Francisco Meza tuvo un debut fortuito por la lesión de Jhonnier González a los 10 minutos. Su actuación no dejó en el aire ninguna bruma, sólo certezas. Ese día frente al Cúcuta Deportivo empezó a recoger lentamente toda la cosecha que había plantado en su juventud. Esos sueños del fútbol que tenía desde chico, siempre fueron más vívidos que cualquier escaramuza que sintió por el boxeo. Su vida estaba plantada en una sola consigna: jugar al fútbol.

Francisco Meza no siente nervios antes de los partidos. Mientras a algunos de sus compañeros les revolvían las tripas en el camerino antes de aquel partido frente a Estudiantes de La Plata, Meza limpiaba sus guayos con vaselina. Esa misma noche, frente a todo el público cardenal y todas las cámaras de Sudamérica, él, con un salto, miró con los ojos bien abiertos de frente a la gloria. Metió un cabezazo certero que infló la red y dibujó el camino de Santa Fe a la siguiente ronda de la Copa Libertadores.

Usted debutó hace cuatro años contra el Cúcuta, ¿qué recuerda de ese partido?

La fecha no se me olvida: 16 de abril de 2011. El ‘profe’ Boyacá llevaba cuatro partidos dirigiendo y me llevó al banco. Jhonnier (González) se lesionó como a los 10 minutos de partido, mientras yo calenté y me cambié pasaron como 6 minutos más. Me cogió de sorpresa; pensé de todo menos que iba a jugar. Uno primero ve a los compañeros que están en el banco y piensa que la oportunidad de jugar la tiene éste o el otro. Ese día estaban Léider Preciado, Jairo Suárez y Ariel Carreño. Yo pensaba que de pronto jugaba si íbamos ganando, pero íbamos perdiendo. Igual se me dio la oportunidad y acá estamos.

Su papá fue boxeador. ¿Nunca intentó convencerlo de seguir ese camino?

Mi papá siempre ha tratado de que nosotros elijamos lo que queremos. Nunca hubo presión. Él se retiró y se convirtió en entrenador de boxeo. Nosotros lo acompañábamos al gimnasio, por ahí peleábamos y entrenábamos con mi hermano y los amigos del barrio, pero íbamos más que todo a divertirnos. El boxeo sí me llamaba la atención, pero más el fútbol.

¿Siente que la cercanía al boxeo lo ayudó en algo para el fútbol?

Pues sí. Mi papá siempre me dice que igual que en el boxeo, a la hora de correr hay que meter el brazo. Me da ejemplos de cuando el boxeador viene de frente y hay que meterle el brazo.

¿Cuándo se da cuenta que lo suyo es el fútbol?

Siempre he jugado fútbol, desde que tengo memoria. Acompañábamos a mi papá al coliseo, pero en la tarde él o mi mamá nos llevaban a la cancha.

Desde pequeño los entrenadores lo ponían de central por su estatura. ¿Nunca probó otra posición?

Siempre por la estatura me ponían de central. Ahí empecé y me gustó la posición. En el colegio jugaba de medio o delantero, pero de resto siempre jugué de central (risas).

Su primer equipo en Barranquilla es Niños Unidos. Después va a Tiburones y luego Real Caribe. ¿Nunca tuvo la oportunidad de probarse en el Junior?

No, porque Tiburones era una de las mejores escuelas de Barranquilla. Era una escuela muy fuerte, entonces no me llamaba la atención jugar en el Junior. Participaba en torneos nacionales como el ASEFAL o el Inter-Cali.

Pero, ¿usted era hincha del Junior en ese entonces?

Sí, de niño sí. Pero después pase al Real Caribe porque ahí pasa toda la base de Tiburones. Entonces era casi lo mismo. No tenía mucho que envidiarle al Junior.

¿Por qué se viene a Bogotá? Hay un cuento ahí con Agustín Julio, ¿no?

Sí. Yo me gradué a los 16 años y el año siguiente me dediqué sólo a jugar. Eso fue en 2008. En ese momento tuve la oportunidad de venir a Bogotá con unas primas que también son primas de Julio. Una de ellas me decía que viniera y la ayudara, pero yo le decía que lo mío es el fútbol. Ella me dijo que si venía a Bogotá me ayudaba con Agustín. Yo acepté y vine en 2008. Pase 6 meses entrenando sólo y en 2009 tuve la oportunidad. Gracias a él me probaron.

A los 18 años jugó en la B con Juventud Girardot, primero bajo el mando de Oscar Juárez y después de Wilson Gutiérrez. ¿Cómo le fue en esa categoría?

Es fuerte. Pero ahora que lo veo soy muy agradecido. En ese momento tenía 18 años y eso me ayudó a crecer como persona, a valorar todas las cosas que allá nos faltaban. Las comodidades no eran las mejores. Por ejemplo, viajábamos en bus de 20 a 25 horas. Pero más allá de eso, la B son ganas de mostrarse, de poder jugar en la A, de salir adelante. Allá no se ve el fútbol bonito, sino el de correr y meter. Ahora las cosas han mejorado en la B. En ese momento no pagaban; mejor dicho, nunca nos pagaron. Pero siempre nos reconocían algo. Teníamos vivienda, los servicios, un convenio con un restaurante y un gimnasio. El pago era como lo único que faltaba (risas). Pero ellos de pronto nos reconocían algo y con eso uno se acomodaba para las cosas de aseo.

Ahora, pasando al tema de los técnicos, ¿qué recuerda de Boyacá?

El profe me parece muy bueno, le gusta trabajar mucho. Es un excelente técnico que, como persona, siempre nos aconsejó. Él fue muy importante en ese momento porque le devolvió la confianza al equipo y nos apoyó a los jóvenes.

¿Y de Wilson?

El profe es una persona humilde, trabajadora y callada. Nos respaldó, nos dio la confianza y nosotros respondimos, siempre tratando de hacer lo mejor. Así se logró un titulo después de mucho tiempo. Y eso nos marcó a todos.

También estuvo con Gustavo Costas.

Creo que la clave de él estuvo en la confianza que le brinda a todos los jugadores. El manejo de grupo que tiene es excelente y creo que por eso ha sido ganador. Conmigo se portó muy bien, me respaldó en todos los aspectos dentro y fuera de la cancha. Él siempre decía que tratara de trabajar, que él sabía que yo tenía muchas condiciones. Que yo era uno de los mejores centrales que había tenido. De él aprendí a respaldar a los compañeros en todo momento.

Su mujer dice que usted no siente nervios antes de los partidos, ¿es cierto?

Pues mi mujer se pregunta yo por qué no siento nervios. A mí me da medio cosas que a ella no. A ella le gusta ir a parques extremos y a mí no me gusta eso. Eso sí que me da miedo. Pero antes de los partidos no.

¿Antes de los partidos tiene cábalas?

Pues… (risas)… de cábalas, normalmente siempre hago lo mismo. Cuando voy a jugar me levanto tarde, tomo 3 o 4 Gatorades y no desayuno sino que almuerzo. Tengo otra que hace dos partidos no hago, que es darle un chicle a Omar y después comerme uno yo. Siempre oigo vallenato y limpio mis guayos. Desde que debuté los limpio con vaselina, sea el guayo que sea.

Usted siempre ha dicho que su ídolo es Iván Ramiro Córdoba, ¿por qué?

Por su forma de jugar. Él fue uno de los mejores centrales que vi y a pesar de su estatura iba bien arriba. Era muy rápido a la hora de cerrar y esa era una de las cosas que más me llamaba la atención de su juego. Mi sueño de niño era jugar en el Inter, por Iván Ramiro.

Siguiendo con los centrales, ¿qué aprendió de personas como Centurión?

‘Centu’ es una gran persona a quien le aprendí mucho. Él se hidrataba antes de los partidos y eso lo aprendí de él. También hablaba mucho en el terreno.

¿Y usted también es de hablar?

Sí, me gusta hablar mucho para mantener un orden.

¿Y qué aprendió de Valdés?

Más que todo los movimientos y la toma de decisiones. Dónde pararse y en qué momento cerrar.

¿Cuál ha sido su peor partido con Santa Fe, ese en el que usted sentía que nada le salía?

El semestre pasado cuando jugamos con Atlas acá. Ese día ganamos 3-1, pero me sentí muy mal, me sentía incómodo. Yo veía que no podía cerrar, no podía con las piernas, arriba me ganaban, abajo también. Ese partido todo me salió mal; personalmente no me sentí bien.

¿Y el mejor?

Partidos buenos he tenido varios. El día contra Estudiantes me sentí muy bien.

¿Qué jugador recuerda al que le costó mucho marcar?

Ha habido varios. Bacca, de Junior, y Duque, de Nacional. Teo también ha sido uno de esos jugadores difíciles. Había que estar muy pilas con ellos.

¿Cuál ha sido el estadio más difícil en el que jugó?

El de Atlético Mineiro. Sobre todo porque la cancha es muy rápida y comunicarse es muy difícil, no se oye. Era complicado oír cuando me hablaban o gritarle al compañero que lo estaban apretando.

Esa vez enfrentó a Ronaldinho, ¿le pidió la camiseta, o no las colecciona?

Sí, las colecciono. En ese partido no conseguí la de Ronaldinho, pero de ellos tengo dos: la de Jo y la de Leo Silva.

¿Y cómo le gusta jugar al fútbol a Francisco Meza?

Aquí en Santa Fe hemos tratado de jugar un buen fútbol, saliendo desde atrás con la pelota al piso. Pero también sabemos que corremos un riesgo y tratamos de hacer lo que sea más seguro. En el momento en que no se puede jugar toca despejar largo, no regalar nada. Y a la hora de defender lo hacemos todos.

Francisco Meza, el ídolo silencioso. Vive el fútbol a su manera, con tranquilidad. Esta temporada con Pelusso, demostró que no importa quién venga a sentarse en el banquillo cardenal: él siempre será la primera opción para proteger el arco de Independiente Santa Fe. Frente a Luqueño, y a través de toda la temporada, demostró con sobriedad por qué se ganó un puesto en la Selección Colombia. Y ahí va: en silencio, a punta de cierres, goles y quites, ganándose un espacio en este mundo tan ruidoso, como lo es el del fútbol.

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