Andrés Felipe Ibargüen se ha convertido en uno de esos jugadores cuya titularidad condiciona partidos. Ibargüen obliga a fijarse en él y adoptar una postura ante su figura. Se parte del supuesto de que es un crack y ninguna estrategia ha de perderlo de vista en su afán de prosperar. Luis Manuel Seijas aceptó el reto. Anular a Ibargüen sería su última exhibición en Santa Fe justo en su patio, la cancha donde siempre se multiplicó: el Atanasio Girardot.

Santa Fe eligió centrar su atención en Ibargüen a cambio de ser permisivo en otras zonas. Era un precio alto pero había que pagarlo. En este sentido, la libertad que no tenía Ibargüen por derecha sí la tenía Sherman Cárdenas en la izquierda. Cárdenas era libre de recibir en el vértice del área y ahí se plantó Nacional. Pero la de Sherman era una libertad entre comillas. Cárdenas no podía buscar a Ibargüen porque Baldomero Perlaza le cerraba el paso. Así las cosas, sólo le era permitido mirar a Copete y apostar por su centros de costado. No fue una buena apuesta, pues Nacional no tenía rematador que le hiciera frente a Yerry Mina en el área.

Seijas redondeó la defensa perfecta

Cerrar los caminos hacia Ibargüen estaba resultando de maravilla. No obstante, aspirar a que éste jamás entrase en contacto con el cuero era ciertamente utópico. La idea era que pasara poco, pero estar siempre preparado para ello. Fue entonces que Luis Manuel Seijas se puso el cuchillo entre los dientes y se plantó junto a Dairon Mosquera cada vez que Ibargüen amenazaba con desbordar. El puntero de Nacional pudo dejar en el camino a Mosquera pero nunca al venezolano. Seijas fue la realización de una defensa perfecta.

Entonces Andrés Felipe Ibargüen estaba obligado a retroceder mucho para tocar el balón y, en consecuencia, era menos peligroso. Para el segundo tiempo Reinaldo Rueda reconoció estar envuelto en una tela de araña impecable. Por esto se vio obligado a sustituir a quienes estaban siendo presas de caza: Sherman Cárdenas y el propio Andrés Felipe Ibargüen. Rueda sabe que no tiene igual en esto de despistar al rival.

Nacional terminó extraviado en el desenfreno de Santa Fe

Pero Nacional perdió calidad entre sus atacantes, y Santa Fe aprovechó la oportunidad para mostrar los dientes y robar el balón más arriba. Alexis García le imprimió caos al juego, como gusta. Las arrancadas de Jonathan Gómez -que está hecho una gacela-, el ingreso del velocísimo Juan Daniel Roa y el reposicionamiento ya usual de Baldomero Perlaza como delantero terminaron de inclinar la balanza a favor de Santa Fe.

Al final Santa Fe fue siempre candidato a ganar. En Medellín. Una vez más. Esta siempre fue la regla mientras Luis Manuel Seijas vistió la camiseta cardenal. Su marcha es el fin de una era. Una era en que Medellín se convirtió en el lugar de las batallas consagratorias. Esta vez no brilló por goles decisivos, aunque lo intentó. Esta vez se encargó del trabajo sucio si bien quería ganar. Porque ganar era lo único en que pensaba Luis Manuel Seijas al pisar la cancha del Atanasio Girardot.

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