Marlos Moreno estaba fresco. No llevaba ni diez minutos en la cancha cuando recibió, casi resbalándose, un cambio de frente de James. En ese momento, el juvenil se volteó, se deshizo de un rival y comenzó a correr. Cuando llegó a las cercanías del área, Luis Fernando Muriel arrastró marcas con un movimiento y abrió espacios. La mesa estaba servida para que el extremo rematara. Sin embargo, en una jugada muy impropia de un jugador de 19 años, Moreno vio llegar a Edwin Cardona con mayor comodidad para tirar al arco y le pasó el balón. El del Monterrey, con la frialdad de un goleador experimentado, mandó el balón al fondo de la red y le dio a Colombia el 2-3.

El juvenil activó los circuitos de un equipo que estaba desgastado, un conjunto que tenía piezas que ya no trabajaban al mismo ritmo. Los dirigidos por José Pékerman, después de un primer tiempo brillante, perdieron el orden y la creatividad. Bolivia tomó un segundo aire y, sin hacer un gran esfuerzo, logró remontar un 0-2 en contra.

Dominio tricolor

En el primer tiempo, Colombia dirigió todos sus esfuerzos a evitar que Bolivia anotara. En ese contexto hubo dos hombres cuyo rendimiento destacó por encima del resto en un equipo que, en general, jugó bastante bien en esta etapa.

El primero fue Óscar Murillo, debutante con la tricolor y de trabajo visible, que estuvo correcto en los anticipos, se atrevió a salir jugando y cumplió en las coberturas. El segundo fue Daniel Torres, de labor silenciosa, que ordenó el centro del campo, cumplió en marca y cubrió las espaldas de Pérez y Celis cuando no retrocedían a tiempo o cuando estaban en donde no debían.

Debe destacarse también el rendimiento de James Rodríguez. Sin lugar a dudas, el 10 del Real Madrid volvió a figurar en el equipo tricolor y fue determinante en las pocas veces que apareció. La calidad de sus toques y de sus remates llevó a Colombia a anotar los dos goles con los que tomó ventaja en el primer tiempo. En la primera anotación fue un remate en espacio reducido que terminó entrando por la esquina inferior del arco boliviano. En la segunda, un centro bien dirigido que complementó un control de Bacca dentro del área.

Asimismo el trabajo de Medina, Pérez y Cuadrado. El primero sacando limpio el balón desde atrás, el segundo llevando al equipo al campo contrario y el tercero manteniendo el esférico lejos del arco de Ospina. Esto fue fundamental porque fue ahí donde Colombia logró respirar para esperar de nuevo la arremetida del rival.

Desgaste y desorden

La segunda mitad fue caótica para Colombia porque le comenzó a pasar factura la altura. El equipo se descompensó y le cedió el terreno a un rival que explotó las bandas, sobre todo la que correspondía a Farid Díaz y a Guillermo Celis. Lateral y volante comenzaron a llegar tarde a las jugadas, producto del desgaste, y los bolivianos aprovecharon esta situación para probar a Ospina. Asimismo los centrales ya no estaban tan concentrados como en la primera mitad y por eso llega el penalti del descuento boliviano, un resbalón de Óscar y una reacción tardía de Jeison.

La situación se complicó más para Colombia cuando salió Sebastián Pérez y entró Edwin Cardona. El jugador del Monterrey no iba a cumplir la misma función que el de Atlético Nacional, razón por la cual Celis y Torres debían repartirse de nuevo el centro del campo. Allí fue donde el rodaje del partido pesó más porque los jugadores ya no estaban en la misma capacidad física para cubrir con la misma intensidad los espacios que debían.

Sin embargo, Pékerman se la jugó toda por la sensación de la Copa Libertadores, por el jugador que es un acontecimiento, por aquel que representa lo que es nuestro fútbol: Marlos Moreno. El juvenil ingresó al campo del Hernando Siles para jugar por primera vez con la Selección Colombia y bueno, el resto ya es historia.

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