La pasión, el trabajo y la suerte te van a llevar por un camino cuyo aparente final desembocará en dos salidas, donde vas a tener que decidir qué pasaje continuar. Entonces, al tomar una decisión final, estás sin saberlo empezando un viaje sin retorno al lugar que siempre soñaste o a la peor de tus pesadillas.

Independiente Santa Fe cuenta con una pareja de volantes de primera línea de gran trabajo táctico. Si Gerardo Pelusso tuviera que definir su estancia en Santa Fe, seguramente se sentiría plenamente orgulloso del trabajo realizado con su doble pivote, incluso haciéndolo extensivo a su zaga defensiva, cuarteto calificado de los más sólidos del país y base sobre la cual edifica su éxito continental. Para desmenuzarlo de a poco empezamos con Yeison Gordillo, que se puede encasillar dentro de un clásico mediocentro dominante, de equilibrio táctico e influencia territorial. Su zona específica de influencia es el centro del campo propiamente dicho. En fase ofensiva, su labor es defensiva, porque guarda la posición central mientras su equipo se despliega en ataque. Ahí está siempre atento a recuperar la pelota en la salida del rival, situación que lo enfrenta a dos escenarios contrarios que pueden favorecerle o no, dependiendo del sector de la pérdida de posesión de su equipo y la salida de juego del rival. Si la salida rival es por el centro y Salazar lo acompaña a una altura mayor, aplica su mejor cualidad defensiva: el timing para el robo, ya sea por anticipación o por pericia en el uno contra uno. Si la salida rival es lateral, necesita del bloque completo en el posicionamiento y la presión para detener la transición. Dicta un ritmo alto físicamente en la zona media del juego. Por diseño, intenta que no lo tomen retrocediendo, de ahí su cualidad territorial en la que es consistente en la altura en la que juega y donde posteriormente se impone.

Queda la sensación de que Salazar es quien más esfuerzo tiene que hacer para encajar en el sistema táctico del entrenador uruguayo

Su compañero de zaga es un doble pivote técnico, que no desentona en el despliegue físico y en la agresividad defensiva para generar estabilidad. Sebastián Salazar puede alcanzar la intensidad en la presión de Gordillo, aunque no posea demasiado talento técnico defensivo. En su generoso desenvolvimiento sobre el campo aparece a varias alturas: bajas, medias y altas, las dos primeras con bastante seguridad. Deja de ser meramente «cumplidor» para convertirse en «bueno» cuando entra en contacto de manera constante con la pelota, escenario que no sucede muy a menudo. Queda la sensación de que es quien más esfuerzo tiene que hacer para encajar en el sistema táctico del entrenador uruguayo. En ataque, es capaz de verticalizar y crear ventajas a partir de ello sin regate, pero con descargas oportunas. Es consistente en el pase horizontal y en el apoyo para mantener la posesión, pero paradójicamente no es un indicativo de que Santa Fe esté atacando bien. No obstante, es un recurso que en algún momento Pelusso podría utilizar. Cuando Sebastián toma riesgos con el pase vertical tiene victorias y derrotas casi por partes iguales, así que su influencia en ataque es, después de cierta altura, testimonial. Tras pérdida, es activo en la presión. Su contribución defensiva más preciada es el posicionamiento alto para que el pivote rival esté obligado a desprenderse rápidamente de la pelota. Este movimiento por sí mismo es inocuo si Yeison Gordillo no toma el receptor inmediatamente más cercano. Si esto ocurre, habitualmente obligan a jugar en largo, donde están a la espera Mina y Meza, dominantes en los duelos aéreos. Ahí, Pelusso puede sonreír tranquilo: el engranaje defensivo funciona.

Como pareja, en la salida de balón no son influyentes, simplemente dan continuidad con toques seguros pero que no modifican la jugada en absoluto. No deja de ser un indicio de que Santa Fe necesita, o recuperar alto para encontrar un equipo en desventaja, o imponer ritmo de transiciones bajando sus líneas para luego atacar con espacios. Blanco o negro. Nunca gris. En este contexto, es muy difícil que Santa Fe en un buen día pierda el eje central, que su doble pivote descuide su espalda y ceda el espacio que allí se encuentra. Cuesta mucho dominarlo porque entrar en la vorágine, desplazarlo de ella y reducirlo a otro tempo no está al alcance de cualquiera. Sin embargo, así mismo no es capaz de dar otra cadencia al partido sin perder comodidad y sin que su ataque se haga espeso e impotente.

Cuesta dominar a Santa Fe en ritmo de juego e intensidad

Ahora bien, Huracán es un equipo de punta de lanza y pincel. Puede elaborar finamente, aunque no tiene problema en apoyarse en la verticalidad si es que el desarrollo del juego así se lo propone. En el Tomás A. Ducó veremos una final de altísimo vuelo, de choques estratégicos, tácticos e individuales de gran nivel. Todavía en la retina están las últimas dos salidas de Independiente Santa Fe que, no obstante, tuvieron trámites bien distintos. En Avellaneda dominó y en Luque sufrió lo suficiente para hacer temblar los cimientos de la solidez en la que descansan las opciones de título. Ambos equipos a los que visitó el conjunto bogotano propusieron un trámite alto, un juego de hiperactividad y aceleración. La diferencia, en última instancia, la hicieron los delanteros, los encargados del mano-a-mano con la defensa central cardenal. Lucero y Vega exhibieron movilidad y técnica, actuaron con la intención de ayudar en la construcción y el volumen de juego para así poner pausa a la verticalidad del equipo de Pellegrino, sin embargo fueron presa relativamente fácil para el cuarteto defensivo colombiano. Ortega Salinas y Di Vanni estuvieron más predispuestos al choque, a la batalla por cada centímetro y a los movimientos para estirar los ataques desde la lucha y la generación de segundas jugadas. Escenarios donde obtuvieron más posibilidades de desacomodar la defensa albirroja y, por consiguiente, contar con más probabilidades de generar peligro.

La final de la Copa Sudamericana entraña un choque estratégico y de estilos

Huracán, sólo en su delantero Ramón Ábila y en el Rolfi Montenegro, tiene las dos formas de ataque y a un nivel más intenso y profundo. El entrenador uruguayo deberá, estratégicamente primero y tácticamente después, decidir a qué batalla renunciar. Hacer de lo trascendente intrascendente cortando el flujo de juego que nace desde el eje Vismara–Bogado, que fluye entre Montenegro y Toranzo, y al que le da la guinda Espinoza o abrir los caminos al juego directo para el delantero más en forma del torneo.

Gerardo Pelusso tiene en sus manos un pincel y una lanza y deberá entregarle a Eduardo Domínguez uno de los dos. Ojo, el pincel, en apariencia menos peligroso, puede manchar para siempre la cara de las aspiraciones cardenales.

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