Ayer Juan Fernando Quintero jugó en una baldosa. Pero no en el sentido tradicional, que dicta que jugar en una baldosa es para quienes atesoran muchísima calidad y son capaces de hacer mil florituras en un espacio reducido. Para Juan Fernando Quintero, que tiene talento de sobra, no fue así contra Estados Unidos durante el primer partido de la eliminatoria para los Juegos Olímpicos de Río 2016.

El pequeño mediapunta colombiano jugó en una baldosa porque su equipo redujo el espacio disponible para llevar a cabo su puesta en escena. Colombia careció de amplitud y profundidad para hacer daño al sistema planteado por los norteamericanos en el Estadio Metropolitano de Barranquilla. Y así, sin nadie a quien dársela ni a la izquierda ni hacia arriba, la tricolor se complicó su pase a la cita de mitad de año en Brasil.

Colombia saltó al césped con Bonilla bajo palos; Sánchez y Mina en el centro de la zaga, flanqueados por Borja y Helibelton Palacios; Wílmar Barrios y Leudo en el doble pivote; Quintero y Roa como mediapuntas, y Rentería junto a Preciado en el frente de ataque.

Mientras tanto, Estados Unidos presentó como titulares al portero Ethan Horvath; Kellyn Perry-Acosta, Matt Miazga, Tim Parker y Eric Miller en la defensa; Emerson Hyndman, Luis Gil, Wil Trapp y Matt Polster en el mediocampo (cuatro pivotes al uso), y Mario Rodríguez con Jordan Morris en la delantera.

Sin Déiver la dinámica por izquierda no existió

El averío de Colombia se previó desde que Piscis Restrepo, su director técnico, privó al sistema de amplitud cuando optó por Roa como segundo mediapunta y, sobre todo, cuando alineó a Borja de lateral izquierdo en detrimento de Déiver Machado.

Lo segundo pesa más que lo primero porque Machado ha demostrado ser el lateral más imaginativo y técnicamente capaz del fútbol colombiano, lo que hubiese dado a Colombia una solución fiable por fuera para evitar un atasco en la zona del centro, que fue lo que pasó.

El planteamiento local facilitó la tarea de Estados Unidos, cuyos cuatro centrocampistas iniciales fueron volantes de marca naturales que se prodigan defendiendo en el eje del campo.

De esta forma, como Roa se iba al centro para tocar, y como Quintero se escoraba a la derecha para tener más rango de envío, este debía buscar una opción de pase en la banda contraria para girar al rival, pero ahí se encontraba Borja, quien no demandaba la atención especial que sí hubiese exigido Déiver.

Preciado marró movimientos y ocasiones

Eso a lo ancho. Y a lo largo, la tarea de Harold Preciado no fue productiva debido a sus constantes errores de timing, a su escasa movilidad y a su desacierto rematador. En general, el partido del ariete del Deportivo Cali pudo ser mejor en todas las facetas más allá de sus toques en la frontal del área contraria, donde sí brilla con luz propia.

El caso es que Colombia, sobre los 30 minutos, cuando ya perdía 0-1, realizó su primera sustitución, una declaración de fracaso del primer planteamiento, y una señal de apuro. Así, Piscis retiró a Leudo para dar ingreso a Jarlan Barrera y dejar la gestión del primer pase a Wílmar Barrios en solitario más la ayuda esporádica de alguno de los mediapuntas.

Entrevista de Luis Fernando Anaya.

Y esa sustitución le entregó el mando a Colombia. Jarlan alternó recepciones al pie con desmarques cortitos y eso le dio vida a Quintero, necesitado de un socio constante. En ese tramo final del primer tiempo no cayó el gol del lado de Colombia, precisamente, por la (desacertada) labor de Preciado, y la no-comparecencia rematadora de Andrés Rentería, quien sí ofreció varias cosas cuando se escoró a la banda izquierda, pero no suficientes para ser una fuente clara de dominio.

A pesar de la mejoría, Colombia seguía sin tener ni amplitud ni profundidad. El empate tuvo que esperar hasta la entrada de Rafael Santos Borré, quien con un desmarque de ruptura evidenció los problemas que tenía su equipo, y, de paso, provocó un penalti. Gol de Quintero y 1-1.

Sin embargo, cuando parecía que Borré iba a resolver el lío, justo ahí, se lesionó. A la par, Quintero y Jarlan perdieron oxígeno, y la lentitud y la chatez se apoderaron del encuentro de nuevo.

Los últimos 90 minutos pintan complicados

Colombia, una vez Quintero y Jarlan dejaron de correr por la fatiga, se quedó sin vida hasta el próximo martes, cuando juegue en Texas la vuelta. Allá contará con Guillermo Celis, que deja la absoluta para incorporarse a la causa del Piscis. Si la tricolor corrige las dos taras que le privaron de someter a Estados Unidos ayer, tendrá oportunidad. Pero si sigue empeñada en no emplear productivamente todo el rectángulo de juego, será complicado. Muy complicado.

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