El análisis estadístico es, casi por definición, un asunto controversial; en su más pura expresión, representa una especie de prisma por medio del cual se captura una percepción de la realidad que -más o menos precisa- suele ser distinta a la que atrapa el ojo. De igual manera, poco resulta tan satisfactorio para el analista como cuando los números y las pupilas apuntan en la misma dirección. Sesgo de confirmación. Y aquello es el caso cuando se observa a Atlético Nacional.

Tanto en la cancha como en las tablas numéricas, los matices que se observan en el fútbol del cuadro verdolaga son interesantísimos; distintos al resto, meritorios de la impresión. Y en términos generales, ambos tipos de análisis señalan una misma conclusión: en Colombia, actualmente, Nacional es un equipo superior.

La pelota

El semestre pasado el Atlético Nacional de Reinaldo Rueda fue un equipo dominador; y su principal método para alcanzar tal calificativo fue, sin duda alguna, la posesión. Nacional es un discípulo del balón; y, como era de esperarse, manejó los números de posesión más altos del torneo: en sus partidos a lo largo del semestre tuvo un abrumador promedio de 59.4% del control del balón. Una locura. Una cifra espectacular. El mismo promedio, de hecho, fue casi de un 65% en los partidos jugados en el Atanasio durante la fase regular.

Nacional solo perdió la posesión en tres partidos a lo largo del torneo: Ante Medellín en Cuartos de Final, y ante Huila y Junior en el todos-contra-todos. En estos tres encuentros jugó de visitante. Los últimos dos los ganó por 2-0 y 4-0 respectivamente.

Eficacia

Ahora, la posesión por sí sola no gana partidos; está claro. Y, por lo mismo, obviamente, hablar del nivel de Nacional dentro del marco del fútbol colombiano implica discutir su preponderancia en varios otros registros. No está de más, por ejemplo, recordar que en la fase general, Nacional registró una diferencia de goles de +26: una cifra estrambótica, teniendo en cuenta que ninguno de los otros equipos del torneo siquiera se acercó a los dos dígitos.

El cuadro verdolaga fue, a la vez, el equipo más goleador y el menos goleado (con 33 tantos a favor y sólo 6 en contra), pero aquello se antoja apenas lógico al tener en cuenta sus cifras de efectividad en el ámbito ofensivo. Por su cantidad de posesión, Nacional era el equipo que más cosas hacía en ataque; pero, más impotante aún: era el que hacía las cosas mejor. El equipo de Reinaldo Rueda, por ejemplo, tuvo la mayor efectividad en los disparos del torneo (un 47% de sus disparos iban al arco) y sus centros fueron los que más frecuentemente encontraron receptores en el área (28%). Aproximadamente la mitad de sus remates fueron realizados dentro de las 18,50.

Ritmo para agredir

El factor definitivo, para el equipo, no obstante, fue probablemente su ritmo de juego. La calidad de su tenencia de pelota. Observando los datos ofensivos del último torneo, por ejemplo, hace falta apenas un análisis sencillo para darse cuenta de que no existe correlación clara entre la mera cantidad de posesión de Nacional y el número de remates a portería alcanzado por el equipo. Sin embargo, tanto la cantidad de pases realizados, como la precisión de los mismos, tuvieron una relación obvia y directa con la cantidad de disparos exitosos.

Nacional no fue un gran regateador a lo largo del torneo –regateó con éxito un 48% de las veces, muy por debajo del 55% del Cali, el 65% de Alianza o el 57% del DIM-, pero logró desequilibrar por medio del ritmo y la precisión de sus pases. El cuadro de Rueda fue el equipo que más pases realizó en promedio (casi 500 por partido) a lo largo del certamen, y tuvo la mejor precisión, con un promedio del 84.7%. Curiosamente (pero quizá no por coincidencia), el equipo que más se le acercó en ese ámbito fue el segundo mejor del torneo, el del pupilo de Reinaldo: el Junior de Alexis Mendoza (83%).

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Individualidades

El desempeño de Macnelly Torres suele ser uno de los puntos de controversia entre los hinchas de Nacional y, prácticamente, cualquier equipo. Entre varias estadísticas, no obstante, los números tienden a mostrar un consenso a su favor. Macnelly fue el jugador que creó más situaciones de peligro para Nacional a lo largo del último semestre; de hecho, fue el segundo que más creó en el torneo, tan solo por detrás de Christian Marrugo del Medellín (59).

El barranquillero también fue el asistidor más prolífico del cuadro verdolaga, con un total de 6 asistencias a lo largo del certamen. En ese ámbito también ocupó la segunda casilla en Colombia por detrás de Johan Arango, quien puso 9 pases de gol. Mac se ausentó por completo de 7 de los 26 partidos de Nacional en Liga Águila; sin embargo, su ausencia no generó grandes diferencias en los números de posesión, la longitud de los pases, o la cantidad y calidad de remates de su equipo.

No obstante, los jugadores más determinantes para Nacional fueron probablemente Jefferson Duque y Yimmi Chará. El primero, obviamente, tuvo su mayor repercusión en la finalización: fue el goleador del torneo con 15 tantos y logró realizar más disparos desbloqueados que cualquier otro futbolista en el país (59). El segundo, por su parte, generó en distintos contextos. Detrás de Duque, Chará fue el segundo futbolista que más remates desbloqueados (58) realizó en Colombia, y a la vez fue el segundo mejor asistidor del equipo con un total de 5 asistencias. Solo Macnelly generó más oportunidades de gol que él (40) en el cuadro de Reinaldo Rueda.

Datos random

• Los dos jugadores que más pases realizaron en total para Nacional a lo largo del torneo fueron Alex Mejía y Farid Díaz: 1318 y 1159, respectivamente.

• El equipo no recibió tarjetas rojas a lo largo del campeonato.

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