Sonreír viendo fútbol colombiano es una sensación inigualable. Es emocionarse al observar algo magnífico que, por ser excepcional entre tantas carencias, adquiere una dimensión distinta, de otro calado.

La Copa Libertadores es el escenario perfecto para eso: es el torneo de Pelé, Riquelme y otras leyendas que casi en solitario obraron hazañas delirantes para su gente. En esta competición brillan con muchísima fuerza los que son especiales. Y ayer Marlos Moreno, que la partió toda, cegó a Sudamérica.

En las pantallas colombianas sintonizamos el partido para ver a Ibarbo en Nacional. Y resultó ser que Marlos, regate tras regate y pase tras pase, se fue adueñando del encuentro y de las miradas. De la mía, por lo menos.

Moreno aún no había asistido a Berrío en el segundo gol cuando un miembro de la redacción de este espacio me dijo por WhatsApp: «Marlos es mejor que Borré«. La afirmación me chocó y le dije que estaba loco. Y eso que ahí ya había hecho un golazo, había regateado mil veces, y había mandado un balón al palo.

Pero lo que vino después fue lapidario: la recibió por dentro, al pie, se meneó un poco, vio a Berrío corriendo a la espalda de la defensa de Huracán, y la filtró entre central y el lateral izquierdo contrarios. El toque fue tan preciso y su lenguaje corporal tan nuestro que quedé derrotado. Marlos Moreno es un acontecimiento.

No entraré en estadísticas. Que sí, que hizo un gol y una asistencia, que completó muchos pases y aún más regates, pero lo bonito fue la sensación. Las repeticiones de lo que obraba. Y eso es de nosotros. La emoción fue nuestra.

La semana pasada, en menor medida, fue Baldomero Perlaza. Anoche fue Marlos Moreno. Y hoy esperamos a Borré. Que siga el fútbol. Que siga.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *