El castigo que sufre el Deportivo Cali defensivamente, tanto en transición como en parado, por culpa de Andrés Pérez, parece llegar a un punto insostenible. Lento, desordenado, impreciso y pesado; de esto parece contagiarse el verde azucarero sin balón. No hay duda de lo que significó Pérez desde su llegada en 2009 y, sobre todo, en el último título. Ese peso jerárquico llenó, comandó e inspiró a un grupo de kínder que le temía a la gloria, al peso de la camiseta verdiblanca. Sin embargo, de manera infortunada, actualmente es más lo que resta tácticamente el mediocentro bogotano.

La última prueba está en el partido frente a Atlético Nacional en el Atanasio Girardot. El Deportivo Cali pudo aumentar la bolsa de goles si no fuese por sus malas decisiones para salir rápido. Lastimó dos transiciones ofensivas que pudieron transmitir mayor peligro. Lo mismo en fase de salida de balón: quitándole cuota de balón a Christian Rivera y retardando dos o tres tiempos ataque tras ataque. Y, por último, lo que persiste del semestre pasado: el desorden táctico. No es falso que el Cali sufre una debilidad fornida en el área, como tampoco corriendo hacia atrás. La lectura defensiva (para llegar a la cobertura, medir el punto exacto a meter el pie, bascular coordinadamente, etc.) de Andrés es el lunar del sistema. Antes Pérez compensaba dos pérdidas con tres recuperaciones; hoy lo desnivela con tres pérdidas y dos recuperaciones. Es más un problema que una solución. Es una decisión delicada para Fernando Castro que puede quebrar corazones… pero fortalecer sensaciones.

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