La posesión del Deportes Tolima no fue abiertamente disputada a causa de un Atlético Junior que se sabía en ventaja en el marcador global. Dado el permiso, Tolima expuso unas posesiones tremendamente fluidas. La famosa lección de ofrecer al menos dos opciones de pase parecía cumplirse a cabalidad. La movilidad de Ibargüen, Estrada, Pérez y Uribe mezclaba con los apoyos de Ramírez para concebir una circulación de balón que rayó la perfección. Su lunar fue uno sólo, lo que lo separa hoy de ser finalista de la Liga: le faltaron pases a la espalda de la defensa de Junior.

Y es que, desde que implementó el trivote en el medio, Junior sufre menos sin el balón. Con Narváez enfocado a corregir fallos atrás, Cuéllar y Celis pueden dedicarse a dar pases: el sello distintivo del equipo de Alexis Mendoza. También es cierto que, con Vladimir Hernández conduciendo en el medio, Junior no es ajeno al contraataque.

Como resultado, Junior defiende y contraataca mejor sin dejar de ser Junior. Es decir, puede replegar sin prescindir de la posesión. Puede mezclar circulación de balón con vértigo.

Para coronar está Roberto Ovelar, que con gestos técnicos de otra Liga, se ha convertido en la individualidad más determinante del fútbol colombiano. Si Atlético Nacional buscaba un rival competitivo, ningún otro como el Junior de Alexis Mendoza.

* Las voces de los protagonistas llegan a nosotros gracias a Karlz Villalba.

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