Un futbolista se forma a partir de sus condiciones intrínsecas, y eso incluye, por supuesto, tanto cualidades como defectos. Con el tiempo el jugador se va dando cuenta de fuertes y limitaciones, de lo que puede y lo que no puede hacer; y así, durante su desarrollo, va moldeando su perfil hacia sus áreas fuertes, usándolas fluidamente como pilares para alejarse de la fragilidad. Como mármol bajo cincel. Pero, ¿qué sucede con el futbolista que no exhibe debilidades claras? ¿Cómo se orienta un potencial sin obvia limitación? El caso de Guillermo Celis ha sido así: complejo. El sincelejano debutó en Junior en el 2013 con 20 años bajo el mando de Miguel Ángel ‘El Zurdo’ López, y plasmó un primer semestre despampanante con despliegues físicos y técnicos impropios para un futbolista de su edad. Pero aquel éxito duro poco, particularmente porque Celis no sabía jugar. Julio Comesaña, quien remplazó al ‘Zurdo’, jamás confió en Celis que sabía correr pero no pararse. Nunca encontró dónde ponerlo a jugar. Y Guillermo, por un momento, se estancó.

Celis era un mediocentro muy desordenado

Celis llegó al fútbol con todo. Malacostumbrado quizá. Rápido, coherente, templado, técnico tanto como para el pase corto, como para el robo y el control. Así, jamás tuvo que encasillarse, organizarse o compensar. A la hora de competir, sin embargo, se fue dando cuenta que no se conocía: no tenía para ser extremo, no sabía ser mediocentro, y muchos no lo querían como ‘box-to-box’. Era un jugador capaz de todo pero adepto para nada y, por ende, un activo de poco uso para muchos entrenadores. Por fortuna, aquello mismo lo convertía también en un proyecto hermoso para Alexis Mendoza.

Bajo el mando del técnico barranquillero, Celis ha alcanzado un estado elevado. No un nirvana, pero seguramente alguna etapa en el camino. Alexis reconoció su potencial desde su llegada a Junior, e intentó utilizarlo en varias posiciones, decantándose finalmente por aquella que minimizaría su número de llegadas al arco pero maximizaría su nivel de responsabilidad. Más de medio año le tomó a Mendoza entrenar a Celis para jugar como mediocentro, pero los frutos han pagado. Guillermo aprendió a medirse en las salidas; a pausar tras el robo. Aprendió que ‘toco y me quedo’ también es válido y la diferencia entre un doble pivote equitativo y uno con alturas escalonadas. Así, precisamente, y jugando más que nada como primer mediocentro, Celis se ha convertido en un ícono del proyecto juniorista, funcionando como principal eje para el reciclaje de la pelota y proporcionándole libertad posicional a la pieza más importante, hoy por hoy, del equipo: Gustavo Cuéllar.

Celis y Cuéllar se complementan muy bien

Y de cara a los cuadrangulares, ¿puede marcar diferencias Celis? Absolutamente. Las cualidades ante mencionadas, yuxtapuestas a la renovación de su entendimiento táctico, colocan a Celis entre los escalones más altos del mediocampo del Fútbol Profesional Colombiano. Y esto, para Junior, significa más de lo que implica inicialmente. El cuadro rojiblanco cuenta con una línea de mediapuntas que, a pesar de no ser buena para administrar el control de la pelota, está entre los mejores del país. Por lo tanto, tanto las anticipaciones y entradas de Celis, como su capacidad para encontrar el pase corto desde casi cualquier contexto, son esenciales para el equipo y de un grado superior al del promedio en el torneo local. Celis todavía no cuenta con gran posicionamiento sin balón, falla a veces al orientarse, y puede llegar a perderse si Alexis prefiere dividir el centro del campo equitativamente entre él y Cuéllar sobre la transición defensiva, en vez de amarrarlo completamente frente a la defensa. No obstante, la misma extensión de sus virtudes que le ha generado tantos lapsos en desarrollo, aparece a menudo tras esas falencias para brindarle otra oportunidad.

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