Denominar a James Sánchez como un centrocampista distribuidor entra a la baraja de opciones válidas. Sin embargo, del último lustro para acá, se ha caracterizado por sobre todas las cosas en organizar. Uniautónoma es el espejo que en los escasos pasajes de juego con balón, Sánchez ordenaba el ataque con constantes participaciones, dotando de calidad tanto la transición como la pérdida del balón. Sus pases daban oxígeno. En detalles así, tan escondidos en el juego, reflexionaba Gustavo Cuéllar, casi en una tercera jugada tras originar la ventaja de la inmediata. Analíticamente, lejos de cualquier otro centrocampista de primera línea en Colombia.

Sin Gustavo Cuéllar, Junior pierde cierta identidad con balón

“Alabado sea el Junior de Barranquilla que emociona al pueblo colombiano”, frase célebre de Juan Mercado que quizás pierda valor y constancia sin el pelirrojo que enamoró a Agustín Garizábalo. Junior acostumbró al balompié colombiano a un fútbol distintivo que posiblemente con James Sánchez pierda atributos naturales, pero las particularidades principales quedarán vigentes con el barranquillero ocupando la posición de Gustavo Cuéllar. Tensión en el pase, disciplina defensiva y línea de pase trasera en pos de mejorar la circulación. Todo con un grado menor de ritmo y rapidez al de Gustavo. En resumidas cuentas, el equipo conservará patrones consolidados desde el arribo de Alexis Mendoza a la dirección técnica rojiblanca. Recordemos, un sistema que se afirmó en Cuéllar.

Abrimos el primer párrafo ponderando la distribución y organización de James Sánchez. No obstante, no es un especialista creando jugadas en el desierto. Sánchez es capaz de destrabar o sacar partidos esporádicamente con golazos, no de ganarlos con detalles puntuales, sobre todo ahora que tendrá más responsabilidades. Ni mucho menos no las tenía en Uniautónoma, pero de los tres centrocampistas centrales era quien más sentía la pelota y quien mayor libertades tenía. Convivir en un sistema muy distinto no contempla una adaptación fácil, aunque en los dos primeros juegos por Liga haya demostrado ser uno más del cimiento posicional.

Entre las alternativas del mercado, James Sánchez se perfilaba como el más óptimo para suplir a Gustavo Cuéllar, tanto física como técnicamente. En lo primero, es un mediocentro que hace de su intensidad sostenible y no pierde comportamiento defensivo por más alto ritmo de juego. En lo segundo, como factor identificativo del tiburón, no desentona en muchas tareas que requieren balón y temple. Es decir, Junior no perderá esa singularidad de que los pivotes cambien de costado según lo que reclame el contexto o la jugada. La esencia estilística persistirá.

James también es un conductor en salida como Gustavo

Como indicador no menos importante, Sánchez ha evolucionado. Giovanni Hernández se enfocó en hacer de la conducción su tercera cualidad más importante por detrás de la capacidad distributiva y organizativa. De hecho, jugando en el carril central, James debía decidir entre soltar o avanzar, y con una nueva virtud, comenzó a progresar por cuenta propia. Sin la zancada de Cuéllar, Sánchez se convertirá en un recurso para superar presiones altas, cerrojazos o marcaciones individuales.

Los rivales pensarán por Roberto Ovelar, Vladimir Hernández, Jarlan Barrera y James Sánchez. Para beneficio del último resaltar a Jorge Arias, quien le permitirá subir un par de peldaños en salida de balón y actuar desde arriba. Lo suyo es sentir la posesión. Lo suyo son los toques en campo ajeno. Gallarda apuesta de Alexis Mendoza. En cuanto a identidad futbolística, Junior seguirá siendo Junior.

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