Los movimientos de Macnelly Torres, como su forma de jugar a la pelota, involucran sustancialmente a sus compañeros. Todos los futbolistas necesitan del otro, pero unos los necesitan para subsistir y otros para divertir, y el barranquillero pertenece a esta última categoría. Por segunda vez en estos playoffs, se va a enfrentar a un trivote en el mediocampo rival, lo que supone trabajo extra para Reinaldo Rueda. El entrenador caleño deberá conjugar estrategia y táctica para que el diez repita el buen partido que ya hizo en la vuelta ante el Deportivo Cali.

Donde un diez hace más daño es en el juego entre líneas y la base del éxito del juego entre líneas está en la ubicación. De modo que un movimiento bien realizado puede darte la pelota o ser el señuelo para que un compañero esté en posición de crear peligro. Macnelly, y los de su clase, son maestros de la ubicación, ya que pueden recibir, así lo predigas, donde más daño pueden hacerte. Esto supuso que la principal preocupación de los rivales de Atlético Nacional fuese cerrar el centro del campo. Como respuesta, durante la fase regular, se empezó a recargar esa zona de 3/4 con Yimmi Chará, acompañando al propio Macnelly, y así seguir dominando a partir de la pelota. Sin embargo, los sistemas defensivos subieron de calidad en los playoffs, ya que fueron capaces de robar y salir en contraataque de manera constante. Había que ajustar.

Macnelly sigue siendo de quién más creatividad espera Reinaldo Rueda

La misión del estratega desde entonces, y cuya parte final empieza en el Metropolitano Roberto Meléndez, es que el trivote juniorista –Narváez, Celis y Cuéllar– esté detrás del diez y nunca delante. Partiendo de ahí, y con el recuerdo de aquellos primeros minutos ante el Deportivo Cali donde la pasó realmente mal, Rueda muy seguramente cambiará la posición de Chará. El volante ofensivo es capaz de cumplir dos roles diferentes: puede formar como interior derecho para cumplir con la labor defensiva y desplegarse en ataque con la tarea de terminar las jugadas, bien sea como extremo o llegando al área por el centro del ataque. A día de hoy, el caleño es el futbolista que le permite al diferente disfrutar de su juego sin mayor desgaste defensivo.

Atlético Nacional, en consecuencia, había dejado de controlar los partidos perdiendo juego de posición. Su sistema ofensivo tenía un pero. Esta deficiencia la explotó, y muy bien, el DIM en el juego de ida. Reinaldo Rueda, entonces, confió en Marlos Moreno y su brillante estado de forma asumiendo que podía responder al golpe por golpe, pero las series de eliminación no dan segundas oportunidades; un mal partido y se termina todo. De ahí que, detectada la falencia se diera un giro de 180 grados: Alejandro Guerra. Y Macnelly lo agradeció.

El sistema ofensivo sigue teniendo como eje central a Mac

Hoy el equipo de Rueda tiene juego entre líneas, cambio de ritmo desde la base, despliegue defensivo y ofensivo, ritmo alto en la presión y, para colmo, no resigna amplitud. Esto último se debe a que cuando se forman tres en el medio en fase defensiva –Mejía, Chará y Pérez– se genera tal seguridad que los laterales se proyectan con total confianza. Macnelly y su Nacional no se han enfrentado, hasta esta final, a un centro del campo de tanta calidad técnica y dominio del juego. El mediocampo de Junior no solamente puede robar y contraatacar sino que, además, puede dominar un partido. ¿Quién se impondrá?

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