Carlos Bacca encuentra comodidad entre los centrales rivales. Ni en las bandas, ni en el centro del campo, ni en ningún otro lugar de la cancha el delantero colombiano logra aprovechar sus virtudes para determinar partidos, series y hasta finales como lo hace en zona central de los últimos 35 metros de la cancha.

Su crecimiento como futbolista ha sido impresionante, sobre todo si tenemos en cuenta que en muchas ocasiones el contexto que lo ha rodeado no ha sido el más favorable. Si bien Bacca no es un jugador que cargue con todo el peso de su equipo cuando las cosas no salen bien, a él le basta con que sus compañeros hilvanen una jugada desde el centro del campo. Cuando recibe el balón entre los centrales, Carlos no perdona.

En Barranquilla, Brujas y Sevilla, Bacca es una referencia obligada

Los movimientos de Bacca sin balón son determinantes en la medida en la que sus compañeros sepan aprovecharlos. El atlanticense ata, por lo menos, a uno de los centrales rivales y libera un espacio ahí porque hace que el contrario salga de su posición para marcarlo. Un ejemplo de ello se dio cuando Carlos jugaba en Sevilla y visitó al Barcelona en abril de 2015. El artillero sacó de su posición a Gerard Piqué durante todo ese encuentro y le abrió espacios a un Vitolo que estuvo impreciso y no aprovechó las oportunidades que se generaron por los movimientos de su compañero.

Con balón, Bacca es dinamita pura, especialmente cuando solo quedan frente a él los defensores y el portero. Carlos controla, engancha, acelera, corre y remata, esa es su jugada. Normalmente a los rivales les cuesta frenarlo porque sus movimientos son muy rápidos y mecanizados. Siempre sabe qué decisión tomar.

Si su equipo no lo busca, Carlos no aparece. Él no influye cuando arranca desde atrás

En el Milan, Bacca está tomando el testimonio de Zlatan Ibrahimovic. Al comienzo le costó adaptarse al conjunto rossonero porque estaba jugando muy lejos de los centrales, allá donde pesa muy poco y su generación de ventajas es nula. Sin embargo, el paso del tiempo y los cambios de Siniša Mihajlović lo fueron acercando a su mejor posición, a su punto máximo de confort, y allí comenzó a ser influyente.

El juego directo empleado por el Milan le ha facilitado las cosas a un Carlos Bacca que recibe el balón entre los centrales o entre líneas para enganchar, acelerar, correr y luego rematar. En ese contexto, el colombiano aporta mucho a un equipo al que le cuesta mucho elaborar jugadas de peligro ya que con sus jugadas lograr asistir o anotar.

También ha encontrado buenos socios como Bonaventura o Niang que ya conocen sus movimientos y saben hacia donde moverse cuando él tiene el balón o simplemente cuando está delante de ellos.

En la medida en la que siga engranando esa sociedad, el Milan se va a volver más peligroso

El defecto más grande de Bacca es, como ya lo dije, no aparecer cuando el equipo está carente de ideas. Sin embargo, si Carlos está en su punto de confort, en su zona de comodidad, solo basta con que le llegue una bola limpia para generar fútbol y para hacer gozar a los aficionados de su equipo.

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