activaron la ferocidad de un Deportivo Cali demoledor, con pasos de gigante y superior a partir de ese momento (tal llamado de atención fue el testarazo de Preciado al horizontal de la portería norte).

Con la banda derecha como insignia para destrozar cualquier obstáculo, Deportivo Cali empezó a hacerse con el dominio del juego imprimiendo una dinámica arrasadora sostenida en la insistente participación de Sambueza, la magia de Borré, el olfato de Preciado, la inspiración de Mojica, la sobriedad de Giraldo-Pérez, el arresto de Palacios y la madurez de Bianchi-Mera. Aspectos que sembraron un ambiente tenso en Medellín pues no encontraba en sus hombres ideas para resolver y clarificar su juego dentro del césped.

Cuando el efecto producido por los dirigidos por Yepes parecía disiparse, estableciéndose así un leve balance en el desarrollo del compromiso emergió Preciado con una anotación propia de su repertorio tras un esfuerzo exuberante de Mojica. Premio a quien hacia mejor las cosas. Sin Hechalar contribuyendo, Marrugo intentó tomar la bandera pero la escasa ayuda colectiva y la errática elección de encaminar las acciones declinaban el intento por crear riesgo hacia Hernández. El 10’ poderoso se recostaba sobre banda derecha pero su accionar no terminaba de ser suficiente para penetrar el nuevo semblante defensivo propuesto por Deportivo Cali.

Rafael S. Borré puede ir allá a ese lugar sindicado de ser el fin del mundo que la pelota lo buscará para que la seduzca, embruje. La haga besar las piolas. Fruto de ello es el 2-0 que otorgaba tranquilidad tras unos minutos explosivos, alentadores. La imagen no podía resultar mejor y lo vivido servía como prueba fehaciente: ataque constante, equipo engranado, confianza en duelos y solidaridad. Medellín se sacudió sobre el final pero no tuvo mayor efectividad en el remate.

Tras los camerinos la decisión de Leonel fue clara: apoderarse de la pelota. Los minutos iniciales de Deportivo Cali enfundaron temor en la propuesta, introdujeron una incertidumbre que se acrecentaba con la poca respuesta dada por Hechalar cada que buscaban verticalidad, asentarse en campo rival, ganar metros. No respondía al escenario y William Parra entraría en su lugar para modificar todo, reaccionar.

Pasar al doble pivote otorgó vuelo a Luis Carlos Arias, gran responsable del cambio anímico y futbolístico. Todo se centró en su figura: Marrugo vino a asociarse, Castro a ofrecerle apoyos, Tipton a doblarle la espalda, Moreno a blindarlo y ‘Goma’ Hernández a usufructuar espacios. El gol no aparecía y Deportivo Cali no sufría en mayor medida por la imprecisión en el último pase por parte de su rival pero la reforma del conjunto de la montaña iba a vulnerar el arco de Hernández en la única acción precisa que efectuó.

La balanza se había equilibrado y era notorio. Sin gozar de un jugador que suprimiera el leve control del Dim, Deportivo Cali mermó su andar. Aparecieron las sensaciones de irregularidad. No encontraba cómo asumir el mando con la pelota, ser seguro en la circulación. Pesaba poder lograr condiciones benéficas en campo contrario para cuajar acciones ofensivas de calidad: Sambueza y Mojica no tenían impacto en el juego y a Borré la batería física le cobraba factura. Palacios era controlado por un Arias determinante.

Mario Alberto Yepes movió su banco en busca de alternativas que no terminaron de entrar en el circuito ni aportar remedios para un posible mejor desenlace. Leonel encontró un cambio de rumbo en la etapa complementaria pero al final el 2-1 terminó por solidificarse en el tanteador dejando atrás un partido emotivo, agradable. De tiempos y protagonismos repartidos. Con equipos de pasos fuertes.

Se ha expuesto el primer capítulo de una serie que ya hace un tiempo viene siendo común en el Fútbol Profesional Colombiano (Apertura 2015 y Copa 2015). El domingo se cerrará esta historia en donde cada equipo intentará emplear sus armas para quedarse con el honor de seguir en camino a una estrella. Dos grandes leyendas encarnan la figura del DT en ambos equipos, qué mejor presagio para un final decoroso en el Atanasio Girardot. Ya el Deportivo Cali dio un primer paso.

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