El año 2016 será la confirmación de la obra de Giovanni Hernández en Uniautónoma Fútbol Club. Pese a no conseguir el objetivo de la permanencia en Primera División, el equipo universitario destacó por un fútbol elocuente ante ciertas limitaciones. Con un presupuesto muy bajo y sin apenas figuras, Giovanni logró competir cada fin de semana. Pocos son los técnicos que les exprimen el máximo a sus futbolistas, y el caleño pertenece a ese exclusivo y privilegiado grupo. Ahora, sin él en la dirección técnica, futbolistas como Sebastián López, Walmer Pacheco, Alexis Pérez, Nelino Tapia, James Sánchez y Pablo Rojas deberán afirmar en el verde que no fue pasajero el rendimiento demostrado. Los seis, uno por uno, merecen un análisis.

Uniautónoma enseñó un nivel fuera de lo capaz

– Sebastián López en Jaguares de Córdoba. El portero de origen argentino ratificó con el cintillo de capitán su espectacular 2015. La tarea no fue fácil desde un principio; luchar la titularidad con el mejor portero entre 2013 y 2014 de la Primera B como lo fue Carlos Chávez. Sus paradas, vitales para sumar puntos o continuar con vida en cada partido, le permitieron ganarse la confianza del entrenador como hacerse su nombre jornada tras jornada en el equipo inicial. En lo técnico, es un guardameta intimidante en el mano a mano por el tamaño de sus brazos, inteligente para lanzar transiciones con su golpeo y sólido para descolgar centros laterales gracias a su casi 1,90.

– Walmer Pacheco en La Equidad Seguros. El joven lateral diestro, quien irrumpió en el primer semestre del año pasado, es un proyecto interesante a medio-largo plazo. Entre sus facultades, encontramos que su físico le permite subir y bajar por la banda los 90 minutos. Fue costoso reconocer la clase de lateral que es, pero se trata de un futbolista de descontrol defensivo, idóneo para presiones altas, y de desequilibrio ofensivo, perfecto para jugar más tiempo arriba. El equipo de Santiago Escobar no mostró en 2015 estas dos vertientes; es decir, el escenario a encontrar es más parecido al de Uniautónoma. Deberá contestar al estilo.

– Alexis Pérez en Junior de Barranquilla. Aunque es muy joven y la discontinuidad está permitida a su edad, fueron muy pocos los niveles de irregularidad que destapó en el último campeonato. De hecho, los minutos fueron significativos para ganar valor en varios registros; salida de balón, capacidad anticipativa y juego aéreo. No obstante, como su endeble cuerpo lo refleja, en choques físicos y rítmicos expone una debilidad alarmante para ser considerado central de élite en Colombia. Amén de su agilidad defensiva, fuente de vida para contrarrestar a delanteros potentes.

– Nelino Tapia en el Deportes Tolima. Hablar de Nelino Tapia es referirnos al segundo lateral izquierdo creativo y asociativo en el fútbol colombiano; por detrás de Deiver Machado y Juan Guillermo Domínguez respectivamente. Gran parte de la temporada, Uniautónoma fue autónoma por la creación de jugadas y goles del que parecía ser el mediocentro zurdo del equipo. Respecto al Nelino de 2014, se reinventó en una opción de salida, de pase, de triángulo y de posesión. Giovanni Hernández convirtió a un lateral plano en un centrocampista fuera de posición, con un peso incalculable en el sistema universitario.

– James Sánchez en Junior de Barranquilla. 5 goles y 4 asistencias, las cifras de un pedido estricto y especial de Gio Hernández por un futbolista con poco eco en la Primera B. Más allá de los números, Sánchez convivió en un ambiente táctico en el que ocupaba más tiempo posiciones retrasadas. Esto, sin embargo, no disminuyó la calidad de sus contadas intervenciones; intervenciones con las cuales Uniautónoma pisaba campo rival, tomaba oxígeno atrás y sentía la pelota. Evidentemente, Junior notará la baja de Gustavo Cuéllar; pero en James Sánchez está la solución al problema del segundo pivote. Un centrocampista con las cualidades técnicas y físicas correspondientes.

– Pablo Rojas en Independiente Santa Fe. Se trata de un extremo lineal, instintivo, vertiginoso, dinámico y veloz. Siempre que el conjunto universitario necesitó desbordar y profundizar, el antioqueño respondió a la situación. Pablo Rojas fue un recurso para escenarios de repliegue bajo y de escasos contraataques. Su capacidad para verticalizar, no perder el balón y descubrir situaciones de gol, como lo enseñó en el Atlético Bucaramanga, no la perdió. Santa Fe gana un jugador explosivo, punzante, incisivo para obrar lo que quiere.

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