El final del campeonato está en mente de jugadores, equipos y espectadores. Se definen los participantes del tramo vibrante que constituye los playoffs. Deportivo Cali y Jaguares acudían a Palmaseca con la firme intención de establecer ambientes triunfantes que les acercara al privilegio de estar en el camino que dirige hacia el título de la Liga Águila.

Con Borré en cancha, hubo mucho rotación entre Roa, Sambueza y el barranquillero

Una gran novedad se presentaba en Deportivo Cali: Rafael Santos Borré regresaba a la titularidad luego de varios días fuera del rectángulo. De arranque ya había condimentos necesarios para pensar en espectáculo y diversión. Algo a lo que Jaguares pareció estar aislado. Casi que atónito y perturbado por la presencia de Borré que regresó para abrigarse con el balón. Sentirse menos desprotegido.

Los vestidos de verde en el primer tiempo hallaron en la sed de sus delanteros razones irrebatibles para ganar el partido a media hora del pitido inicial. Preciado y Borré fueron tajantes en sus respuestas finalizadores al alojar el esférico en la portería sur del coloso ante las asistencias de Roa y Palacios respectivamente. Jaguares de Córdoba no aterrizó en el juego ni antes ni después de encajar las anotaciones. Tímido, sin respuesta futbolística, flojo, confundiendo los caminos y dejando ver un juego desprendido de toda idea posible, forzado.

Quien sí estuvo fluido fue Andrés Felipe Roa. ¿Por qué a veces sí y otras no? El número 10 del conjunto verde y blanco es un caso atípico. Podrá no ser constante pero siempre que lo intente a su manera es difícil que uno no cuaje. Y en los dos goles dijo presente dando muestras de un arranque furibundo envuelto en un atrevimiento propio de la frescura caribeña.

El inicio del segundo tiempo caligrafiaba un escenario totalmente distinto al visto en la primera escena: Jaguares, decidido a ofrecer otra cara de la moneda, dio un paso adelante en el campo queriendo robar la pelota rápido y lo más lejos de su portería para adueñarse de ella, fraguar condiciones y herir a su rival. Órdenes talladas en el vestuario por un Hubert Bodhert intranquilo, deseando que los suyos salieran, por lo menos, a exigir y competir en el césped. Y el entusiasmo y la disposición así lo dejaron ver.

En 30 minutos de la segunda parte de situaciones de ida y vuelta, Rivera piloteó a Jaguares

Con Harold Rivera transformando la imagen suya y del colectivo, el juego pasó a desarrollarse en campo del local sin que los de Mario Alberto Yepes pudiesen desprenderse del leve control monteriano. El ya mencionado Rivera mejoró el destino de sus pases y congenió con un escurridizo Jeysen Núñez para desesperar a un Deportivo Cali que, poco a poco, fue víctima de la angustia de sentirse dominado. Comportamiento que creció a raíz del infortunado gol en propia puerta de Kevin Balanta que daba alas al visitante.

Las recurrentes faltas cercanas a Hernández propiciadas por la impotencia de no poder recuperar el esférico terminaron por lastrar y ensordecer al Deportivo Cali que vio como de nuevo tras un balón parado su arco era vulnerado y con ello la igualdad establecida en el marcador. Sufrió en exceso el juego aéreo, convirtiéndose cada pelota enviada al área en un interminable dolor de cabeza.

Los dirigidos por Mario Alberto Yepes no arrebataron, en casi todo el segundo tiempo, el mando del juego a su contrincante mientas sus delanteros no finiquitaban las que tuvieron para configurar una etapa complementaria inusual, nociva.

Una pelota le bastó a Juan Balanta para desequilibrar la balanza

Todo parecía quedar en tablas. No así para el infinito tesoro llamado cantera que suele titilar en tiempo de ocaso. A tres minutos de haber ingresado al campo, Juan Andrés Balanta fundo la apoteosis en todo el estado con una maniobra descomunal. Asistido por Sambueza, se deshizo de su marcaje con el primer toque en el primer balón que tocaba. Luego se plantó de frente al portero definiendo fuerte y arriba dejando sin posibilidades al portero Wilder Mosquera. Este imberbe jugador propulsó el desahogo de todo el estadio, logrando abstraerse de un clima tenso y exhibiendo un desparpajo propio del chico que en medio de la responsabilidad reluce la alegría que significa jugar, interactuar con la pelota.

El infinito talento de las fuerzas básicas permitía a Yepes hacerse con un triunfo cuando el laberinto no parecía encontrar salida. La prioridad inmediata, como él mismo ha manifestado, es embarcar al grupo en un nuevo camino hacia la disputa del título pese que ha tenido poco tiempo de intervención sobre lo heredado. Cumplir para luego dejar huella. Algo que sabe muy bien, pues es el último gran capitán.

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