El peor inicio de todos los posibles para Independiente Santa Fe: un gol abajo que lo obligaba a remontar el marcador ante un equipo cuyo repliegue y ritmo en salida lo había sacado ya de quicio la última vez que se cruzaron en este cancha. El destino deparó que en los cuartos de final de la liga se re-encontraran los finalistas de la Copa Águila. Claro, esta serie cuenta con distintos matices porque la ventaja de localía está invertida y porque Santa Fe tiene su cabeza puesta en otra parte.

El equipo de Alexis Mendoza volvió a Bogotá a repetir la labor del segundo tiempo de la final de la Copa donde expuso la deficiencia en ataque de Santa Fe e impuso su ritmo. El entrenador, por consiguiente, dio entrada a Roberto Ovelar en el once y, como gusta decir aquí en El Dorado, con el paraguayo Junior es más Junior. Con este cambio, el equipo puede – y debería – dominar también el ataque estacionado en campo rival. No necesita correr para hacer daño. Está bien que un delantero se mida por los goles que marque y el tanto anotado en la madrugada del partido lo retrata de pies a cabeza, pero es que este es un delantero que juega y lo hace muy bien. Tiene la técnica depurada y la maña para fajarse con los centrales, para pelearse con ellos y dominar. Su constitución física potente contrasta visualmente con lo fino que es su pie con el balón. Debido a su capacidad de dominar el balón y los tiempos que este secreto trae consigo, los extremos y el mediocampo descansan en su espalda en las transiciones. Es el único futbolista de Junior que se siente cómodo jugando de espalda al arco rival. El campeón de Copa quería replegarse y despegar, pero a diferencia de cuando no está Ovelar, si no puede hacer daño de esta manera puede tomarse un respiro y servir el plato frío.

Gerardo Pelusso nunca renunció a la fase ofensiva de su equipo aún cuando Santa Fe cuenta con un bajón creativo preocupante. A causa de esto, buscó cambios tácticos y estratégicos durante todo el partido: modificó la posición de Omar Pérez en varias ocasiones y su equipo en el primer tiempo dejó de filtrar balones verticales desde la base –sin éxito en las recepciones- y pasó a recargar el ataque por zonas para luego cambiar la posesión al lado más liberado y a partir de allí decidir por talento individual. Tras el descanso, la penúltima exhibición de uno de los mejores futbolistas del siglo XXI en el fútbol colombiano. Independiente Santa Fe solo metió realmente miedo en su rival cuando el diez actuó casi a la misma altura en el campo que Baldomero Perlaza. Pelusso le dio al equipo, por fin, un receptor a las filtraciones verticales desde la base con la entrada de Armando Vargas, de manera que hubo continuidad en las jugadas cerca al área y ahí el argentino derrochó visión de juego y precisión. Un lujo que se pudo dar gracias a que el entrenador uruguayo puso a su disposición dos laderos guardando su espalda en zonas más retrasadas: Baldomero Perlaza por izquierda y Sergio Otálvaro por derecha, que había entrado por Jordy Monroy, formando casi un triángulo cuyo vértice más adelantado era el futbolista más talentoso sobre el campo. Roa debía retroceder para equilibrar el riesgo pero terminaba los ataques siempre como extremo derecho bien cerca de la linea de cal. Santa Fe rompiendo por dentro con Omar de lanzador y creando peligro por fuera porque los delanteros en cada acción lograban producir y activar varias zonas del ataque cerca del área de Sebastián Viera. El equipo en defensa se sostuvo entre el cerrojo de Perlaza, que fue una de las razones por las cuales el mediocampo visitante no se impuso, y la posición adelantada de los centrales, complementando la del ya mencionado Otálvaro.

Junior terminó apurado con el reloj al que todavía le resta por transcurrir la otra mitad de la serie; más lejos de las estrellas pero más cerca del mar. El tiburón se lleva un interrogante de Bogotá cuya respuesta imposible de digerir la canta Joaquín Sabina: donde has sido feliz no deberías tratar de volver.

4 comments

  1. Carlos, usted toca dos puntos que para mí son enigmáticos. El primero: Armando Vargas. No sé si llevaba un año sin sumarle al equipo. A lo mejor estoy siendo injusto. Sólo hasta anoche quedé con la sensación de que entró bien y me parece que coincidimos en eso. Y si antes no me había dejado esa sensación es porque es poco insistente para pedir el balón, para moverse. ¿Cómo lo vio usted? ¿O fue mérito absoluto de Omar como lanzador?

    Lo segundo: Baldomero Perlaza. Ya tiene 23 años. Ya es momento de preguntar si puede llegar a marcar diferencias más allá de su superioridad física. Quisiera saber su opinión, que seguro me sacará de dudas. Yo, honestamente, no lo sé.

    1. En cuanto al primer punto, voy a tener que responder largo. En mi opinión Narváez no jugó un buen partido, y es un jugador clave en el MC de Junior porque da licencias y sostiene. En realidad ninguno de los tres mediocampistas estuvo a la altura, y digo tres porque ante este problema, Alexis, en esa basculación que tan bien funcionó en la final, centró a Celis para detener un poco la sangría y abrió a Cuéllar a la banda y no pudo dar con la tecla. No hubo manera, en parte por la posición de Roa que era muy indefinida y jugaba a la espalda de ese doble pivote de Junior y porque Omar obligaba a salir, a dar un par de pasos para adelante para presionarlo, entonces tenían que tomar una decisión. La entrada de Vargas le dio a Omar otra posible eje de recepción y al eje Narvaez-Cuellar o Celis dos tipos a la espalda que con movilidad recibían bastante fácil. Borja fijaba centrales y estos no podían dar una mano, entonces las recepciones, hecha la linea de pase y con la precisión de Omar, eran pan comido.

      En cuanto a lo segundo, yo pienso que tiene dos caminos: consolidarse como pivote dominante y desde ahí permitir a su equipo asumir más riesgos ofensivos o hacerse cargo él de un mediocampo de transiciones consistente en ritmo de juego. Dependerá de los entrenadores que vengan. Con Pelusso creo que será lo primero, pero en mi humilde opinión tiene capacidad y potencial para lo segundo. En todo caso, tiene que dar un paso adelante técnicamente que asumo llegará naturalmente con su madurez como futbolista.

      1. Lo de Vargas me deja más tranquilo porque, si entiendo bien, su partido de anoche no es razón suficiente para dejar de lado las dudas que se tienen de él. Si entiendo bien, Vargas fue una oportunidad dentro de un contexto, mas no una certeza en sí misma.

        De su respuesta sonre la cuestión de Baldomero me quedo con lo de las transiciones. Baldomero es dominante en el ida y vuelta. Sus características le vienen muy bien a Bogotá. Recuerdo que Javier Carballo, preparador físico de Costas en Santa Fe, confesó muchas veces cuánto añoraba un equipo con once Roas, once Minas, once Mosqueras, once bestias físicas que se sirvan de la altura de Bogotá para liquidar a cualquiera y dominar por años. Perlaza es eso. Tiene características para dominar en Bogotá. Imaginarlo en unos años con un perfil similar al Robayo de Lunari es una cosa que ilusiona.

        1. Exactamente, así es.

          En lo segundo, es una idea interesantísima con la que usted ya sabe que comulgo bastante. Me parece que, sobretodo Santa Fe, lo tiene todo para acercarse a esa promesa de dominio y empezar a crear escuela. Yo solamente veo un ‘pero’ contra el que hay que «luchar»: el jugador diez con pausa, que maneja los tiempos, y que dio éxito a ambos equipos recientemente. Un equipo de esas características necesita un conductor que mantenga o aumente el ritmo, sin descanso. Osorio intentó hacerlo con Harrison Otálvaro sin éxito pero es que es una ‘especie’ de jugador que hay que ‘hacer’, ir amoldándolo y construyéndolo. Puede que esté yéndome un poco a la mierda pero yo a Seijas lo veo perfectamente capaz de cumplir esa labor. Se le ocurre alguno más? Ahora, usted me podría sacar de la duda, porque maneja mucho mejor que yo registros de equipos campeones, ¿un equipo campeón y dominante desde el ritmo y el espacio?

          Sin que Robayo sea santo de mi devoción, porque me parece que se queda a mitad de camino, Baldomero puede evolucionar esa idea de jugador, si, llevarlo a un nivel superior.

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