Desde los tiempos de Adolfo León Holguín, Alianza Petrolera obró uno de los sistemas defensivos más maravillosos que ha vivido el fútbol colombiano. Superar a Alianza Petrolera no era tarea fácil. Requería de una preparación especial entre semana para romper un diseño rocoso, férreo. Alianza Petrolera tenía en su estructura defensiva el antídoto a cualquier ataque nacional. Y si los rivales conseguían sobrepasar esa barrera, en la portería respondía Ricardo Jerez. Pero ahora todo cambió. El equipo aurinegro perdió a cinco de sus seis armaduras. Hoy son débiles donde hasta hace menos de un mes eran fuertes. 13 goles en contra, tanto en Liga como en Copa, que se han repartido en todos los juegos. Esa es la peor noticia: permeable juego tras juego.

Para empezar, la defensa del área es frágil. La sensación de remate por el rival está. Durante el último par de años, Felipe Aguilar confeccionó, junto a David Valencia, una pareja que otorgaba escasas ventajas en el disparo. Sin ofrecer tiempo a armar la pierna o tapando el ángulo de remate, el rival disminuía sus números promedio en cuanto a disparos al arco. Y de la medialuna hacia adelante, era más de lo mismo por Víctor Castillo. Pero de eso no queda rastro. Ahora el oponente chuta. Y cómodo.

Felipe Aguilar, la primera piedra del muro

Al recordar la solidez de aquel equipo, Aguilar obliga a realizar una escala. El mariscal de la zaga maneja muchos registros de centralazo de los cuales se benefició todo un colectivo. Con la típica postura recta, le fascinaba meter la pierna, salir del área y, sobre todo, deslizarse para el quite. Eran situaciones muy poco frecuentes, pues Alianza Petrolera atesoró un ataque posicional de calidad con Rafael Carrascal, Juan Pablo Nieto y Mateo Fígoli que, de una u otra forma, admitía pérdidas de balón.

Upegui continuó el proceso de Holguín con ciertos retoques

En cuanto a la función de los laterales, Óscar Upegui tenía un rol distinto para cada uno. Deivy Balanta, el lateral más rígido y lento, no tenía permitido ir a la intercepción por su dificultad para recuperarse; Felipe Banguero, por lo contrario, sí. Si Banguero perdía el enfrentamiento, como solía ocurrir al ser un defensor propenso al fallo, compensaban Víctor Castillo en la ayuda, los centrales en el área o Balanta cerrando en el segundo palo el centro lateral. La superioridad de Alianza Petrolera en campo propio era evidente.

No obstante, debemos focalizarnos en Víctor Castillo. Su figura fue capital en la fórmula. Su físico le permitía a Carrascal desarrollar la función de mediocentro participativo y soltar a Banguero en el carril izquierdo. Castillo, posteriormente, centralizaba su posición para compensar la escapada del lateral zurdo y, de paso, para mostrar toda su carrocería. Chocando, barriendo o achicando, pero Víctor asustaba. La segunda piedra del sistema por detrás de Felipe Aguilar.

Por siempre recordaremos el 4-2-3-1 en defensa posicional que Holguín testó y Upegui, el que fuese su asistente técnico, heredó. La pesadilla de los gigantes a la hora de penetrar en esa gran muralla. El espacio inexistente del mediapunta. Los entrenadores son conscientes de los días de trabajo que demandó. Y, pese a ello, quedará en la memoria de la institución clasificar por primera vez en la historia a una fase final de Liga. Adiós, Alianza.

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