«La esperanza es lo último que se pierde», dijo alguna vez Juan Villoro para referirse a su Seleccionado Nacional mexicano. La esperanza es ajena a la experiencia, pero es más humana. Es como una mentira, que entre más se repite más verdadera parece. Mario Alberto Yepes lo sabía, y a pesar de que la experiencia le decía una y otra vez que su sueño de jugar un Mundial no era posible, él convirtió su quimera en una realidad.

Los viajes interminables de Europa a Sudamérica, los partidos, las victorias, los empates y las derrotas -sobre todo éstas- nunca lo desgastaron lo suficiente para dar ese paso y dejar de vestir la camiseta de la selección Colombia. Era tal su amor por la tricolor, que fue gracias a una convocatoria sub-20 que decidió convertirse en central.

Era el año 1994 cuando Mario Alberto Yepes debutó en el fútbol profesional colombiano. El 27 de marzo de ese año, bajo las órdenes del Tucho Ortiz, Yepes jugó frente al Junior. Pero ese día él no jugó de defensa, como se ganaría la vida después, sino que lo hizo como delantero. Era el segundo punta del Club Corporativo Tuluá, hoy en día tan solo Cortuluá, y acompañaba a Plácido Bonilla. Ortiz siempre le había repetido que su verdadera posición era la de central, pero a Mario Alberto no le interesaba defender, él quería hacer goles, jugar de nueve como decía él.

Sin embargo, el técnico que logró que Yepes empezara a retroceder en el esquema táctico fue Reinaldo Rueda. En ocasiones lo ponía de volante de contención, otras veces de central y algunas de delantero. Pero el destino de Yepes ya estaba bordado; las musas habían tejido con claridad que este vallecaucano iba a ser central. En un encuentro del Cortuluá frente al Deportes Quindío, Rueda lo puso un tiempo de delantero y otro de defensor. Ese día Luis Fernando Montoya, técnico en ese momento de la sub-20, lo vio y lo convocó al combinado nacional como central. Ya a sus 19 años empezaba a dejar todo por la Selección Colombia, porque a pesar de que él no quería ser central, prefirió jugar en esa posición a regañadientes y defender la camiseta tricolor, que seguir de delantero y perder esa oportunidad.

Fue entonces en el Sudamericano de Bolivia, en 1995, que Yepes se sometió de una buena vez a esa posición, y desde ahí empezó su verdadera carrera. En ese torneo, el equipo dirigido por Luis Fernando Montoya quedó eliminado en la fase de grupos tras terminar tercero con cuatro puntos, por debajo de Brasil y Chile.

Ya como central, y con la juventud como su mayor arma y también su peor enemiga, tuvo que buscar un espacio en otro equipo para poder competir. Su equipo, el Cortuluá, estaba en aprietos con el ascenso y necesitaba jugadores de experiencia que salieran victoriosos de esa batalla. Su siguiente rumbo fue el Rionegro, equipo de la segunda división del balompié colombiano, donde jugó diez partidos en seis meses y compartió equipo con Iván Ramiro Córdoba.

A su vuelta al Cortuluá tuvo la fortuna de encontrar ritmo y ganar confianza. Sus buenas campañas lo pusieron en el radar del Deportivo Cali, un grande de Colombia. En 1997 llega al club azucarero, donde ganaría un torneo local y después disputaría la final de la Copa Libertadores.

En el Cortuluá disputó 76 partidos y anotó 7 goles

Ese Cali tenía un equipazo. Yepes compartió con jugadores como Rafael Dudamel, Alex Viveros, Mayer Candelo, Gerardo Bedoya y Víctor Bonilla. La final de ida de la Copa Libertadores, disputada en Cali, quedó 1-0 a favor de los locales, con un tanto de Martín Zapata. En el encuentro de vuelta, los dirigidos por el Cheché Hernández aguantaron el primer tiempo con gallardía; Palmeiras los atacó con furia, tanto así que en el minuto 3 ya habían tenido dos opciones que Dudamel había atajado.

El marcador terminó con dos goles para el Palmeiras y uno para el Cali, un global de 2-2, ergo se fueron a penales. Yepes tuvo la responsabilidad de cobrar el tercer penal, el cual convirtió. Sin embargo, como todo futbolista que ama este deporte por el juego, a Mario Alberto Yepes le tocó derramar sus primeras lágrimas por culpa del fútbol. Una final que se le escapaba, una derrota de las que duelen, y como diría muchos años después viendo en retrospectiva su carrera, esa final fue una cuenta que le quedó pendiente.

En el Deportivo Cali disputó 105 partidos y anotó 11 tantos

Yepes empezó a creerse más el cuento. Se dio cuenta de que su carrera era promisoria y ese mismo año de la final, 1999, el ex defensor de la Selección Colombia empacó todo y se fue a Buenos Aires. Su representante, Mascardi, el mismo de Faustino Asprilla, logró venderlo a uno de los equipos más grandes de Sudamérica. Ese era el River Plate de Ramón Ángel Díaz, ese era el equipo de Aimar, Saviola, Juan Pablo Ángel, y desde ese momento de Mario Alberto Yepes.

En River tuvo la fortuna de ganar dos torneos, el primero en el año de su llegada y bajo el mando de Ramón Díaz, y el segundo en el siguiente año con Américo Rubén Gallego. Algunos años después, antes de un partido entre Colombia y Argentina por las Eliminatorias, Yepes recibió un homenaje, junto con Falcao, por lo hecho en el equipo de Núñez.

1999 fue un año especial para él. No sólo por jugar una final de Copa Libertadores y llegar a River Plate, sino también porque fue convocado para representar a la Selección nacional en la Copa América disputada en Paraguay. Yepes estaba logrando lo que se proponía, y llamaba la atención del fútbol europeo.

Sin querer irse del club de la banda cruzada, a Yepes le tocó empacar sus cosas de nuevo e irse a Francia. En el país galo lo esperaba el Nantes, lo esperaba un fútbol distinto, más rápido, más físico y, sobre todo, más técnico. Pero el zaguero colombiano tenía con qué, su elegancia -porque si algo tuvo Yepes fue elegancia a la hora de defender-, su juego aéreo y su mayor cualidad, el quite deslizante, le abrieron un espacio en la liga francesa.

Asegura que sus primeros meses en Francia fueron duros, por el idioma, la cultura y el clima. Pero nada lo llevó a devolverse, y en su cabeza siempre estaba la ilusión de jugar un Mundial con Colombia. En esa primera experiencia, Yepes jugó 82 partidos y anotó 5 goles. Jugó copas europeas y peleó el torneo local. Su estadía en el Nantes FC fue de dos años, desde el 2002 hasta el 2004. De allí daría el salto al Paris Saint-Germain.

A pesar de que en ese entonces el PSG todavía no era el club que es hoy en día, el Paris era una institución muy seria. Con el Paris logró coronarse campeón de la Copa de Francia, con un equipo conformado por jugadores como Marcelo Gallardo, Cristian Rodríguez y el delantero portugués Pedro Miguel Carreiro, mejor conocido como Pauleta.

Yepes consiguió dos títulos en Francia

Otro titulo más entraría a hacer parte de la hoja de vida de Mario Alberto Yepes. Al siguiente año, es decir en el 2007, el defensor vallecaucano se consagró campeón de la Copa de La liga, de nuevo con el PSG.

Pasaron muchos años desde esa primera competencia internacional que jugó con la Selección Colombia de mayores, pasó por River, jugó en el Nantes y después en el Paris Saint Germain. Pero para Yepes la selección era una obsesión, es fiel creyente de que representar al país está por encima de cualquier equipo.

Y gracias a su buen rendimiento en el fútbol europeo, las convocatorias eran ya lo normal. No importaba el nombre del seleccionador, Yepes estaba en la lista de convocados siempre. Jugó trece partidos en la eliminatoria de Corea-Japón. Le tocó ver como los uruguayos nos eliminaban en esa maldita última fecha. Sin embargo, el año anterior le había dado su primera satisfacción cómo jugador de la Selección Colombia, al salir campeón de la Copa América disputada en nuestro país.

Nunca imaginó lo que se le venía con la Selección. Eliminados para la Copa Mundial del 2002 a Colombia y a Yepes les tocaba esperar cuatro años más para intentar ir a un mundial. Como todos los colombianos a Yepes le tocó ver el Mundial por televisión.

Su presente futbolístico era muy bueno en Europa, no fue un jugador que lo persiguieran las lesiones y de ninguna manera que estuviera en escándalos. Los viajes para representar a Colombia hacían mello en su cuerpo, pero nada le ganaba al amor por la camiseta de su país. Cuenta que alguna vez le comentó a Julio Cesar Cáceres, defensor central Paraguayo, su obsesión por jugar un Mundial.

Sin embargo el Mundial de Alemania 2006 tampoco fue el suyo. De nuevo Colombia quedó eliminada en la última jornada, otra vez por culpa de ese partido extrañísimo que jugaban los charrúas y los argentinos. En esa ocasión jugó 17 partidos y anotó un gol.

En 2007, poco tiempo después de coronarse campeón de nuevo con el PSG, Yepes hizo parte de la Selección Colombia que disputó la Copa América en Venezuela. Ese equipo era dirigido por Jorge Luis Pinto. La presentación del combinado Nacional fue muy mala, quedó eliminada en la primera ronda, y las cosas parecían no pintar bien de cara a las eliminatorias para el mundial de Sur África 2010.

Yepes dejó el PSG para migrar a Italia

En el 2008 le dijo adiós al Paris Saint Germain, su saldo era positivo, había ganado dos copas y tenía varias ofertas del fútbol francés. Sin embargo él quería cambiar de aire, buscar un nuevo reto en alguna liga distinta. Sus mayores ídolos, Baresi, Paolo Maldini y Ban Basten, habían jugado en Italia. Así que una vez recibió la oferta del Chievo Verona, no dudó.

Era un equipo menos rutilante que el Nantes y el PSG, era un club que no tiene como misión ganar torneos, más bien su proyecto es permanecer en la primera categoría de la Serie italiana. En su primera temporada vestido con la camiseta del Chievo, logró el objetivo de no descender y quedó en el catorceavo lugar.

Este equipo italiano no contaba con ningún jugador diferente, les tocaba remar desde atrás, ir, como le gusta al Cholo Simeone, partido a partido. En su segunda temporada logró de nuevo el objetivo de no descender. Sin embargo lo más rescatable de esta temporada fue que después de un partido contra el Milán, Adriano Galliani, mano derecha de Silvio Berlusconi, lo estaba esperando en el camerino. Ese día Galliani le dijo que lo iba a llamar y así fue. Al siguiente año Mario Alberto Yepes era el nuevo central del Milán.

Yepes seguía rindiendo en Europa. A nivel clubes lograba los objetivos a cabalidad. Sin embargo de nuevo la esperanza de jugar un Mundial se le escapaba. No era cualquier cosa, era ya su tercera eliminatoria fallida y ya tenía 34 años. La selección Colombia, a pesar de ilusionar en un comienzo, con el empate a Brasil y la victoria a Argentina, dio muchas ventajas y terminó en esa ocasión en la séptima posición. Yepes jugó nueve partidos.

Después de esa eliminatoria, el ‘Bolillo’ Gómez lo llamó para convocarlo a un partido amistoso en Sur África. La idea era inaugurar el estadio que se había construido para la cita mundialista en Johannesburgo. El destino se burlaba de él, no solo no iba a jugar el mundial, sino que además le tocaba ir a inaugurar un estadio, vacío, en un partido que solo queda para los datos. Pero Yepes no se rendía y no fallaba a ningún llamado de Colombia.

Era evidente que la Selección necesitaba un recambio importante. Necesitaba sangre nueva, con ganas de triunfar con la tricolor. Y para la fortuna de todos los colombianos, una camada de jugadores importante estaba dando pasos fuertes en Europa.

Sin embargo, ya habrá tiempo para hablar de esa eliminatoria rumbo a Brasil 2014. Antes hay que volver al Yepes de club.

En su primer año en el AC Milan, Yepes salió campeón

Era el año 2010 y Yepes había llegado a uno de los clubes más grandes del mundo: el Milán. Un club que había tenido en sus escuadras jugadores como Ban Basten, Nesta, Gattusso, Pirlo, Seedorf, Rikaard, entre otros. Y llegaba a un club plagado de estrellas.
Yepes compartió camerino con Zlatan Ibrahimovic, Antonio Cassano, Gattusso, Ambrossini y Thiago Silva. Ese año salió campeón de la Serie A italiana.

Después de esa primera temporada de Yepes en el Milán, el equipo empezó a decaer. Empezó una era marcada por su enemigo de patio el Inter. Igual, a pesar de que ya no tenían el mismo equipo de otros tiempos, ese año el equipo Rossoneri salió campeón de la Súper Copa de Italia. El colombiano seguía cosechando títulos internacionales. Su última temporada como defensor del Milán fue en el 2012, temporada en la que no logró ganar ningún titulo.

Con 37 años, Yepes necesitaba un club que no jugara tantos partidos en el año, por una simple razón: necesitaba llegar lo mejor posible a la cita que había esperado toda su vida, un Mundial.

Fue por eso que decidió jugar para el Atalanta. En este equipo disputó 26 partidos y tomó el ritmo necesario para llegar a la Selección de la mejor manera. Este sería su último club europeo.

Y sí, Yepes lo había logrado. Tanto tiempo buscando en la oscuridad, tanto tiempo tocando con la yema de los dedos las cosas, hasta que por fin encontró el tiquete a un Mundial. Es cierto que el equipo que disputó esa eliminatoria estaba compuesto de grandes figuras, Falcao, James, Cuadrado, Teo… Pero Mario Alberto Yepes fue el pilar inicial para construir esa selección.

Muy pocos saben lo que sucedió en el entretiempo del partido de Chile contra Colombia por la octava fecha de las eliminatorias. Ese partido en que el combinado nacional ganó 1-3, fue un momento bisagra. La prensa ya estaba atacando a Pekerman por las malas actuaciones frente a Perú y Ecuador, había cierto sentimiento de incertidumbre en el ambiente. Sin embargo ese día todo terminó de encajar. Yepes, salió substituido en el segundo tiempo para darle ingreso a Aldo Leao Ramirez. En un momento, recordemos, que Colombia iba abajo por un gol.

Ante Chile, Mario Alberto Yepes dio una lección de humildad

Pekerman es un gran líder y un gran técnico, no hay dudas, pero lo cierto es que ese día fue Yepes el que dijo que lo sacarán. Sabía que estar amonestado de visitante frente a Chile, sabiendo que ellos ya tenían un expulsado, era un riesgo innecesario. Ese día Mario Alberto Yepes dio uno de los pasos más importantes para lograr su sueño mundialista.

De ahí en adelante la eliminatoria para Colombia fue relativamente sencilla, eran sin dudas el equipo revelación, que aprovechando el buen momento de los distintos jugadores en Europa, daba pasos concretos hacia Brasil.

Cuatro eliminatorias necesitó Yepes para poder lograrlo. Samuel Becket se refirió a la derrota de la siguiente forma: “Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better.” El central vallecaucano llevaba en su sangre las palabras de Becket.

Después como pocos seres humanos, se armó de resiliencia. Yepes se levantó todas las veces necesarias, se montó en los aviones todas las veces que le tocó, perdió, y vio dos veces como los uruguayos iban de manera sospechosa a los mundiales. Yepes compartió con tres generaciones, él convirtió el llamado nacional en un deber, era un soldado llamado a la guerra.

Y en Brasil no defraudó. El equipo completo brilló. Pero él era el líder. El que en los peores momentos abrió su paraguas y recibió todas las críticas. En su presencia recaía gran parte de la estrategia de Pekerman. Y él lo sabía, y en vez de sacar provecho de eso, le demostró al técnico que él estaba en la selección por amor puro.

En la cita mundialista Mario Alberto Yepes disputó 4 partidos. 360 minutos. En el primer partido el estadio los recibió con el himno nacional, que se cantaba cómo si la selección estuviera en Barranquilla. En sus ojos, antes de que el árbitro de la contienda diera el pitazo inicial, Yepes debió ver en imágenes nítidas todo su esfuerzo para ese momento. Contra Grecia se ganó 2-0 y Colombia empezó a encaminarse a la siguiente ronda. El segundo partido contra Costa de Marfil no fue sencillo. Los cambios surtieron efecto y la tricolor selló su paso a la siguiente ronda.

Contra Japón vio el partido desde el banquillo. Después de ese partido empezaba lo realmente especial. En octavos de final Colombia jugó contra Uruguay, y en un partido jugado con mucha inteligencia, Colombia se alzó con la victoria.

Pero lo que se venía era duro. Brasil. El anfitrión. El estadio estaba a reventar, desde el paneo de la cámara en los himnos, a los jugadores de Colombia se les veía tensos. El partido fue brusco, Brasil raspó acá y allá. Yepes vivió el partido al limite, encima del arbitro, con una amarilla en el primer tiempo y un gol, que todavía muchos dicen “fue gol de Yepes”. Para él, el gol era válido y como le dijo a Hernán Peláez en la última Palabra, “lo único que cambiaría de ese día es al árbitro’”. Velasco Carballo, sí, él fue el encargado, juntó con la selección de Brasil, de despertar a Yepes del sueño más dulce que había tenido en toda su vida.

Después del Mundial Yepes seguía con ganas de jugar fútbol. Después de haber jugado 736 partidos oficiales en toda su carrera, haber ganado ocho títulos profesionales, él tenía ganas de seguir corriendo detrás de un balón. Su nuevo reto sería el San Lorenzo de Almagro, reciente campeón de la copa Libertadores de América.

La motivación más grande, era evidente, era jugar el Mundial de Clubes, competición que nunca había jugado. Y así fue, la jugó y perdió la final frente al Real Madrid. Ese fue su último equipo después de haber estado en diez clubes. Edgardo Bauza fue el último privilegiado de dirigir a Mario Alberto Yepes.

Es ‘El eterno capitán’, un estribillo, una frase de cajón, un lugar común. En los corredores de las cátedras de periodismo, estas frases recorren los pasillos como fantasmas. Los profesores enseñan a rabiar que hay que evitarlos a toda costa. Los escritores huyen de ellas, con el miedo latente en su tecleo, en su tinta. Pero Mario Alberto Yepes despercudió varias de esas frases pre construidas, les sacó brillo y les dio sentido. Fue capitán, así fuera solo una vez, de todos los equipos en los que jugó. Hizo real esa frase que dicta “el que persevera alcanza” y le dio a los narradores de fútbol el placer de decir: “el defensor que fue delantero”. El lugar común con él tenía una dimensión completamente distinta.

Ahora Yepes se va del fútbol. Con el pelo corto y algunas canas. Se va, no hay nada que hacer. Pero nadie podrá remover su aroma del vestuario del Metropolitano. Nadie sabe, ni él, que depara su futuro, pero seguramente si lucha como lo hizo por ir a un Mundial, logrará todo lo que se proponga.

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