Lo del América de Cali hace rato dejó de ser un trago amargo. Su andar escabroso, torpe y tortuoso por la segunda división del fútbol de nuestro país se ha tornado prácticamente en una tragedia griega. Como si de la ingeniosa mente de Homero hubiera surgido una historia de fútbol. Un grupo de guerreros que buscan volver al lugar del cual nunca debieron partir, una travesía que se suponía corta se ha tornado en toda una odisea.

A lo largo del lustro del conjunto caleño por la segunda división, gran cantidad de jugadores y técnicos han fracasado tratando de encontrar el camino a casa. El césped del Pascual Guerrero ha devorado con facilidad a comandantes y guerreros, se ha tornado en un gran monstruo de fauces verdes, gran testigo de la muerte de las ilusiones y el nacimiento del fracaso. La última víctima fue Alberto Suárez; su espacio lo ocupa, desde hace un par de fechas, Hernán Torres, quien espera ser el Ulises que pueda guiar a este grande de vuelta a casa.

Con Del Valle, muy liviano, el América tiene diversas variantes tácticas

En tan poco tiempo de trabajo resulta, más que difícil, injusto hacer un juicio sobre la labor del timonel. En el partido más reciente, que los enfrentó al Unión Magdalena, pudimos ver esbozos, apenas retazos de lo que puede llegar a ser el América de Hernán Torres. Partiendo de un 4-3-3 cuando se tiene el esférico, con Ayron del Valle ocupando la banda derecha, Ernesto Farías el centro y Yesus Cabrera la izquierda. Con David Ferreira y Aníbal Hernández actuando como interiores, Ayala como mediocentro, más la compañía de la habitual línea de 4 compuesta por Angulo, Herner, González y Varona. El equipo, sobre el papel, tiene como premisa cuidar el balón, algo que estuvo bastante lejos de suceder ayer en el Pascual Guerrero.

Con infinidad de movimientos fallidos a la hora de salir, a lo que se le sumaba una presión bastante decente del Unión Magdalena, la pelota terminaba volando por los aires en busca de Ayron y Farías, que, como es normal, no siempre van a ganar todos los balones. Esto, además de ser poco efectivo, resultaba contradictorio con la idea del equipo; rara vez algún balón le llegaba a Ferreira o a Yesus en una posición favorable para iniciar un ataque. Ayala nunca dio un buen apoyo para salir de la presión del rival y Aníbal Hernández se vio incómodo todo el partido, lo que obligó a Ferreira a retroceder mucho para tratar de sacar el balón. Pero no sólo la salida resultó fallida, a la hora de hacer transiciones defensa-ataque el equipo fue altamente impreciso. Intentaban ser verticales pero el vértigo los hacía fallar a la hora de tomar decisiones simples, como decidir hacia qué lado girar o en qué sentido abrir el juego. Muchas veces teniendo un pase a diez metros con el compañero libre lanzaban uno en profundidad a treinta metros al jugador que tenía tres marcas encima.

El joven de 19 años Varona fue la gran noticia del cuadro rojo en el partido

Defensivamente se vio la mejor cara del equipo. La zaga se mostró sólida, en especial el lateral izquierdo Jesús Varona. Ayala y Hernández, lo que dieron en recuperación, no lo dieron en salida, siempre con mucho sacrificio como es normal en ellos. También ayudados por un pasivo Unión Magdalena, que hizo unos primeros veinte minutos excelentes, pero que después se durmió y perdió intensidad. Dejó de atacar por fuera y el medio se vio físicamente superado por el América. Finalmente el partido acabó 1-0 a favor de los escarlatas, con un gol más fortuito que elaborado, un mal retroceso del Unión seguido de un rebote desafortunado dejaron de cara al gol a Ferreira, quien eludió al arquero Arnedo para finalizar un gol fácil, trayendo la calma al estadio.

El grito de “jueguen, jueguen” que se escuchó decir a Hernán Torres sumado a sus declaraciones sobre la falta de identidad de juego del equipo y la importancia de tener una, resumen la situación del América de Cali que espera encontrar con este nuevo Ulises el camino a casa, terminando la tragedia griega para darle paso a una gesta épica.

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