El cotejo de octavos de final en la ida ante Roma es muestra, una vez más, de que James pegado a la cal limita sus maniobras. Su poca habilidad para el desborde le resta protagonismo y profundidad a su equipo. En la primera mitad, el colombiano tuvo poco peso en el juego. La línea de cinco jugadores que puso Luciano Spaletti en mitad de campo anestesió a Rodríguez. El hecho de estar corriendo por un solo carril y carente de una ruta distinta, incluso sin atajo, taponó las subidas de Carvajal.

James como extremo derecho aportó poco a su equipo

James, después de estar atorado en banda, encontró respiro minutos antes de cumplirse la hora de partido cuando jugaba en el medio y Cristiano marcaba el tanto que descosía el encuentro. En el siguiente cuarto de hora, Real Madrid consiguió tener mejor uso del cuero a pesar del ritmo de ida y vuelta en el que se encontraba el juego. Rodríguez llenaba los vacíos y podía moverse con libertad, pues Kovacic ingresaba por Isco y el nexo entre medios, Cristiano y Benzema quedaba en sus botas.

Para tranquilidad de James, la vuelta de Bale está cerca y el puesto de extremo derecho va a ser intocable. Por otro lado, sólo queda en disputa la posición de interior izquierdo entre él e Isco. El español pareciera adelantarle en la lucha, pero anoche en el Olímpico, Zidane dejó en cancha a James pese a que éste no hacía un buen partido. La razón, quizá, la precisión de ejecución y capacidad para entregar pelotas con aroma a gol que tiene el colombiano.

La gran desventaja que tiene James Rodríguez es la exigencia física que requiere jugar en esa posición y él aún no está a tope. Sincronizar le cuesta, tanto, como para perder el cupo en el once titular.