El recambio ya había empezado en la Copa América de 1995, pero la presencia de Valderrama, Higuita, Álvarez, Rincón o Asprilla hacían que la selección siguiera pivotando sobre la misma base del fabuloso equipo de Francisco Maturana. ‘Bolillo’ Gómez, aunque mano derecha de ‘Pacho’, veía el fútbol de una manera diferente. Ya su Nacional, aunque en defensa usaba las mismas bases que el que dejó Maturana, lo había mostrado así. Era un equipo de innegable talante colombiano, pero su mediocampista más ofensivo era Mauricio Serna. A Gómez le gustaba más llegar que estar y sentía más pasión por la velocidad que por la pausa inteligente. Colombia quedó tercero en esa Copa América, pero lo hizo con un fútbol opaco. La tensión nacional por el devenir de la selección se palpaba en cada decisión de Gómez y el sambenito de ‘La Rosca Paisa’ nunca tendría más fuerza.

Mientras tanto, en el rentado nacional comenzaba a brillar una nueva generación de futbolistas. Los más adelantados, Aristizábal, Valenciano, Lozano, Pacheco y los arqueros Mondragón y Córdoba, ya habían probado las mieles de la selección nacional. Ahora un nuevo grupo de futbolistas de su edad destacaban en el campeonato local y dos clubes en especial los encumbraban: Deportivo Cali y Millonarios. La época de Gómez fue curiosa en muchos sentidos. El baño de humildad que significó el Mundial de Estados Unidos había repercutido en la selección y una de las reacciones más comunes fue la de dudar de Carlos Valderrama. Se apelaba tanto a su estilo de juego con clichés como “es muy lento”, soportados por el triunfante fútbol de los mejores clubes del país, más eléctrico, o en su edad, que ya se acercaba peligrosamente a los cuarenta años. ‘Bolillo’ veía como los grandes jugadores del ciclo inmediatamente anterior todavía eran estrellas y los de la nueva generación comenzaban a serlo, pero sin la jerarquía y experiencia que tenían los más ‘viejos’. Si Maturana había aprovechado el fracaso de todo lo anterior a él para prácticamente romper con el pasado, Gómez no podía hacer eso. El éxito estaba aún muy fresco. Su decisión fue la de usar los partidos amistosos para ir dándole entrada a los nuevos talentos, incluso bajo la dirección de alguno de sus asistentes y no de él, que se concentraba en la clasificación a la Copa del Mundo de Francia 1998. Así se vieron episodios como la famosa gira de amistosos en Asia que dirigió Javier Álvarez y en la que Colombia perdió 3-1 contra Tailandia y 4-1 contra Corea del Sur con John Mario Ramírez como jugador insignia.

Lo cierto es que la idea de ‘Bolillo’ estaba dando resultados. Los jugadores más jóvenes acumulaban partidos con la selección mientras que la selección “A” marchaba triunfante en las Eliminatorias. Colombia cerró 1996 como líder de la clasificación a Francia 98′ y con Gómez elegido mejor entrenador del continente. El año siguiente no sería tan bueno. Se decidió que Juan José Peláez dirigiría una selección “B” en la Copa América de Bolivia con la consigna de aprender a jugar y a ganar sin Carlos Valderrama en el equipo mientras Gómez se concentraba en las Eliminatorias. Antes del inicio de la Copa, Colombia jugó cuatro partidos oficiales saldados con tres derrotas ante Argentina, Paraguay y Perú y un empate ante Uruguay en Montevideo tres días antes del partido inaugural del torneo continental. Las derrotas incendian el panorama y la suspensión de cuarenta fechas de Peláez por agresión cambian apartados del plan original. Se sigue con la idea de llevar un equipo “B” a Bolivia, al menos uno sin Asprilla, Rincón y Valderrama, pero bajo la dirección de ‘Bolillo’. Y así fue.

Nómina: Mondragón, Calero; Córdoba, Asprilla, Bermúdez, Santa, Cabrera, Moreno, Mosquera; Estrada, Gaviria, Pérez, Zapata, Mafla, Morantes, Pacheco; Bonilla, Zuleta, Aristizábal, Escobar, Ricard

En un grupo que conformaban México, Brasil y Costa Rica, Colombia clasificó tercero, con las uñas, tras perder con los dos primeros y golear a este último. La idea original de ‘Bolillo’ era la de jugar con un 4-3-1-2 con Cabrera de interior -antes venía usándolo de lateral- y Mafla de enganche por detrás de Aristizábal y Ricard. Tras la derrota ante México, cambió a un doble enganche conformado por Pacheco y Morantes. Además, en defensa contó con el debut de Iván Ramiro Córdoba en la zaga de la selección, puesto que no abandonó hasta que quiso. Contra Brasil, Gómez volvió a cambiar y dio paso a Víctor Bonilla jugando como mediocampista al lado de la pareja del encuentro anterior. Finalmente, Colombia sería eliminada en cuartos de final contra los anfitriones con la vuelta del 4-3-1-2 con Pacheco como enganche único.

El duro golpe de esos primeros meses de 1997 se notó. Gómez no se fiaba de su aparato defensivo. Cambió al portero que venía jugando, Mondragón, y llamó a Óscar Córdoba, que ni siquiera había sido tenido en cuenta para la Copa América, aunque finalmente fue Calero quien terminó la Eliminatoria. Afianzó al otro Córdoba en el centro de la defensa junto con Bermúdez y Cabrera y Galeano en los laterales, a la vez que se deshacía de Leonel Álvarez y de su hermano ‘Barrabás’ Gómez para dar paso definitivo a Mauricio Serna como mediocentro acompañado por ‘Pelusa’ Pérez, Harold Lozano o Jorge Bolaño. Arriba, Rincón, Valderrama, Asprilla y Aristizábal siguieron siendo fijos. En la carrera final para el Mundial del 98’, ‘Bolillo’ siguió probando futbolistas: Giovanni Hernández, Léider Preciado, Ever Palacios, Dumar Rueda, Adolfo Valencia, Alex Comas, Julián Tellez y Osman López tuvieron su oportunidad de llamar la atención del cuerpo técnico con suerte dispar. El fracaso en la Copa del Mundo significó el fin de la era Gómez. Mondragón había regresado a ser la primera opción en la portería, Palacios le ganó el puesto a Córdoba en una polémica decisión, Santa y Moreno dejaron a Galeano por fuera de la competición y en los tres partidos jugados Gómez probó tres delanteras distintas. El Colombia-Inglaterra fue el último partido de Carlos Valderrama en el seleccionado: el fin de un ciclo.

Para la Copa América de 1999, Javier Álvarez, que había fracasado con estrépito en la gira asiática, pero acababa de dirigir a un impresionante Once Caldas en el campeonato de 1998, fue elegido como sucesor de Gómez. Su tarea era completar lo que ya se había propuesto ‘Bolillo’ en la Copa América anterior con resultados nefastos. El fútbol colombiano seguía dando vueltas a la hoja. El fenomenal equipo de Millonarios de mitad década se había apagado y el Cali del ‘Pecoso’ Castro había mutado y nuevas estrellas, más jóvenes, copaban las alineaciones de todo un finalista de Copa Libertadores. Además, América de Cali y Atlético Nacional habían vuelto a sacar equipos que, aunque menos estelares que los de principios de década, los ponían en la primera plana del fútbol local.

Nómina: Calero, Julio, Higuita; Córdoba, Yepes, Bermúdez, Portocarrero, González, Viveros, Quintana, Córtes; Ramírez, Lozano, Bolaño, Grisales, Betancourth, Morantes, Montaño; Bonilla, Congo, Zambrano, Ricard

Álvarez inició su revolución con Asprilla, cuyo fútbol estaba agotándose, como estandarte principal, pero pronto abandonaría esa idea y armaría un equipo desde cero. Del equipo que jugó la Copa América del 97′, sólo repitieron cinco; del Mundial 98′, seis. El más veterano era René Higuita, que volvía después del ostracismo de la etapa final de Gómez, y el más joven el juvenil Johnnier Montaño, de tan sólo dieciséis años. El Caldas de Álvarez se había cimentado en principios futbolísticos parecidos a esos que Gómez buscaba. No había un enganche cerebral y se jugaba vertical y con velocidad para aprovechar la potencia de los puntas. Álvarez buscó un equipo que jugara así y en el debut salió con esta alineación: Calero – Quintana, Bermúdez, Córdoba, Viveros – Bolaño, Lozano, Grisales – Betancourth – Bonilla, Ricard. Fue victoria 1-0 ante Uruguay y luego 3-0 ante Argentina. En el partido final, ya clasificado, alineó una selección alternativa de la que se mantuvieron Viveros, como mediocampista, Grisales y Ricard. En cuartos de final el equipo caería en un 3-2 ante Chile. A pesar de ello, el inicio para la generación post-Valderrama fue más que aceptable. Álvarez, sin embargo, no arrancaría la Eliminatoria tras el desastre de Londrina.

Su puesto lo tomaría ‘El Chiqui’ García. Este contaba con una visión más defensivista, más de vieja escuela de fútbol colombiano. Su primer reto fue la Copa de Oro a la que llevó un equipo muy alternativo con Faustino Asprilla como piedra angular y Frankie Oviedo, su estrella en el América de Cali campeón de 1997, como jugador fetiche. Ya para el inicio de las Eliminatorias, García cambió su idea de Asprilla como estrella y reclutó a Freddy Rincón, convertido en mediocentro, como capitán y bandera del equipo. Los explosivos delanteros que habían dominado la Copa Mustang en la segunda mitad de la década del 90′ se habían ganado traspasos al fútbol del exterior y estaban fracasando salvo Juan Pablo Ángel. En ese momento, los jugadores más valorados del fútbol colombiano en el extranjero eran jugadores defensivos: los tres colombianos de Boca, Mario Yepes de River e Iván Ramiro Córdoba en el fútbol italiano. Eso le sirvió a García para legitimar su plan de cinco defensas, dos mediocentros y tres jugadores de ataque. Colombia inició su trayecto mundialista con el eje Córdoba-Córdoba-Bermúdez-Yepes-Dinas-Rincón como principal argumento. Los malos resultados y la pelea interna con Rincón llevarían a un cambio de plan sobre la marcha que consistió en pasar a la defensa de cuatro, eliminando a Bermúdez, y tres mediocentros, con Luis García hijo tomando el relevo de Rincón. Como ni Oviedo ni Candelo, los enganches más usados, terminaron de convencer, García dio un giro final hacia un 4-3-3 con Víctor Aristizábal de mediapunta por detrás de dos delanteros. El ciclo de García terminó en abril de 2001 tras un sufrido empate a dos goles con Venezuela. Regresaba Francisco Maturana para afrontar la Copa América de la que Colombia sería sede.

Nómina: Córdoba, Calero; Córdoba, Yepes, Orozco, López, Bedoya, González, Córtes; Ramírez, Restrepo, Vargas, Díaz, Grisales, Ferreira, Hernández, Molina; Becerra, Aristizábal, Arriaga, Murillo, Castillo

El debut de Maturana fue con un equipo continuista, con los regresos de Rincón, Serna y Asprilla. Sin embargo, lesiones y diferentes circunstancias lo llevaron a probar con una nómina conformada en su mayoría por debutantes o futbolistas de esa nueva generación que hacía tiempo no contaban para el seleccionador de turno. La principal novedad fue la inclusión de Giovanni Hernández, ‘El Príncipe’, que aunque había tenido muy buenas campañas con el DIM, había sido ignorado por Gómez, Álvarez y García. Ahora, en el Cali, estaba siendo uno de los futbolistas más dominantes del rentado nacional y era para muchos el legítimo heredero de Carlos Valderrama. Para él no. El mismo Giovanni Hernández renegaba del título y por eso acudió a la Copa de 2001 con la camiseta ‘24’ en lugar de la ‘10’ que siempre usaba. La pesada camiseta le tocó a Victor Aristizábal, el jugador con más experiencia del seleccionado.

Durante el transcurso de la competición, Maturana varió ligeramente los once titulares, pero el núcleo de Córdoba-Córdoba-Yepes atrás y Hernández-Aristizábal arriba siempre se mantuvo. Colombia no recibió goles y tuvo al goleador del torneo. Giovanni Hernández realizó seis partidos de grandísima calidad, sus compañeros del mediocampo se ganaron un lustro de convocatorias a selección, Bedoya se afianzó en la banda izquierda y los acompañantes de Aristizábal dieron todos una buena impresión. Campeones. Al tercer intento, Colombia finalmente pudo dejar atrás la generación de Valderrama. La base de la Copa América de 2001 sería la que el equipo tendría durante los cinco años siguientes que, aunque no resultaron en clasificaciones al Mundial, fueron bastante dignos y mantuvieron al equipo vigente.

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