Corría el año 2003 en la ciudad de la eterna primavera y el Independiente Medellín reclamó su turno para florecer. Nadie imaginó lo que Víctor Luna se traía entre manos: labrar uno de los equipos más vistosos que se recuerde. Era el DIM de las atajadas de David González, las gambetas de David Montoya y la maravillosa zurda de Mauricio Molina. Era el DIM que aún hoy guarda un lugar privilegiado en el imaginario popular. El DIM de todos los tiempos.

El sorteo de primera fase de Copa Libertadores obligaba al DIM a ser la sorpresa del torneo. Sobrevivir al Colo-Colo de Iván Zamorano, el Barcelona de Iván Hurtado y el súper Boca de Carlos Bianchi eran palabras mayores. Lograrlo sería perfilarse como un auténtico candidato a llevarse el trofeo. Tal cual.

Y por supuesto que no fue fácil. La primera vuelta de la fase de grupos dejó un saldo preocupante: una sola victoria ante Barcelona en el Atanasio Girardot. Tan solo 3 de 9 puntos posibles. No obstante, ceder al pesimismo era ciertamente inmoderado. Y es que a pesar del balance negativo hasta entonces, el DIM había dejado unos minutos de exhibición magistral. Exhibición en mayúsculas, sin temor a exagerar.

El diario El Tiempo denominó al equipo de Luna como la eterna tocadera*

«Los argentinos no los pueden parar en la mitad de la cancha. La tiene, la hace circular con mucha autoridad el Independiente Medellín». Fernando Niembro fue el primero en advertir el equipo de culto que venía ideando Víctor Luna. Ya desde su debut en la mítica Bombonera de Buenos Aires, el DIM se mostraba indiscutible con el balón. Los Mao Molina, David Montoya, Conejo Jaramillo y Choronta Restrepo hacían circular la pelota a su antojo, cautivando a propios y extraños. El balón era su sello identitario. Identitario y atávico. El DIM era el equipo heredero.

Independiente Medellín heredó la fijación por el centro del campoDIM vs. Gremio
característica del fútbol colombiano de la década de los 90. Tal como era
costumbre en los 90, Víctor Luna congregaba el mayor virtuosismo posible en la medular. De esta manera, el DIM fue uno de los pocos equipos que mantuvo el doble enganche entrado el nuevo siglo: David Montoya y Mauricio Molina. Del mismo modo, sus laterales mantuvieron el comportamiento de los laterales-centrocampistas de los 90. Roberto Carlos Cortés, pero sobre todo William Vásquez Chacón repartían balones en el centro del campo.

El DIM radicalizó el fútbol de los 90

Como dijimos, el virtuosismo del DIM en su mediocampo dio las mejores sensaciones aunque, a su vez, dejó un balance desfavorable en la primera vuelta. No eran pocos los que acusaban al Medellín de carecer de profundidad. Fue entonces que la idea de Víctor Luna, lejos de fenecer, devino en fundamentalismo. Luna sacó del área a Tressor Moreno e hizo de él su séptimo mediocampista. Sí, en ocasiones el DIM jugaba sin delanteros, cosa que se haría tendencia en el fútbol mundial de principios de siglo.

El centrocampismo radical de Víctor Luna brilló y prosperó en la segunda vuelta de fase de grupos. 9 puntos de 9 posibles. Goleada en Guayaquil incluida. El decano clasificó como líder del considerado “grupo de la muerte”. En octavos de final debió llegar hasta los penales para dejar en el camino a Cerro Porteño, pero su juego no admitía dudas. En Portoalegre, ante Gremio, el DIM dejó una de las exhibiciones más grandes entre equipos colombianos en Copa Libertadores. «Este equipo es una máquina. Juega como campeón del mundo», confesó con fascinación Juan Manuel Pons.

El rojo de la montaña cayó derrotado en semifinales ante el Santos de Robinho y regresó a casa con las manos vacías. Como las historias inmortales, paradójicamente no hay prueba que corrobore la magia de aquel equipo. Sí, el espectáculo iba por cuenta del DIM. Sí, el favorito de todos era el equipo de Luna. Sí, ‘Mao’ Molina fue uno de los cracks del torneo. Hoy la copa descansa en las vitrinas de Boca y, aunque pase el tiempo, Colombia y su voluntad de justicia la reclamará siempre como propia.

El regreso de Mao es una remembranza ineludible

Difícil hallar mejores días que estos para recordar al DIM de todos los tiempos. Leonel Álvarez cuenta con siete centrocampistas de ensueño. Daniel Torres, Goma Hernández, Luis Carlos Arias, Christian Marrugo, Hernán Hechalar y Johan Arango son un caudal de joyas que todos quisieran tener. Pero sobre todo Mauricio Molina. El sobreviviente de aquel mítico Independiente Medellín de 2003. El beneficiario de una zurda sin precedentes, hasta la aparición de un tal James Rodríguez. Hay mediocampo, hay Mao Molina, hay primavera, hay suficientes excusas para florecer de nuevo.

*http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-995736

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