¿Al delantero centro de Atlético Nacional se le piden expresamente goles? Podría responderse con un “sí” si nos refiriéramos al último campeón; sus números lo avalan. Jefferson Duque vivió momentos difíciles en el mundo del fútbol; las lesiones no le permitían jugar y competir con regularidad. Sin embargo, la llegada de Reinaldo Rueda al banquillo verdolaga le entregó el traje de nueve por encima de Luis Carlos Ruiz. Un Ruiz que, no me canso de repetirlo, dominó ciertos partidos de la Copa Libertadores 2015; no la fase de grupos entera como Yulián Mejía. Aquí fue cuando Duque confirmó con 15 goles su estatus.

Comencemos a hablar de Jefferson Duque. Su conducta móvil en el verde es simple; pasa casi a un grado desapercibido. El antioqueño vive más de un 70% del tiempo de juego en el área rival; es decir, en su hábitat. Es allí donde Duque transforma cualquier pelota en un grito de gol. No está en duda su habilidad y puntualidad rematadora. Aunque fuera del área no sobra su participación, entre comillas, es capaz de responder si la jugada le pide jugar de espaldas, pues su físico y su envergadura son factores fundamentales para aguantar el esférico, soltarlo y acudir a zona de remate. Él no piensa, sólo actúa por instinto natural goleador. Todo lo realiza en función del gol.

Duque manejas más registros dentro que fuera del área

Probablemente erre diciendo que Duque juega para anotar, así que corregiré diciendo que lo realiza prácticamente todo para ello. En este sentido entra un detalle relevante, además de su juego de espalda como herramienta a exiliar presiones altas y embotellamientos interiores: su comportamiento con los centrales. Jefferson suele fijar su referencia entre susodichos, entre ambos. Y esto se considera una ventaja o igualdad física, mas no numérica, debido a que su presencia tácticamente se acepta como jugar con dos nueves. Duque compensa matices que van indirectamente relacionado con el juego.

Apartándonos de los números goleadores, la presencia en el área y la potencia de Jefferson Duque, ahondemos en el campo verdolaga. Evidentemente, Atlético Nacional no necesitaba que su nueve aportara cosas más allá de goles, teniendo a disposición la posición de Yimmi Chará, la inteligencia de Macnelly Torres, el desborde de Marlos Moreno y la intensidad de Sebastián Pérez. Gran parte del gol se cocinaba por detrás del rematador. No obstante, rivales como Junior, Cali e Independiente Medellín, todos en playoffs, pusieron en duda esta teoría. Lo mismo Patriotas y Uniautónoma, éstos por fase regular. Nacional requería tejer juego con su delantero centro; pero éste únicamente respondía con devoluciones de espalda. La maquinaria no terminaba de funcionar eficientemente, y las sensaciones fueron ligeramente en declive.

Este semestre será la evaluación del sistema verdolaga, un equipo que mezcla juego interior, dominio de la posesión y, sobre todo, fortaleza contragolpeadora. Puede que suene ingrato, pero el gol como sinónimo de vida no lo es todo en el fútbol; también el juego. Y para esto, en función del propio, no hay nadie mejor que Luis Carlos Ruiz. Probablemente, Atlético Nacional hará más y mejores cosas. En resumidas cuentas, el verde jugaría… ¡mejor! Sí, increíble. Que quede como demostración su sobrada actuación ante el Deportivo Cali por la Superliga.

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