No está de más recordar que por Junior pasó, sin pena ni gloria, Juan David Pérez, un extremo que destacó entre 2014 y 2015 en ser un especialista de la raya. Pérez significaba muchas cosas para diversos contextos. Era profundidad, verticalidad, regate, desborde y amplitud. Era la representación del verdadero extremo, ya fuese arrancando en derecha o izquierda, que no perdió en Tunja jugando de delantero centro y sí le añadió a sus características chocar. Juan David Pérez aterrizó a Barranquilla por lo mismo que aterriza para este semestre Yony González: sumar con constancia desde el lado débil tiburón.

No destacar por encima de Pérez sería fracasar

Sirva el párrafo de introducción para contextualizar los problemas que atravesó Alexis Mendoza para encontrar su extremo derecho. En aquella banda, dos escalones por delante de Iván Vélez, pasaron Édinson Toloza, Jarlan Barrera y Jorge Aguirre más Juan David Pérez. Con más o menos fortuna, pero ninguno con la regularidad deseada por el entrenador rojiblanco. De paso, todos futbolistas distintos. Junior, por ende, jamás pudo hacer de su costado derecho el más útil, por lo que Gustavo Cuéllar debía compensar con alguna conducción o ejecución técnica empezando como pivote diestro. Sin embargo, hay que hacer hincapié en esto: los pivotes rojiblancos intercambiaban constantemente de lado por ser, de cierta forma, dos jugadores hiperactivos, sencillamente intensos. Aquí Alexis niveló el poder de absorción de la banda izquierda en relación al otro carril lateral.

Yony González, a priori, parte como solución para el déficit de la banda derecha y, sobre todo, para Vladimir Hernández. Explicado ligeramente lo primero, vamos a lo segundo.

¿Al fin un agitador natural con cierta técnica asociativa?

Vladimir Hernández perdió para la parte final del último semestre determinación, y esto le costó a Junior menos goles. No obstante, Hernández ganó algo que no parecía tener hasta el 2015: lectura de juego. El araucano significó en la fase decisiva del campeonato control y pericia. El control lo reflejamos en la final en Medellín; la pericia, en la sabiduría que impuso para contrarrestar la intensidad del Deportes Tolima de Alberto Gamero. Ahora con un agitador por naturaleza que entre sus facultades tiene resolución y técnica asociativa, Vladimir englobará el espacio entre líneas, momento verdadero para medir su evolución gracias a un mediocampista de banda que hará lo propio en el carril opuesto.

Para Yony González, Junior supondrá la medida de su talento, que se vio reflejada en el primer semestre del año pasado y en las convocatorias con la sub-23. Eso sí, de lo contrario, también supondría una afirmación de su bajísimo estado de forma en el último campeonato, pobre en lo entero para el Envigado. A ver qué tantas cinturas rivales pueden salir intactas de la movilidad, arrancada y valentía del antioqueño.

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