James Rodríguez volvió a montarse en la nave blanca el domingo pasado contra el Espanyol en el Santiago Bernabéu. Y en su regreso al viaje luego de una ausencia más prolongada de lo previsto le tocó el puesto derecho de la fila delantera. Ese asiento lleva estampado el nombre de Gareth Frank Bale, el jefe de la tripulación durante los dos últimos meses de travesía merengue.

El galés volverá pronto, y vista la determinación con la que ha jugado los últimos 60 días de competición, más la gran cantidad de goles y jugadas que produce por sí mismo, sumado a su inminente ascenso, por fin, al estatus de El crack del Real Madrid, la situación parece clara: el debate de “¿James o Bale?” está enterrado.

Se llegó a decir que el mejor Madrid era el del 4-4-2 de Isco y James

Porque la discusión existió, y ocupó tertulias en cafés y bares, en espacios tanto reales como virtuales. Porque el Madrid barrió al Barcelona en el Bernabéu con James e Isco y no con Isco y Bale. Y porque días antes maravilló al mundo desde Anfield, prodigio del colombiano incluído. Y porque luego, cuando el 10 se lesionó y el 11 jugó de nuevo, el Real perdió el norte, y casi que así, la temporada.

El tema tiene trampa, está claro. Calificar de definitiva la ausencia de James más la presencia de Bale para encontrar una razón fija al “fracaso” del Real Madrid la temporada pasada no tiene lugar. Muchos más factores confluyeron (la suerte, un detalle nada menor, por ejemplo) para que el por entonces equipo de Ancelotti no besara metal en mayo-junio, y uno de esos sí fue el indiscutible bajo rendimiento de Gareth, pero no fue el único. Para nada.

Hoy, en cambio, mirar con recelo a Bale es estrellarse contra la realidad. El ex-Tottenham lidera el promedio de productividad de goles y asistencias en Europa, ha aparecido en momentos puntuales (adelantó al Madrid en Mestalla, tiró del carro en el Sánchez Pizjuán, se inventó goles que no fueron en el 0-4 contra el Barcelona), y su incidencia sobre el juego del Madrid es, luego de tanta espera, la de una figura de talla mundial.

Entonces, con semejantes cartas en la mano de Bale, ¿dónde queda James? La pregunta es legítima teniendo en cuenta que hubo quien pidió la cabeza del de británico y un trono para el cafetero. Pues bien: vale la pena recordar que durante un puñado de partidos, cuando Carlo dirigía, Rodríguez y Bale convivieron bien. ¿Pasará lo mismo bajo las órdenes de Zizou y con este nuevo y mejorado Gareth?

James va a donde el equipo lo requiera

En un principio, no hay razón para pensar que no se pueda. Si algo tiene James es voluntad de servicio. El ex-Mónaco no tiene problema en agachar la cabeza e ir a donde el equipo lo necesite, porque es consciente de su lectura y su calidad en prácticamente todas las parcelas del campo, así como tampoco duda en acaparar las miradas y robar el aliento de los espectadores con acciones propias de elegidos.

El asunto radica en el reparto de espacios que planee Zidane para ambos, y qué tanto protagonismo pretenda otorgar el francés a Isco. Pero, a priori, contar con James y Bale dispuestos a romper a jugar no puede ser negativo de ninguna forma. Jamás habría sido tan positivo tener dos pies izquierdos así.

Si Bale se acerca a Modric para tocar, James se alejará buscando espacio para una recepción entre líneas que quiebre al rival. Si Bale pica a la espalda del contrario, a buen seguro que el mejor envío desde el centro del campo será el que le dé Rodríguez. Y si quieren combinar en corto, la atracción de sus zurdas será magnética y generará un aclarado que Cristiano no va a desaprovechar.

Isco irrumpe con más fuerza que nunca en la ecuación

Está por verse, ya la idea y el ritmo que ha propuesto Zinedine en sus pocas semanas como míster blanco hace pensar que aunque los dos se puedan ver cómodos en ese contexto, sólo uno podrá amasar pelota en el último cuarto de cancha, y el perfil más adecuado para darle más de un toque por participación a la pelota es el español que lleva la 23.

Isco ahora se convierte, a falta de ver qué decide Zidane con todos a disposición, en la gran traba de James. Los días de partidos grandes nos darán pistas. Por ahora, James y Bale no tienen por qué estorbare, no hay forma de que sus zurdas se incomoden. Pero un diestro especial pide vía. Queda esperar.

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