La mano del técnico no se ve tan solo en lo que se trabaja entre semana. Hay momentos decisivos, una vez en los 90 minutos, en que los técnicos tienen que demostrar que saben de fútbol. Juan Fernando Santa lo hizo. Cuando peor jugaba el Huila, hizo dos cambios para reorganizar el mediocampo opita y así poder plantarse fuerte ante el poderoso.

En El Dorado ya nos hemos explayado suficiente en lo que el conjunto de Leonel Álvarez puede ofrecer en ataque. Tiene jugadores de mucho talento en sus filas; talento individual y colectivo. Ahora, Santa tuvo que borrar el tablero y repensar el partido a los 30 minutos del primer tiempo. Esto porque al Medellín no se le puede ceder el mediocampo. Regalar ese sector del terreno es ir a un baile sin los zapatos adecuados.

El DIM doblegó al Huila en la primera media hora

El equipo paisa en esos primeros 30 minutos era un vendaval de fútbol. Hechalar tenía loco el sector izquierdo del Huila y, ante el engaño de jugar por ese lado, Johan Arango llegaba solo por el costado derecho del conjunto de Santa.

Los cambios surtieron efecto. El Huila pobló el mediocampo y empezó a dominar al DIM. Atónito estaba Leonel, quien le pedía a sus jugadores que retrocedieran en bloque. Este es un aspecto muy interesante del equipo de Álvarez. Cuando peor la estaba pasando, es decir en los últimos 15 minutos del primer tiempo, se veía en el recuadro las dos líneas de cuatro, con muy poco espacio entre ellas y defendiendo a muerte el arco defendido por González. Pero eso no es lo único. Mao Molina y Caicedo también pasaban, en varias ocasiones, la línea del balón para darle una mano a sus compañeros.

Al Huila no le bastó con poblar el mediocampo

Sin embargo, esta era una lucha desigual. El Huila logró contener y en varios pasajes dominar al Medellín, pero ante un equipo de este talante no se pueden cometer ningún tipo de errores. Y el Huila cometió uno que cambió el rumbo del partido para siempre.

Ante esta negativa, los dirigidos por Santa entraron en la impotencia. No sabían cómo romper el cerrojo defensivo contrario. El poderoso, por su parte, le entregó el balón al rival y espero a que se volvieran a equivocar.

Al Medellín aún le falta juego colectivo. Varios de los partidos que ha ganado este semestre han sido gracias al nivel individual con el que cuenta. Todavía no se ve un equipo que someta al rival, que lo ponga contra las cuerdas y lo golpee una y otra vez. Seguramente con el rodar del torneo y el regreso de Marrugo, Leonel logre crear una bestia que cuando entre al terreno sólo se dedique a propiciar golpes llenos de anestesia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *