Como reflejo al antecedente, merodeaban los 24 años de la última asistencia de una Selección Colombia a unos Juego Olímpicos. A Barcelona 1992 asistieron Miguel Calero, Jorge Bermúdez, Diego León Osorio, Harold Lozano, Faustino Asprilla, Víctor Hugo Aristizábal e Iván René Valenciano. Nombres potentes para cualquier chico colombiano. No era fácil omitir esos nombres por 90 minutos, sobre todo con la obligación de marcar primero para revertir el 1-1 en Barranquilla. Y Roger Martínez, casi un sistema ofensivo, alcanzó la gesta. 29 de marzo: fecha histórica para el fútbol colombiano.

Quedó demostrada la importancia con balón de Déiver

Respecto al partido de ida, Carlos Restrepo cambió. Déiver Machado, Guillermo Celis y Roger Martínez iniciaron en lugar de Cristian Borja, José Leudo y Andrés Rentería. Así entonces, Colombia se paró en suelo estadounidense con un 4-3-1-2 muy marcado. Sin embargo, el dibujo táctico tenía sus variantes. Andrés Felipe Roa, por ejemplo, interior izquierdo, marcó su posición abierta y 10 metros arriba. El hecho de no jugar estrictamente en línea con Celis y Barrios hacía énfasis en no obstaculizar la salida de balón, entregándole un papel conocido a Machado.

Colombia mostró desde un primer momento una actitud agresiva. Sin temor a algo, subió líneas, estiró a los laterales y presionó el saque del portero Ethan Horvath. Fue un escenario incómodo para Andi Herzog, porque justo había prescindido de Luis Gil para fortalecer el cerrojo. Tanto Preciado como Martínez regalaron robos arriba que si no fuese por la indecisión de ambos habrían acabado entre las redes.

Roger estiró hacia adelante el ataque

Toda la primera parte fue tricolor, asumiendo decididamente el control. La tocó mucho gracias a Barrios, Celis, Roa y Machado. Los cuatro ponían el balón arriba. Paciencia y muchos pases para crear los espacios. No se hicieron subordinados a Quintero. Sí a los desmarques al hueco, a las diagonales a la banda de Roger. El cartagenero fue una pesadilla noventa minutos para Payne, Miazga, Parker y Acosta.

La segunda parte ni sobró ni agregó. Fue la confirmación de varios indicadores: los problemas para salir en alto de Cristian Bonilla; la calidad defensiva de Yerry Mina; la profundidad de Helibelton Palacios; la creatividad en ambos campos de Déiver Machado; la intensidad de Wilmar Barrios y Guillermo Celis para sostener un plan; la evolución táctica de Andrés Felipe Roa; el talento de Juan Fernando Quintero que le bastó dos minutos para inventar una ocasión clarísima y la jugada de gol; la insistencia de Harold Preciado; y, por supuesto, la pinta de crack de Roger Martínez.

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