Tras un empate y una derrota, Independiente Santa Fe debía afrontar su visita a Chile por la 3ª fecha con el objetivo de los tres puntos para cuadrar caja en la Copa Libertadores. Cierta visita no parecía ser cómoda, ni mucho menos, pues Santa Fe contaba con las bajas de sus cuatro laterales nominales (Sergio Otálvaro, Yulián Anchico, Leyvin Balanta y Juan David Valencia). Gerardo Pelusso, como medida de solución, estrenó sistema. 5-2-1-2 fue el dibujo inicial por el que optó el entrenador uruguayo. No el final. Por causalidades y circunstancias del envite.

Santa Fe no arriesgó demasiado desde la propuesta

La primera observación del sistema dejaba entrever, lógicamente, que había un futbolista menos en cada banda. Todo el juego exterior recaía en Juan Daniel Roa y Cristian Borja, los carrileros. Santa Fe no abusó de los pasillos laterales para administrar sorpresa cuando su ataque posicional, comandado por Sebastián Salazar y Luis Manuel Seijas, lo requiriera. Y así fue. Así surgió el 0-2. El rojo atacaba o defendía con un jugador menos por fuera, lo cual se veía en la tarea de armar una línea de cinco atrás y poblar el medio para obligar a Cobresal al recurso del centro lateral. Santa Fe dominó cada centro, excepto el 1-2 –procedente de una pérdida de Gordillo–, con Barreiro, Mina y Tesillo en el área. El rival casi nunca remató con ventaja.

Como comentábamos, el ataque posicional cardenal se enfocó en las aportaciones de Salazar y Seijas. El bogotano, que es un especialista para superar marcajes con pases, empujando la salida de balón, mientras el venezolano, que está interpretando el juego mejor que nunca, administrando los apoyos en todo el ancho del campo rival para jugar en corto. Santa Fe ganó poso y manejo a partir de los dos. Cobresal no consiguió cortar las dos raíces de juego con balón rival. El rojo se sentía a gusto tocándola si estos dos hacían parte, sobre todo con un Carlos Ibargüen activo fuera del área gracias a la compañía de un segundo delantero como Anthony Otero.

Por último, Santa Fe regaló la imagen más sobria y madura del encuentro con, nuevamente de protagonistas, Salazar de interior derecho y Seijas de interior izquierdo. Con el 0-2 en el electrónico, el jugador de menos y el desgaste físico expuesto, el equipo reposó sobre las espaldas de ambos. Pacientes y pausados, cuidaron cada posesión como si fuese la última. Ofrecieron argumentos para creer que el nuevo sistema es ideal para ambos.

One comment

  1. Esto es lo que pasa con los entrenadores tacaños. Solo una urgencia los obliga a cambiar, nunca lo que es obvio, y cuando lo hacen se dan cuenta que lo obvio era lo razonable.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *