Si Atlético Nacional cuenta con un futbolista en quien confiar plenamente, ese no es otro que Yimmi Javier Chará. Desde que aterrizó en la capital de la montaña, Chará ha pasado de ser una individualidad llena de aciertos a ser fuente de soluciones colectivas. No exageramos si decimos que gran parte del paso de Nacional a la Final lleva su sello. Chará varía su posición según las necesidades del equipo de Rueda. El vallecaucano es de lo más fiable: en una u otra posición brinda soluciones y sólo soluciones.

Como delantero, Yimmi Chará es desborde

Su primera y más habitual posición es como segundo delantero (o tercero, si está Marlos Moreno). Desde ahí, Chará se hace escurridizo combinando recepciones entre líneas con caídas a la banda que son muy difíciles de contener. Ni qué hablar cuando el juego se torna en ‘golpe-a-golpe’. En dicho escenario, Chará derrocha potencia, aporta amplitud, inventa desbordes e incluso remata a gol.

Como mediocampista, Chará es control

Una vez prospera en batalla, Yimmi Chará retrocede 20 metros para formar junto a Alexander Mejía y Sebastián Pérez. Chará pasa a ser un defensor más. Y de los buenos. La incomunicación entre Daniel Torres y Christian Marrugo que terminó por desnaturalizar al DIM es prueba de ello. Desde ahí, Chará también saca a su equipo de atrás por pura potencia, suma pases y paredes. Entonces Nacional desborda menos pero controla más.

Dos posiciones, dos soluciones, un jugador. Las virtudes de Yimmi Chará permiten que Reinaldo Rueda elija entre desbordar y controlar, entre ser kamikaze o trinchera. Elegir con precisión cuándo ser lo uno o lo otro puede ser la clave de esta Final. Ignorar la libertad en ataque que da Alexis Mendoza a Gustavo Cuéllar para encontrar al siempre incómodo Vladimir Hernández puede costar caro.

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