No se esperaba en tierras vallecaucanas que tras un inicio de año llegara a las vitrinas del Deportivo Cali un nuevo título para embellecerlas. La ilusión no era rebosante pero sí palpitaba porque al mando se iba a poner un técnico sin igual, de casa y con historial: Fernando Castro. Tras su imponente consagración con un equipo modelado en su mayoría por jugadores de la cantera, Deportivo Cali iba desteñirse en su fútbol para la segunda etapa del año 2015. El equipo debía ratificar el campeonato con buen fútbol, pero la estructura iba a resquebrajarse, en primera instancia, por la salida de un Yerson Candelo que daba sentido al juego, consentía a los delanteros y potenciaba al conjunto.

¿Cómo fue el primer semestre del Deportivo Cali? ¿Qué hizo y qué dejó de hacer? ¿Cuáles condiciones futbolísticas se crearon? El kínder de la capital vallecaucana no dio tiempo de espera en el plácido primer semestre que experimentó. Hiperactivos, como infantes dentro de un mar de pelotas, salieron a hacer de las suyas en el FPC acompañados por una especie de abuelo permisivo y a la vez intransigente. Diseñar un equipo alrededor de piezas claves en el andamiaje como lo fueron Hernández, Nasuti, Pérez y Candelo llevó a que el conjunto verde y blanco hiciese grandes demostraciones de fútbol amparadas en un poderío anotador más que en un funcionamiento que a cabalidad se considerara óptimo. Las sinergias contagiadas por el pie derecho de Candelo hacia el colectivo fueron cruciales. Y lo fueron porque Yerson dotó al juego de los suyos respuestas de calidad. Pases, juego interior, cambios de orientación, pegada, asistencias, generación de ocasiones. Un cúmulo de medidas en las cuales sus compañeros encontraron diversión y fluidez, entendiendo que había que rodearlo con el fin de explotar sus aptitudes y a la vez triunfar.

El carril derecho, la ruta de ataque azucarera; donde el balón más tiempo pasaba

Con la posesión del balón Deportivo Cali no presentaba problemas de mayor envergadura. Los goles iban a llegar sí o sí, pues la delantera es símil de anotaciones y había formas de nutrirlo. ¿En qué se basaba Deportivo Cali para provocar riesgo? La banda derecha, sinónimo de ráfagas perturbables e irrefrenables fue, durante la estadía del tándem Candelo-Helibelton, la llave magistral para imponerse y propiciar signos de inestabilidad. El sector fuerte, el flanco para corroer y menoscabar. El andarivel consagratorio. A ello se integraba la emotividad y la explosión de Roa compensando por dentro, el ingenio e la inspiración de Borré, la potencia y el olfato de Preciado, el desahogo y la amplitud de Fabra. En ataque, especialmente, la máquina estaba aceitada. Y las tormentas que produjo difícilmente fueron apaciguadas.

No obstante, el comportamiento futbolístico del campeonato no fue del todo redondo, pues en los partidos siempre demostró sufrir en una faceta defensiva que no terminó de transformarse en una herramienta útil. Integrar a una defensa a la dinámica fue, por mucho, la gran dolencia del Pecoso. Y lo fue porque no contrarrestó la desprotección de su zaga ante cada pérdida. Impedido para minimizar ventajas al rival, empalmó muchos goles (así mismo como convertía) durante el torno y dejó en evidencia que cuando no encontraba los caminos para vulnerar al rival el grado de sufrimiento era elevado (Envigado, Huila, Patriotas… todos de local).

Había que exhibir el título pero no se iba a ser de la mejor forma. ¿Por qué el retroceso en el rendimiento en el segundo periodo del año? ¿Tal fue el impacto que causó la salida de Yerson para que el equipo no se encontrase? De buenas a primeras se debe decir que Fernando Castro sabía que no iba a encontrar un elemento mejor para esparcir la pelota como lo hacía Yerson. Ya había logrado retenerlo, pero ante la inminente salida optó por hacer una invitación a John Pérez que nunca atendió la cita, dejando el café servido sobre la mesa. Frío, sin poder degustarlo con la emoción conocida de quien le había hecho la propuesta. El adiós de Candelo mermaba la dinámica positiva del Deportivo Cali, no iba brindar a Helibelton la pólvora para hacer de la derecha un continuum de efectos beneficiosos. En resumen, no iba a ser el mismo Deportivo Cali. Todo iba a transformarse. Y más cuando la izquierda quedaba en trance.

¿Buscó soluciones Fernando Castro? ¿Cuáles fueron?

La irrupción en el panorama de una joven promesa como Benedetti hizo que la dinámica tomara otra dirección. Ya no se podía ser vertical porque la precisión no iba a estar. La modificación fue, en cuanto la iniciativa se diera por descontada, apuntar a aglutinar posesión, juntar al equipo en campo rival, partir de la pelota, centralizar el ataque. Aspectos que hicieron que el juego perdiera sorpresa, no contara con pases generadores de ocasiones, el desahogo por las bandas fue inexistente. ¿Contaba con los jugadores para practicar el fútbol que diseñaba? Las características de los jugadores no comulgaron, muchas veces, con la planificación diseñada por Deportivo Cali. Ante ello, quiso conceder cierta libertad (que ya lo hacía) a los de arriba que muchas veces resultó contraproducente. El objetivo era ocasionar un juego de explosión –Roa, Benedetti, Preciado-, que asfixiara al rival. Los intérpretes estaban a disposición. Sin embargo, el empalme resultó insustancial por el perfil de sus mediocentros (Pérez-Balanta) que no poseían pase de alto vigor que causara el efecto deseado, y además de ello, tuvo el infortunio de que el volante que cuajaba –Juan David Cabezas– no pudo exhibir su mejor nivel.

En ese sentido, el conjunto quedó inconexo, no encontró nunca quién trazara movimientos interiores para que el ataque tomara cuerpo. Con esto, los desmarques de Borré y Preciado no recibían el uso adecuado. La imagen no terminaba de ser comprendida, el equipo no era reconocible, su silueta era confusa. Transición que llevó a que Pecoso se lanzara a realizar novedades en su estructura como la inclusión de una figura de enganche sin resultados alentadores, la inclusión de un trivote (Cabezas/Rentería, Balanta y Pérez) en el mediocampo para protegerse y competir, o la alineación circunstancial de Borré, Casierra y Preciado junto a Benedetti con el ánimo de que Rafael hiciese de organizador o foco en ataque posicional. Directrices que no fueron del todo progresivas y sí coyunturales.

En lo futbolístico, los azucareros experimentaron un cambio perjudicial que coincidió con el bajo estado de forma de muchos jugadores en relación al campeonato del título. La etapa de mutación ya ha terminado. Hoy en frente hay un nuevo horizonte. El 2016 exige presentaciones donde, como mínimo, el fútbol de los jugadores destile esfuerzo en función de un objetivo común: volver a retumbar en el panorama internacional. Se sueña, hay un espartano.

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