Existen dos escenarios posibles para el ataque del Independiente Medellín. El primero, el mismo de la temporada pasada: Daniel Torres metiendo atrás al rival. Entonces el DIM se encomienda a Torres y sus pases, y se organiza a través de él. El segundo escenario, la novedad, es Mauricio Molina. Sus inventos al borde del área son fuente importante de riesgo a favor del Medellín.

Hay director de orquesta y hay solista. ¿Pueden convivir? Ahora mismo no hay mayor preocupación para Leonel Álvarez que resolver el acertijo. Por ahora Molina y Torres no parecen ensamblar. Basta con ver la distancia en la cancha entre los dos. Mientras Torres orquesta los primeros compases del ataque del equipo, Molina está más próximo al área rival, como esperando a una pieza musical que ya ha echado a rodar. No participa en ella a manera de compositor. Molina es puramente intérprete. De los mejores, por supuesto, pero intérprete y nada más. Su partitura no es introductoria; es concluyente.

Para que Molina y Torres coexistan, ensamblen, tanto Arango como Hechalar no han sido suficientes. Ahora mismo ninguno está enfocado a labores asociativas y, en su defecto, a ayudar a Mao a participar activamente en el juego. De Goma Hernández es muy difícil esperar semejante labor. No parece ser su especialidad.

¿Quién hará las veces de ensamble en este DIM, como lo fue David Montoya en 2003? Todo apunta a Christian Marrugo. Su fútbol es precisamente eso: ensamblar. El DIM no podrá ser juzgado plenamente hasta no saber lo que Marrugo se traiga entre manos. Si Marrugo resulta capaz de cumplir el rol de David Montoya, resolverá el acertijo. Cuando Montoya trabajó en función de Mao, hizo de él un crack de talla continental. Si Marrugo hace lo propio, podremos estar ante uno de los goleadores del torneo.

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