El Estadio Palmaseca se vistió de verde para recibir a Deportivo Cali y a Atlético Nacional. El actual campeón y el líder del todos contra todos, dos de los pesos más pesados del campeonato, se enfrentaban por la ida de los cuartos de final del torneo. Sin lugar a dudas, un encuentro entre dos de los equipos que son favoritos a llevarse el título de la Liga Águila II.

Fernando Pecoso Castro mandó a Hernández; Palacios, Quintero, Mera, Lucumí: Rentería, Balanta; Mojica, Roa: Borré y Preciado. Su idea era que el equipo presionara a Nacional en salida para recuperar el balón rápido y coger mal parada a la línea defensiva rival. En el otro lado del tablero, Reinaldo Rueda envió al terreno de juego a Armani; Bocanegra, Murillo, Henríquez, Díaz; Bernal, Mejía; Chará, Torres, Copete; Duque. La intención del estratega vallecaucano era desacomodar a la defensa rival por medio del ya conocido juego veloz y preciso de sus dirigidos.

La baja más sensible del Cali fue la de Andrés Pérez; la de Nacional, Alejandro Guerra

En el primer tramo del partido, la presión del Cali fue desordenada y eso favoreció a su rival porque cuando Macnelly recibió entre líneas tuvo mucho espacio para actuar. Si a eso le sumamos los movimientos de Duque y de Chará, que fueron productivos en la medida en la que arrastraban marcas y le abrieron espacios a Copete, y la potencia de Jonathan, con la que superó a su marcador, el resultado fue una serie de ataques vertiginosos que casi termina en el gol verdolaga. El problema estuvo en que los controles del extremo izquierdo no fueron precisos y en que la defensa supo aprovechar eso para despejar, por eso el marcador permaneció 0-0 en ese tramo del encuentro.

Con el paso de los minutos el Cali fue reaccionando y el partido se fue equilibrando. En este momento del encuentro ni Roa ni Mojica estaban siendo determinantes; Santos Borré, sí. Sus movimientos hacia el centro del campoestaban sacando de posición a Alexis Henríquez y, por consiguiente, abrían un hueco gigante que el equipo intentaba aprovechar enviándole balones al espacio a Harold Preciado.

En la medida en la que Andrés Felipe y Harrison se involucraron más, el elenco azucarero se volvió más peligroso. Sin embargo, la línea defensiva de Nacional mostró porque ha sido la más eficiente del campeonato y resolvió bien los problemas que el Cali le planteaba. Al mismo tiempo que esto pasaba, las referencias sobre Macnelly Torres estaban siendo efectivas y Nacional no lograba hilvanar una contra letal ni un ataque productivo en posicional.

El partido era intenso a pesar de que los equipos no estaban generando muchas oportunidades.

El segundo tiempo tuvo dos factores determinantes. El primero fueron las conducciones de Andrés Felipe Roa que sacaban de sí a los centrales y a los volantes. Esto se dio, principalmente, porque Harrison Mojica estaba recuperando muchos balones en campo contrario, con lo que desatoraba el embudo formado en esa zona de la cancha. El segundo fue la aparición de Yimmi Chará entre líneas, allí donde se ha destacado todo el torneo. Con el Cali volcado al ataque, el vallecaucano recibía el balón, lo tocaba y salía a correr. Ahí Nacional generaba más peligro que nunca.

Al final, Ernesto Hernández le atajó un penalti a Jefferson Duque y el encuentro terminó 0-0. Y es que a pesar del mal arbitraje de Wilson Lamoroux -que dejó pegar mucho y permitió que le manejaran el tiempo-, Cali y Nacional jugaron un partido intenso que dejó la llave abierta. Vallecaucanos y antioqueños se verán las caras el próximo fin de semana y decidirán quién va a ser el semifinalista de la Liga Águila.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *